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sábado 14 de junio de 2008

La Primera República Española o la locura del desgobierno.

Cantonalismos de ayer, hoy y siempre...
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El primer experimento republicano de la historia de España, terminó casi tan mal como el segundo.
Suele ser recordado en los libros de historia como ejemplo de inestabilidad institucional, gobiernos breves e ineficaces y sobre todo, por el intento de organización federal del Estado que devino en atomización cantonal y posterior espiral revolucionaria. Hoy quiero recordar lo tragicómico de aquellos episodios de nuestra historia y su reverberación en el tiempo. Episodios que de seguro moverían a hilaridad por lo que tienen de grotesco y cómico, de no haber implicado desórdenes, linchamientos, ajustes de cuentas, robos, latrocinios y las bases de posteriores calamidades históricas.

En 1870, llega a España Amadeo de Saboya, hombre voluntarioso al que le había sido ofrecido el trono tras la gloriosa del 68 y la caída de Isabel II. Por desgracia, el atentado anarquista que costó la vida a Prim, su principal paladín y árbitro ante las familias del arco ideológico, fue un mal presagio para su reinado y anticipó la demencia en que el país habría de sumirse en los años siguientes. Los intereses divergentes de esas familias ideológicas y su incapacidad para llegar a acuerdos, hicieron ingobernable al país y desesperaron al Rey, que tomó el camino de vuelta a Italia echando pestes de los españoles.

La abdicación de Amadeo desembocó por la fuerza de los acontecimientos en el advenimiento de la Primera República Española, un régimen nacido como solución de urgencia al punto muerto en que se encontraba la vida política. Nace la República con el germen de su propia muerte: la ilegalidad que suponía su votación por las dos cámaras de representantes en sesión única y conjunta, extremo que desbordaba la entonces vigente constitución de 1869. No era aquel un buen comienzo, pues no venía con arreglo a la legalidad e implicaba la deslegitimación del régimen a ojos de sus detractores, quienes no tardarían en empezar a conspirar contra él.

Colección de esperpentos de la Primera República.
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La dimisión de Figueras.
El primero de los cuatro presidentes que tuvo la república federal en menos de un año fue Estanislao Figueras, catalán progresista y luego demócrata que evolucionó políticamente hacia el republicanismo federal.
La gestión de Figueras, quien ostentó el poder ejecutivo entre febrero y Junio de 1873, se vio jalonada de graves acontecimientos que sumieron al país en la peor crisis política de su siglo, solo igualada quizás, por la “francesada” antes y el desastre del 98 después. Las tres “C” de la crisis, Cantonalismo, Carlismo y Cuba, desataron en España la peculiar tribulación de tener que librar tres guerras civiles de forma simultánea, al tiempo que las facciones en la corriente republicana se enfrentaban por un modelo constitucional que satisficiera a todos.

Tras cuatro meses de desencuentros entre republicanos unitarios y federalistas para la redacción de una Constitución, Figueras, hombre cabal y de rectas maneras, explotó a comienzos de Junio en un consejo de gobierno. Mientras los ministros parloteaban desordenadamente sin ponerse de acuerdo, cuentan que gritó en catalán: “Senyors, ja no puc més. Estic fins als collons de tots vostès!” sentencia de traducción innecesaria y que describe por sí sola el galimatías en el seno del propio gobierno. Al día siguiente, sin dar parte a nadie, escribió su carta de dimisión, la dejó sobre el escritorio y salió a dar una paseo por el parque del Retiro.
Sus compañeros de causa y partido, extrañados por la ausencia del presidente pudieron leer al cabo de dos días un telegrama con noticias de Figueras:
“Soy Figueras...“STOP”...estoy en París...”STOP“...llegué bien...”STOP“...saludos”
Su reprochable pero comprensible deserción, refleja el caos instalado en la recién nacida República Española y le equipara al rey Amadeo en su desesperación y huida ante la realidad de la España de entonces.

Pérez Galdós dedica uno de sus últimos Episodios Nacionales a retratar la España de la Primera República. Con una mezcla de humor y cinismo, el genial canario describe la fuga de Figueras: ”Don Estanislao Figueras, cogió el tren sin decir nada a nadie, y de un tirón se plantó en Francia. Inaudito suceso, caso de flagrante deserción que nadie pudo explicar en aquellos días. ¿Qué motivó esta fuga? ¿El hastío, el miedo, la convicción de la vacuidad bullanguera de las Constituyentes? Hasta pasadas veinticuatro horas no se tuvo noticia cierta de la fuga del que había sido figura eminente de la primera República española. Del estupor que sentí ante suceso tan grave, que era el mayor descrédito de la Causa, me puse malo. Al despedirme de mis amigos en la Tribuna de la Prensa, no podía tenerme en pie. Salí tambaleándome. A mi parecer bajé rodando, a gatas, o no sé cómo... Pensé que el aire de la calle me despejaría la cabeza; pero no fue así...”

Las elecciones constituyentes
Las elecciones constituyentes de mayo son un ejemplo de cómo la democracia mal entendida puede ser una bomba de relojería de consecuencias impredecibles. La participación no llegó a un tercio del cuerpo electoral y aunque su legitimidad legal quedó intacta, no así la representatividad de los comicios y de la Carta Magna que de ellos habría de salir. La victoria de los federalistas se dio en un marco de escasísima participación en la que se mantuvieron al margen el resto de fuerzas políticas y sociales: Monárquicos Carlistas, entonces en guerra y pronto con su propia corte capitalina en Estella; monárquicos Alfonsinos que conspiraban a favor de la Restauración borbónica con Cánovas a la cabeza; la izquierda obrera que empezaba a descollar a instancias de la AIT; y los republicanos unitarios que habían instigado un golpe de Estado contra Figueras barruntándose el inminente caos del cantonalismo.

El cantón de Jumilla
La nueva constitución, que nunca llegó a ser redactada en su totalidad, preveía una organización federal a la manera de los EE UU. España quedaría articulada en 17 Estados autónomos con su propio poder ejecutivo, legislativo y judicial, que cederían parte de su soberanía al poder central de la República en la representación de los intereses nacionales.

Sin embargo, antes de que la Carta Magna hubiese sido concluida, la revolución cantonalista se extendió como un reguero de pólvora. No en los 17 estados regionales históricos, como estaba siendo debatido, sino en una pléyade de cantones locales independientes y minúsculos; entre ellos las “naciones” de Valencia, Alcoy, Cartagena, Sevilla... y la más pintoresca y efímera, la nación de Jumilla cuyo manifiesto fundacional no me resisto a incluir:

“La nación jumillana desea vivir en paz con todas las naciones vecinas y, sobre todo, con la nación murciana, su vecina; pero si la nación murciana, su vecina, se atreve a desconocer su autonomía y a traspasar sus fronteras, Jumilla se defenderá, como los héroes del Dos de Mayo, y triunfará en la demanda, resuelta completamente a llegar, en sus justísimos desquites, hasta Murcia, y a no dejar en Murcia piedra sobre piedra.”

“Castillo San Julián enarbola bandera turca”
El esperpento cantonalista deja de tener un matiz risible cuando los insurrectos cuentan con recursos para ejercer la fuerza y la extorsión como en el caso de Cartagena y de su líder local, el afable Antonete Gálvez.

La enseña bermellona erigida por los cantonales cartageneros, motivó otra de tantas anécdotas tragicómicas de aquel verano de las taifas. Al triunfo de la insurrección, en medio del caos y la confusión propia del momento, un despacho de la capitanía llegó al Ministerio de Marina informando de una singular noticia en una de las fortalezas de la base naval: “Castillo San Julián enarbola bandera turca”. Esto llevó al ministro a preguntarse si se habían vuelto todos locos en Cartagena, lo que efectivamente había pasado en la milenaria ciudad y en media España.
Cartagena contaba con el arsenal y la flota, lo que le permitió mantener su bandera roja cantonal en el castillo de San Julián además de saquear las “naciones” vecinas de Almería y Alicante. Gálvez resistió el asedio de las fuerzas “centralistas” hasta enero del año siguiente 1874, cuando el general Martínez Campos redujo la ciudad a escombros.

El régimen federalista, incapaz de contener los frentes que tenía abiertos en el norte carlista, el sur y levante cantonal, y en las colonias del caribe cedió el testigo a los unitarios, partidarios de una República centralista. El general Serrano la gobernó mediante decretos como candidato de consenso entre todas las familias políticas en una suerte de dictadura personal. Fue sucedido por Sagasta en Septiembre, quien vio con buenos ojos el pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto, que trajo la restauración alfonsina y puso punto final a la malhadada Primera República.

Uno de los aspectos positivos de la charlotada republicana de 1873, fue la voluntad de los federalistas por acometer la vertebración del Estado, asignatura pendiente y enfermedad crónica de la vieja España. Lamentablemente el proyecto fracasó por la corrupción intelectual de la idea federalista, convertida en el cantonalismo ultralocal instigado por los caciques. En su interés por reforzar su poder en estos modernos "feudos", no calcularon que la idea se volvería en su contra, en forma de revolución social e innumerables desórdenes de los que fueron víctima sus vidas y haciendas.

El debate sobre el federalismo y la vertebración viable del Estado sigue en plena vigencia hoy día, con las tristes barreras y desencuentros que se levantan en la España de las Autonomías como telón de fondo. En la España de hoy felizmente, la “Nación de Jumilla” parece haber abandonado su resuelta amenaza de no dejar piedra sobre piedra de la “nación murciana”, lo que es de agradecer y un avance en la vertebración de la nación.
La sátira ridícula del cantón alecciona contra el ultralocalismo, mientras que un análisis del federalismo equilibrado y bien entendido, ayuda a curar el centralismo hermético y prevenir desencuentros. Ambos males, ultralocalismo y centralismo, encuentran en este episodio de nuestra historia argumentos de reflexión y motivos de sonrojo.
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Cantonalismos de ayer, hoy y siempre...
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Marcos A. Díaz

sábado 31 de mayo de 2008

El referéndum vasco, una caja de Pandora “à la québécoise “

¿Quiere usted la Independencia?: " " o "Todavía No".
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"El guiño de Patxi López al electorado nacionalista no será eficaz.
Como en Canadá, sólo será una barra libre para los referéndums independentistas, sin la certeza de ganarlos y, lo que es peor, sin la certeza de que si lo gana signifique un punto final."
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Las noticias del País Vasco, apuntan a que Juan José Ibarretxe está resuelto a persistir en su enésimo órdago al Estado de derecho y en rebasar la Constitución con un referéndum de autodeterminación ilegal. La sociedad vasca ahonda en su división con las ocurrencias del Lendakari y al fondo de la imagen, una figura embutida en un pasamontañas presencia la escena a la espera y sin inmutarse.

Ibarretxe convoca su referéndum soberanista al que él llama “consulta sobre el derecho a decidir de los vascos”, tan sólo tres años después de que su anterior plan tropezara en la cámara de Madrid. El hundimiento que su formación sufrió el 9M, y la inminencia de las elecciones vascas le llevan por este camino, en el que pretende salvar los muebles y, tras el previsible rechazo, presentarse ante su electorado con un nuevo atropello del estado español a las “legítimas aspiraciones vascas” de las que él dice ser paladín.

Patxi López, líder del PSE afirma no tenerle miedo a la palabra nacionalidad y está dispuesto a ser él quien, en caso de ganar los comicios autonómicos, convoque un referéndum “con todas las consecuencias”, eso sí, dentro de la Constitución. Veremos qué sale de todo ello, y si el PSE es capaz de recoger al electorado descontento del PNV, sin traicionar sus esencias españolistas por un puñado de votos.
La cúpula de ERC, por su lado, espera conmemorar el tercer centenario del fin de la guerra de sucesión en el 2014 con un referéndum de independencia para la Cataluña del Estatut, extremo que ha expresado públicamente el todavía líder de la formación Carod-Rovira.

Por lo visto el referéndum, es la estación término de todo conflicto ideológico relacionado con las identidades. Pero ¿qué ocurre tras el recuento de las papeletas?
¿Cuáles son las consecuencias de un referéndum de autodeterminación, ya sea éste una consulta descafeinada y con sacarina o un Referéndum de independencia doble on-the-rocks y con mayúsculas? Si gana el SI, la secesión. ¿Y si gana el NO? ¿Acaso la pacificación, la normalización?

“¿Quiere, o no quiere usted que nos separemos del Canadá y seamos independientes?”
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No siempre discurren las secesiones por la senda de la revolución, los levantamientos populares o el enfrentamiento armado a la yugoslava. Por el contrario, los cambios legales encubiertos, el pronunciamiento a favor de exiguas mayorías sociales en referéndums y finalmente el reconocimiento diplomático internacional del estadito recién nacido, son los que constituyen la vía para los nacionalismos irredentos que todavía existen e insisten hoy día.

Canadá, es un país del primer mundo, gobernado por una clase política seria, orgulloso miembro del G8, el exclusivo club de los países más ricos e industrializados, dotado de un excelente sistema educativo y con un envidiable Estado del bienestar. Sin embargo, la amenaza periódica de secesión por parte de la provincia francófona del Quebec se manifiesta desde hace 40 años en forma de referéndum separatista, al menos una vez por generación. Es una ley histórica en los nacionalistas quebequeses que persisten en su proyecto, aún cuando las urnas les quitan la razón.
El “SI” en el referéndum significa la ruptura, pero el “NO”, no implica la renuncia al propósito soberanista, todo lo contrario. Lo habitual es reformular la pregunta y la consulta al cabo de quince años. Desde la revolución tranquila de los años sesenta el Quebec ha experimentado tres consultas en las que la independencia ha sido rechazada siempre aunque con distintos grados de contundencia.

El referéndum de 1980 registró la derrota de las tesis nacionalistas de René Levesque pero no el fin de las veleidades de su causa. El líder de los nacionalistas, una vez confirmado el resultado compareció en Montreal ante su parroquia, y con gesto resignado afirmó: “Si os he comprendido bien, me habéis dicho que la próxima vez será”. Se abría la puerta a una nueva cita con las urnas, a la que no hubo que esperar mucho.

Todo canadiense en edad adulta recuerda dónde estaba el 30 de octubre de 1995 y lo que hacía aquella fría noche de otoño boreal, fecha del segundo referéndum de independencia en 15 años. Canadá se jugaba su existencia como nación una vez más.
A última hora de la tarde, tras el lento recuento, la comisión electoral leía el escrutinio de las urnas. El resultado no podía ser más apretado: non 50,59% oui 49,41%, con una participación del 95% del censo (incluidas las comunidades indias del Gran Norte). El margen fue tan estrecho que el voto nulo podría haber decantado fácilmente la balanza por el “sí” pues siendo ínfimo, era mayor que la diferencia entre las dos opciones.
Jacques Parizeau, el entonces "lendakari" quebequés y principal diseñador del referéndum dejaba la política enojadísimo, echando la culpa de la derrota a los inmigrantes.

El primer ministro del Canadá Jean Chrétien, francófono y quebequés, federalista y defensor de un Canadá unido ganó por la mínima. Él no pasaría a la historia como el jefe de gobierno que certificó el fin de su país, algo que íntimamente le obsesionaba. Al igual que él toda la nación desde Terranova al Pacífico respiró aliviada... por el momento.

Lugar común de estos procesos es la polémica en la redacción de la cuestión sometida a consulta. Suele ser una frase ininteligible e interminable, como la de Ibarretxe, escrita en la papeleta con el fin de dulcificar con eufemismos lo que significaba claramente la ruptura del país como una unidad política y económica de impredecibles consecuencias.

De ningún modo el PNV ni todo el espectro nacionalista vasco o catalán, cejarían en sus pretensiones en caso de arrancar un referéndum de Madrid y perderlo a continuación. Seguirían una vez y otra hasta lograr sus objetivos, dado que en su lógica particular sólo necesitan una victoria en las urnas, mientras que para las causas unionistas mil victorias nunca son suficientes.

El guiño de Patxi al electorado nacionalista no será eficaz si finalmente reúne las condiciones para llevarlo a cabo. Sólo servirá para abrir la barra libre de los referéndums independentistas, sin la certeza de ganarlo y lo que es peor, sin la certeza de que si lo gana signifique un punto final para la hidra secesionista.

Siempre habrá un Ibarretxe o un Carod, un Levesque o un Parizeau que lejos de aceptar que sus conciudadanos quieran seguir viviendo en unidad con los demás se asomen al estrado y digan
“...la próxima vez será...”

Marcos A. Díaz

sábado 24 de mayo de 2008

De la gerontocracia y las virtudes del político veterano.

Gerencias y gerontes.
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El senador McCain, candidato republicano a las elecciones presidenciales norteamericanas, está plenamente recuperado de su cáncer de piel y goza de excelente salud según el parte divulgado por su equipo médico. Los asesores de su campaña creen que la avanzada edad del senador, que llegará a las elecciones con 72 años cumplidos, puede ser un arma para el adversario demócrata que le caiga en suerte en su carrera hacia la Casa Blanca.

En España, Soraya Sáenz de 36 años, sustituyó el mes pasado a Eduardo Zaplana de 52, como portavoz popular en el Congreso. Los partidarios de la una y detractores del otro aducían su “juventud, dinamismo y frescura” como un activo, que enseguida contrastaban con el amortizado historial en la política del ex-alcalde de Benidorm.

La reciente retirada de la vida pública de otros veteranos de 50 años y el nombramiento de jóvenes bisoños en altos cargos de responsabilidad política, incluido un ministerio, ha suscitado la cuestión de la edad óptima en la arena política, más allá de la idoneidad particular de los salientes y de los entrantes, aspecto del que no hablaremos hoy.

¿Es la edad de los políticos un lastre, o al contrario, supone un barniz de respetabilidad y un valor añadido?
¿Cuál es la edad óptima de fertilidad política de los hombres y mujeres de Estado?
¿Son caducas y amortizadas personas apenas en la cincuentena?¿Son necesariamente ventajas en la gestión política las que otorgan tener 31 años?

No se trata sólo de la experiencia acumulada o de su carencia. Es una cuestión de autoridad moral.
Los pueblos de la antigüedad clásica creían que la edad no sólo traía la experiencia necesaria para ostentar las altas magistraturas del Estado. Pensaban además, que el anciano era más digno de confianza moral en el desempeño del mando, pues antes gobernaría con arreglo al patriotismo y los ideales un viejo rondado por la parca y con poco que ganar, que un joven, más predispuesto a hacerlo por ambición personal e intereses inmediatos.

Los romanos creían en el Cursus Honorum, requisito obligatorio para el ascenso en la carrera política y que exigía el desempeño de los escalafones inferiores de la función pública y una edad mínima para su nombramiento. En la Roma republicana era condición indispensable para llegar a Cónsul, haber pasado antes por las magistraturas previas de Cuestor, Edil y Pretor y tener al menos 42 años de edad para los plebeyos y 40 en el caso de los patricios.

El aumento de la esperanza de vida ha sido muy notable desde la antigüedad, y la frontera entre la madurez y la senectud se ha diferido en el reloj biológico humano. Parece pues, un dispendio innecesario de talento, la marginación de los políticos maduros cuando se encuentran en el apogeo de su vida intelectual. Aún más cuando invocando la juventud, en nombre de la renovación, solo se esconden las intrigas palaciegas de cada partido político y los intereses de sus facciones, o lo que es peor, el diseño por y para las reglas del marketing de políticos-estrella mediáticos, de ojos azules, voz abaritonada y telegenia en almíbar.

La fragilidad y finitud de la naturaleza humana son inexorables. Sin embargo los distintos grados de resistencia que cada sujeto manifiesta frente a ellas, definen igual que el talento y la capacidad, dónde están los límites de la retirada de la vida política.

Si el senador McCain gana las elecciones, será el más longevo presidente que hayan tenido los EE UU. La sociología y las urnas dirán en el futuro si sus canas le ayudaron o no en el camino. En el pasado, sin embargo, no había duda al respecto: cuando un anciano senador romano se dirigía a la cámara o un patriarca bíblico tomaba la palabra en su asamblea, los jóvenes callaban y escuchaban.

Y es que más sabe el diablo por viejo... que por diablo.
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Marcos A. Díaz.

lunes 17 de marzo de 2008

Argüelles “El Divino”, un liberal asturiano en las cortes de Cádiz.

... ¡Viva "la Pepa"!...
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Una de las más hermosas estancias del Congreso de los diputados, es el salón de los pasos perdidos. Por él transitan los diputados para sus ruedas de prensa y meditan los exordios camino de la sala de sesiones. Allí en una de sus cuatro esquinas, bajo el polvo de la Historia y la indiferencia de los padres conscriptos, dormita el busto de un ilustre orador y político, asturiano de origen y españolísimo de corazón.
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Agustín de Argüelles, riosellano de verbo ágil y patriota liberal, fue uno de los padres constituyentes de Cádiz que en 1812 abrieron la ventana de la edad contemporánea en nuestro país. Dotaron a España, por vez primera, de una Constitución, en que se reconocía al pueblo y no a la monarquía, como sujeto de la soberanía nacional. Tal es, su no siempre reconocida importancia histórica y la magna aportación de nuestro ilustre paisano.
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Apodado “El Divino” por su elocuencia y facundia, destacó desde joven por su destreza en el uso de la palabra, y el dominio de varios idiomas. Entre ellos figuraban las lenguas clásicas, el italiano, el inglés y el francés, idioma que aprendió de un clérigo galo huido de la revolución y refugiado en su casa de Ribadesella. Sus estudios de leyes en la Universidad de Oviedo y la cercanía con el gijonés Jovellanos le orientaron en un principio por la carrera diplomática, pero por azares de su juventud acabó en la Real Caja de Amortizaciones, y en Inglaterra. Allí en 1806, negocia infructuosamente una paz con los ingleses en representación de la Caja y la Corona, y allí le sorprende la invasión napoleónica de 1808, el levantamiento del dos de mayo y la Historia.
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La Junta de defensa de Asturias es la primera de toda España en organizarse y enviar representantes al extranjero en busca de ayuda contra el francés. Una delegación en la que estaba presente el Conde de Toreno, amigo de Argüelles, desembarca en Inglaterra y con su ayuda y contactos consiguen la adhesión británica a la causa de la Independencia. La isla se convirtió entonces en el destino de todas las juntas provinciales de defensa y “El Divino” adquirió una relevancia a los ojos de sus compatriotas que supo aprovechar a su regreso.
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Siendo Cádiz el último reducto libre de una España resistente, las cortes se reúnen en la milenaria ciudad y Argüelles, de 34 años, es nombrado diputado por Asturias. En la redacción de “La Pepa”, su papel es primordial en lo relativo a libertad de imprenta, la abolición de la censura previa y de la esclavitud, el libre mercado y la fisiocracia del “laissez faire”, ámbitos en los que su temperamento liberal y hábil discurso levantaron encendidas ovaciones de sus partidarios.
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Terminada la guerra, el rey traidor Fernando VII, reprime a los liberales y el riosellano, en pago a su esfuerzo y patriotismo, acaba en una prisión en Mallorca donde su salud queda seriamente mermada. El golpe de Riego restablece la constitución de Cádiz en 1820 y Argüelles es rehabilitado y nombrado Ministro de la Gobernación. Gestiona con prudencia olvidando las traiciones del pasado y evitando entrar en conspiración alguna. Sin embargo, la invasión de los cien mil hijos de San Luis, pone fin al trienio liberal y una condena a muerte le obliga a exiliarse en Inglaterra, donde vivirá 10 años de privaciones.
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Tras la muerte del felón, se amnistía a parte de los liberales exiliados, pero Argüelles como muestra de lealtad a su partido, decide no acogerse a ella en tanto en cuanto no se haga extensiva a todos sus colegas. Esta llegará cuando la regente Maria Cristina firma el Estatuto Real de 1834 y el asturiano regresa a su país.
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En su última década de vida apoyará la desamortización de su hermano masón Mendizábal y colaborará en la redacción de la constitución de 1837, liberal pero descafeinada a sus ojos. Su última gran responsabilidad política es la de presidente de las cortes y la tutoría legal de la niña reina Isabel II hasta su mayoría de edad.
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La prensa de la época lamentaba la muerte del hombre y del estadista, haciendo hincapié en que “ha muerto a pesar de sus dignidades, poco menos que en la indigencia, sin honores, títulos ni condecoraciones, aunque apreciado y venerado de sus mismos émulos y contrarios.” El pueblo de Madrid acompañó al cortejo fúnebre como señal de respeto y gratitud y sus restos reposan hoy en el Panteón de Hombres Ilustres.
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Argüelles es un político que pertenece a otra época. Una época convulsa llena de cambios para España y el mundo. Una época en la que la vida pública era elegida por algunos, no por ambición, renombre y oropel, sino por sentido del deber y patriotismo. En vísperas del aniversario de "La Pepa”, vaya este recuerdo a uno de sus padres, el asturiano y español Argüelles.

Marcos A. Díaz

jueves 6 de marzo de 2008

Gabinete bicolor en estilo naif


Todos los sondeos indican que las elecciones del próximo domingo 9 de Marzo de 2008, registrarán un virtual empate entre PSOE y PP las dos fuerzas mayoritarias representadas en el parlamento. Tras el cañoneo de los dos debates televisados, en los que ambos candidatos intercambiaron y encajaron proyectiles con más o menos puntería, el resultado es incierto y cualquiera de los dos partidos podría obtener la victoria. Sea cual sea el resultado y el estrecho margen que les separe, es seguro que ambos perderán si siguen hipotecados por la aritmética parlamentaria y los partidos bisagra que no forman ni quieren formar parte del equipo y el proyecto común. Estas minorías nacionalistas se limitan a ser los palmeros de quien obtiene la victoria y a conceder sus apoyos mientras puedan obtener algo para la parte en detrimento del todo. Pensar que esas fuerzas políticas y los sectores a los que representan pueden ser un apoyo estable y duradero más allá de la coyuntura del momento es un error de peso.
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Antes debe entenderse la derecha con la izquierda, el PSOE con el PP, los rojos con los azules porque debajo de los colores ambos son parte del mismo proyecto y entre ambos reúnen a la esencia de la nación. Cuánta alegría nace en el corazón de los enemigos de España cuando ven que los dos hermanos no se ponen de acuerdo en la gestión de la herencia y prefieren subastarla al mejor postor.

Los consensos primordiales que deben ser arreglados por los dos partidos mayoritarios tienen que estar garantizados por ley, pues es el futuro lo que las actuales prima donnas de la política son incapaces de negociar. Lo sustancial de la vertebración del estado, la educación, la despolitización de la Justicia, la sanidad, la política exterior más provechosa... ese espíritu de la transición que tanta prosperidad trajo y que se logró en una época mucho más convulsa que la actual.

Mis amigos españoles de Alemania, dicen que el alemán siempre toma las decisiones que afectan a su colectivo por riguroso consenso y negociación previa de las partes implicadas. Los equipos de trabajo de las empresas privadas pactan todos los detalles de cada proyecto hasta lo enervante, lo que suele consumir muchas energías y resta la imprescindible rapidez que exigen los mercados y la eficiencia. Sin embargo este rasgo tan germánico resulta una ventaja en la vida pública pues la torna constructiva y evita que cada gobierno haga tabla rasa de los caminos emprendidos por su predecesor. Este aspecto de la idiosincrasia alemana se demostró en los comicios federales de 2005 y las semanas posteriores, cuando quedó patente el grado de responsabilidad y sentido de Estado que puede llegar a tener su clase política.
Entonces, la derecha ganó a la izquierda por un punto porcentual y se plantearon varias combinaciones y pactos de gobierno. El “semáforo” reunía a socialdemócratas y verdes con liberales. La coalición “Jamaica”, englobaba a democristianos y liberales con verdes. Ambas posibilidades combinaban filosofías políticas antitéticas y en número de tres lo que era inédito en el panorama alemán. Las opciones naufragaron con el paso de los días arrojando al país a una terrible crisis de gobierno que duró mas de dos meses. Finalmente amigo lector, lo crea o no, la derecha y la izquierda pactaron un gabinete bicolor con ministros socialistas y democristianos presididos por la ganadora de las elecciones Angela Merkel.

Recuerdo haber escuchado la noticia del acuerdo en la radio del coche y que una mueca de pasmo me cambió la cara. Pensé inmediatamente, en lo imposible que sería en el panorama actual español y la diferencia entre unos políticos con sentido de Estado y unas vedettes mediáticas incapaces de dar su brazo a torcer y olvidar rencores y agravios.

No sé quien ganará el próximo domingo, pero si sé que una de las diferencias entre países democráticos consolidados y países de tebeo radica en la idea de equipo que tienen sus representantes políticos. Cuando un gabinete bicolor a la alemana deje de ser una ingenuidad en España... cuando los dos rivales salgan de sus trincheras y empiecen a mirarse a la cara sintiéndose parte del mismo equipo, entonces podremos hacer que este proyecto llamado España funcione.

Mientras tanto, y siempre... una de las dos Españas habrá de helarte el corazón.

Marcos A. Díaz

sábado 23 de febrero de 2008

El cine español y los héroes del dos de mayo.

¿Dónde estará el cine español por el dos de mayo?

Más cine por favor... pero que retrate la historia de España, corrija su desconocimiento en las nuevas generaciones y ayude a construir un futuro común, sobre el común pasado.

El cine se ha usado desde los comienzos del séptimo arte, como un recurso pedagógico capaz de mostrar al pueblo los episodios de su pasado como realidad histórica. Obras como “El nacimiento de una nación“ de D.W. Griffith o el “Napoleón” de Abel Gance enseñaron a franceses y americanos que el disfrute hedonista del arte y la pedagogía del patriotismo no son excluyentes.

¡Qué cine pueden llegar a hacer los franceses, cuando se trata de cantar las loas de “La grandeur”! Todos los recursos del estado y el talento de sus artistas se ponen al servicio de la nación y crean perlas que son a la vez bellas obras de arte y un justo reconocimiento a lo mejor de su pasado:

El joven rey Luís XIV, apenas adolescente, surge como un dios entre las chispas de las bengalas, elevado por una tramoya al escenario como el radiante Rey Sol. Los nobles de la corte danzan a su alrededor como los planetas en torno a Helios, mientras la música de Lully desvanece la visión de su rostro inexpresivo en una cadencia picarda. Las lágrimas de la reina madre caen serenas sobre sus mejillas al observar el majestuoso espectáculo del niño hecho Rey. Fundido en negro... No hablo de una cinta propagandística rancia sino de una producción de nuestra década realizada a mayor gloria de la nación que la ha de ver.

Clive Owen ha sido el rey Arturo. Christian Clavier, Napoleón. Hemos tenido a los héroes de “El Álamo” por duplicado y a Mel Gibson luchando contra los casacas rojas. Sin embargo, intento imaginarme a Antonio Banderas caracterizado como Hernán Cortés y no me nace. Quiero ver a Paz Vega entrando en Granada como Isabel “La Católica” y me falta imaginación. Daoiz y Velarde luchando contra los franceses en el parque de Monteleón con los rostros de Bardem y Moyá serían perfectos, pero no me consta que el proyecto llegue a tiempo para el bicentenario.

Al volver los ojos al cine español, sólo se encuentran los prejuicios de una casta subvencionada. Los complejos atenazan la iniciativa de nuestros cineastas cuando identifican el cine histórico con la propaganda franquista y el NO-DO. Algunos esperamos ver con interés el proyecto de José Luis Garci, financiado por la comunidad de Madrid y que retrata los hechos históricos del levantamiento de 1808, pero de seguro la gloriosa fecha habría de tener como tantas otras, más de un retrato y retratista. ¿Dónde está la gran película sobre la Reconquista? ¿Dónde una superproducción que narre la gesta de la conquista de México? ¿Las hazañas del Gran capitán en Italia? ¿La batalla de Covadonga? ¿Los Almogávares en Neopatria? ¿Lepanto? ¿Porqué no revisitar con los medios de la moderna tecnología las Navas de Tolosa? ... Todo el dinero del contribuyente que se marcha en llenar estómagos agradecidos estaría mejor empleado con un par de superproducciones históricas cada año. Con seguridad se amortizarían y podría entenderse su financiación como una obra de interés público, útil en el presente y en el futuro.

Las salas de cine se quedan vacías cuando se exhibe una cinta española. Los responsables del ministerio de cultura y los autoproclamados portavoces de la escena nacional se quejan de la competencia de las películas de Hollywood a las que identifican con el colonialismo cultural de la superpotencia. Demandan más apoyo institucional (esto es más dinero público y subvenciones), cuotas de pantalla y proteccionismo. Un consejo de humilde espectador desencantado: tengan la iniciativa de producir, dirigir e interpretar los capítulos imprescindibles de la historia nacional sin complejos ni corralitos ideológicos y a lo mejor me pienso lo de volver a ver cine español. Más cine por favor... pero menos bodrios de Arte y Ensayo y más retratos gloriosos de nuestra Historia, como hace toda nación que se respeta a sí misma.
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Marcos A. Díaz

miércoles 30 de enero de 2008

Alexis de Tocqueville: "Las aventuras de un francés en América”.

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Alexis de Tocqueville, reúne en torno a su figura el extraño honor de ser respetado, sesgado y malentendido por igual, en los dos focos de la revolución democrática contemporánea; Francia su patria, y los EE UU, el objeto de su estudio y dedicación. A su inquietud e intuición, debemos no solo el primer análisis serio de las instituciones políticas americanas, sino la lectura más preclara de los peligros ocultos que encierra una democracia.

Es sorprendente que el más constante demócrata e ilustre liberal de la edad contemporánea sea un noble de rancio abolengo. Un hombre cuyo apellido vio de cerca la hoja de la guillotina durante el Terror revolucionario, que escuchaba de niño las terribles historias de 1794 en boca de sus padres y que en lugar de asociar la democracia con el caos y los excesos cometidos en su nombre ha sido su principal codificador y fascinado admirador.

Muchos intérpretes antiliberales han querido exagerar el carácter aristocrático de Tocqueville, para caricaturizarle como un reaccionario retrógrado y un enemigo del progreso en sus avisos sobre el doble filo de la democracia.
Tocqueville, tras su histórico viaje a los EE UU de 1831 comprende que democracia y libertad son dos constantes cuya necesidad histórica es ineluctable y que se abren camino contra cualquier intento de reacción o restauración. El autor entiende al proceso iniciado con las Revoluciones del XVIII como fruto de una historia providencial contra la que no se puede hacer nada y trata por ello de estructurar ese proceso y darle forma. Supo además reconocer sus virtudes igual que las terribles amenazas despóticas que esconde, y contra las que previene a los hombres del presente.
Tocqueville es el primero en intuir la tiranía de la mayoría. Lo que él reprocha a los revolucionarios del 14 de Julio es haber arrancado de cuajo los valores de excelencia y compromiso político de la aristocracia, haciendo un daño irreparable a la libertad. Al hacer tabla rasa del “nobleza obliga”, de la independencia, del mérito como leitmotiv, y de ese hábito de libertad de pensamiento individual que las clases aristocráticas habían guardado bajo el absolutismo, la democracia puso en peligro la libertad y sepultó al individuo en la masa.

Filósofo, politólogo, sociólogo... quizás habría que tildarlo de profeta. ¿Quién sino un augur podía entrever en los años 30 del siglo XIX que aquel pequeño amasijo de estados e intereses divergentes habría de devenir la primera potencia mundial? ¿Quién excepto un visionario podría haber predicho que la pequeña nación agrícola y subsistente de los sueños aislacionistas de Jefferson, culminaría su expansión hasta el pacífico y libraría una cruenta guerra civil para desterrar la esclavitud?

Sus aciertos y exactitudes, vienen no tanto de sus dotes proféticas como de un frío análisis de los cambios políticos y sociales que la apenas estrenada edad contemporánea había llevado a Europa. El prisma americano le dota de una herramienta especial para observar a la democracia y distinguir sus miserias, como la mencionada tiranía de la mayoría, la presión de la masa y la peor de todas, la inhibición política.

Nos previene de esa inhibición política del “homo democraticus”, de su repliegue sobre la esfera privada y de la muerte de la sociedad civil que trae un nuevo despotismo peor que el del antiguo régimen. Alexis de Tocqueville liberal y demócrata, reconoció al Estado y al individuo como magnitudes inversas y que el uno no puede ahondar en su libertad y desarrollo sin que el otro retroceda y viceversa.

El bicentenario de su nacimiento en 2005 supuso la reactivación de los estudios tocquevilianos y un interés por su obra dentro y fuera de los círculos liberales. “De la democracia en América” es una obra indispensable que está por encima de las épocas y los países en que es leída. No solo es útil para estudiar a los EE UU como sujeto político singular, sino para comprender virtudes y defectos del que es “el menos malo de los regímenes políticos”, la democracia. Hoy, en el fragor de la campaña electoral a este y al otro lado del charco, recordamos que las ideas de Tocqueville resuenan casi dos siglos después de ser escritas con su vigencia intacta, sus acertados vaticinios y unos temores lanzados, a modo de advertencia, como una botella en el océano del tiempo.

© 2008, Marcos A. Díaz.

jueves 10 de enero de 2008

La Dama y el vagabundo.

Margaret Thatcher: el capitalismo del pueblo.
Artículo publicado en "Asturias Liberal" (10/1/08) y "Diario de América" (25/1/08)

Gordon Brown Primer Ministro laborista de Gran Bretaña, dice ser profundo admirador, pásmense, de la Dama de Hierro, Margaret Thatcher... El flamante PM se ve a sí mismo como un político de casta y convicciones “alla Thatcher”. Brown, está lejos hoy del bisoño parlamentario que fue en los 80 y que con tanta pasión criticaba sus políticas.

Algunos días después, ante la atónita mirada del país, recibe en el número 10 a la anciana baronesa, toman el té y departen amistosamente durante dos horas. El gesto del premier británico no es gratuito, pues aprovecha para meter el dedo en el ojo al actual líder de los conservadores David Cameron, impeliendo al partido rival a no dilapidar la herencia recibida del Thatcherismo.

Ya sean estos elogios reales o fingidos, sinceros cumplidos o lisonjas interesadas del menudeo político doméstico, el legado de la Dama de Hierro no debería ser ajeno a ningún estadista contemporáneo, británico o extranjero. Y bien, ¿cuál es la herencia olvidada del Thatcherismo que Brown reprocha a la oposición conservadora?

En política laboral y social, muchos recuerdan los 80 como un periodo convulso de huelgas y fractura social. El conflicto con los sindicatos mineros a raíz del cierre de pozos improductivos, es visto como una involución en los derechos de asociacionismo y huelga. Sin embargo las restricciones legales que el gabinete Thatcher impuso al poder omnímodo de los sindicatos, deben ser puestos en el contexto de la década y del permanente chantaje de los líderes sindicales al estado y a la clase trabajadora crítica con sus objetivos y métodos.
La propia Maggie resumía en una antigua entrevista las líneas maestras de su política.
Al ser preguntada si el thacherismo había dividido al país con sus draconianas medidas en el asusto de las minas, la primera ministro afirmó con la mirada clavada en los ojos de su entrevistador y un timbre de voz temperado, que la verdadera división del país había tenido lugar con los conflictos sindicales al final de la última legislatura de su predecesor laborista Callaghan. El movimiento sindical de entonces, en opinión de la premier Thatcher, estaba gobernado por líderes dictatoriales que usaban su poder contra sus propios compañeros obligándoles a ir a la huelga cuando no querían hacerlo. Ejercían la presión mediante piquetes y manifestaciones sobre empresas en las que jamás había existido problema alguno, hasta el punto de cerrar muchas de ellas en el más puro estilo mafioso.
Estas actuaciones reeditadas durante la huelga del carbón, planteaban un chantaje a la nación a través de la producción y abastecimiento de electricidad. En su estratégico sector los sindicatos huelguistas impedían que la energía necesaria llegase a la industria, poniendo en peligro los empleos de miles de trabajadores y la luz y calefacción necesaria para hogares y familias. En previsión de la larga guerra que se avecinaba, la astuta Margaret acumuló el suficiente stock de carbón para poder torcer el brazo al pulso sindicalista. Y se salió con la suya: las Trade Unions jamás volvieron a tener la misma influencia tras la derrota inflingida por la dama de hierro... tampoco Gran Bretaña volvería a ser la misma.

El liberalismo tory de la Thatcher resucitó a Inglaterra del estatismo hipertrofiado de los 70 que la había postrado como el “hombre enfermo” de Europa. Acometió la reactivación económica del país, a través de privatizaciones masivas de las telecomunicaciones, la electricidad, el gas, las líneas aéreas... pocos sectores estratégicos quedaron fuera de su fiebre privatizadora. Su proyecto explícito era entendido como una cruzada mundial en aras de una nueva forma de economía: El capitalismo del pueblo.
El capitalismo popular, supuso esa venta de las principales compañías estatales, con un triple objetivo: comprometer a las masas en la vida económica de la nación, una fuente de ingresos colosal para el erario público y la garantía de eficiencia en el funcionamiento de los servicios públicos. En los 11 años de su mandato, el thatcherismo elevó el porcentaje de británicos con participaciones bursátiles del 7 al 25%, algo que cambió la faz del país y convirtió al Reino Unido en una nación de pequeños accionistas y ahorradores. Estas son las fórmulas del éxito económico de los 90 y las rentas de la que aún sigue viviendo el Reino Unido. Esto es con estricta literalidad, llevar el poder al pueblo.

Ella creía fervientemente y cree aún en su senectud, que todo el mundo tiene el derecho a alcanzar la prosperidad para sí mismo y su familia trabajando honradamente y con esfuerzo. Las políticas conducentes a disminuir la carga impositiva fueron la consecuencia lógica y justa a una filosofía de estímulo al esfuerzo. (Abro paréntesis aquí para recordar que hoy, en algunos países, la cultura del esfuerzo ha desaparecido incluso de las escuelas, como un patético reflejo del mundo de los adultos).
Su política fiscal basada en la bajada de algunos impuestos y la supresión de otros ha sido emulada con gran éxito en muchos países, y ha quedado en los manuales como un recurso que confiere dinamismo y competitividad a cualquier economía.

Cuanto más ahonda uno sobre la gestión política de Margaret Thatcher, más fascinante parece su figura y mayor la maestría con que supo lidiar al periodo histórico que le tocó vivir. Una defensora del libre mercado y la libertad individual. Valladar frente al comunismo en un momento de la historia convulso e incierto. Una mujer en un mundo de hombres que devolvió la dignidad internacional a su país y sentó las bases de su actual prosperidad. Personaje del siglo XX imprescindible e irrepetible.

© 2008, Marcos A. Díaz


lunes 31 de diciembre de 2007

De la democracia en América… y del antiamericanismo en España

La libertad y la democracia en la anglosfera: "We, the people..."
Artículo publicado en "Asturias Liberal" (3/1/08) y "Diario de América" (5/1/08)
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El recelo del yanqui es y ha sido, un capítulo inexcusable de lo políticamente correcto para derechas e izquierdas. Una desconfianza visceral, irracional e ilimitada, fácil de instilar y denominador común a distintos sectores de la intelectualidad y la prensa, aun anterior al desastre del 98.

De acuerdo con el cliché, nada bueno pudo salir nunca de aquella tierra.
Antes, para la derecha tradicional de un siglo atrás, el americano era el protestante materialista, hijo histórico de la pérfida Albión y responsable del descuartizamiento del imperio. Hoy para la izquierda, es obeso e ignorante, arrogante e insolidario. Les creen ultrareligiosos, racistas, xenófobos... que resuelven sus problemas a tiro limpio como en una película del Far West. Un país en el que se va a la cárcel por el color de la piel y que castiga con penas desproporcionadas algunas conductas inocentes.
“Torturado en un aeropuerto americano”. “Muerto a la puerta de un hospital al no tener seguro médico”. “Ejecutado inocente en Texas” Así ilustran algunos ojos críticos la paja en el ojo ajeno y nunca la viga en el propio. Sobre una nación de 300 millones de habitantes pintan injustos titulares, sesgo y sinécdoque de la parte por el todo. La vieja Europa formada de estados hipertrofiados tiende a olvidar a menudo cuanto debe históricamente al Tío Sam. De no ser por él, de seguro nuestro nivel de alemán o ruso sería bastante mejor para nuestra desgracia.

Los valores democráticos que la civilización angloamericana ha sintetizado no solo no han de ser olvidados, sino que deberían invitar a la reflexión de políticos y ciudadanos en nuestro país y servirles como modelo. Soslayarlos convirtiendo el anecdotario y la leyenda urbana en ley, es un acto de injusticia histórica. Tanto más injusto cuanto que otros modelos alternativos de democracia llevan insertos el virus de su propia decadencia y más de una mancha totalitaria en el currículo.

De todos los estados que en el mundo han existido desde los remotos tiempos de Sumer, uno de los más peculiares en su nacimiento y trayectoria son los Estados Unidos de América. ¿Qué tiene de especial este país para que en 200 años jamás haya existido la más pequeña veleidad de totalitarismo en su suelo? ¿Qué tienen de particular para que durante más de 2 siglos hayan vivido con las mismas reglas del juego, y una constitución de vigencia ininterrumpida? ¿Qué hace estable a sus instituciones políticas frente a la convulsa historia de otras naciones llamadas occidentales y civilizadas? La respuesta es poco compleja: seguridad jurídica en el imperio de la ley y el respeto por la libertad individual.
A diferencia de otros países, los EE UU nacen directamente al mundo como una democracia de hombres libres, puesto que la búsqueda democrática es previa al nacimiento de la nación y forma parte de su propia identidad nacional.

La estabilidad de las instituciones americanas y la confianza que el pueblo tiene depositada en ellas es suficiente explicación para la lealtad patriótica que este les devuelve, y que tanto llama la atención al extranjero que viaja por sus pueblos.

La separación de poderes y la independencia de sus jueces garantizan la libertad de los ciudadanos frente a los abusos de poder del Estado, algo que no sucede desde siempre en la vieja Europa y menos en la viejísima España. La máxima de Montesquieu es, en realidad, un invento anglosajón y uno de los pilares fundacionales de la democracia americana.
Las raíces de este proceso son naturalmente más antiguas que la colonización del país y nacen del respeto inglés por la mencionada separación de poderes y la protección del individuo frente al estado: Más de 100 años antes de la revolución francesa Cromwell decapitó la cabeza de su rey ya cuando los reyes lo eran por la gracia de Dios y hacerlo significaba violar las más íntimas convicciones morales de su puritana conciencia. En esta remota época pesaba más el respeto a las libertades que el derecho divino. Se sabía en aquella lluviosa isla que ser justo es más importante que ser legal y que la democracia es mejor que la tiranía.

La dialéctica Individuo –Estado y la mera existencia de este último pasan siempre por garantizar la igualdad de los ciudadanos ante la ley. De esta manera el individuo compra mediante sus tributos al Estado un marco legal en que queden garantizados su vida y los bienes que ha ganado con su trabajo. Este es el genoma democrático y liberal de los pueblos de habla inglesa que impregna su historia política, y les es consustancial con indiferencia del continente y la latitud en la que viven.

Lejos de las ideas preconcebidas, y a pesar del lugar común, la sociedad norteamericana es permeable y no segregacionista. América marca su concepción de la igualdad con base a la meritocracia. Si eres competente y trabajador no importará si tu sangre es italiana, judía, africana o WASP ni nadie preguntará donde naciste o cual es tu árbol genealógico. La prosperidad está al alcance de cualquiera que quiera agarrarla. La promoción social se mide de acuerdo con los criterios de mérito, capacidad y habilidad más que en cualquier otro lugar del mundo y es casi imposible encontrar en los puestos de responsabilidad de la empresa privada o de la administración del estado a personas que no lo merezcan. Preguntémonos si pasa lo mismo en la piel de toro y si contamos con la fuerza moral para juzgar esto.

Los EE UU son un país construido por inmigrantes. Gentes que decidieron dejar atrás el viejo mundo para buscar una vida más próspera, y la libertad de la que carecían en sus países de origen. Hoy día son una sociedad multiétnica donde todas las razas contribuyen con sus esfuerzos para la construcción del bien común, donde todos olvidaron lo que les hacía diferentes, conscientes que la suma de esfuerzos es lo que hace grandes a las naciones.
Ojala nuestro país, de lejos más antiguo, pudiera olvidar las diferencias regionales y prosperar unido en la diversidad con el beneficio de la parte convertido en el beneficio del todo. De seguro, otra gallo nos cantaría.

Los Estados Unidos de América no son una nación perfecta, pero... si ofertan garantías jurídicas sobre la vida y hacienda de sus ciudadanos... si aseguran las libertades individuales y la posibilidad de promoción mediante el esfuerzo y el mérito... si defienden el racionalismo democrático frente a la barbarie totalitaria… yo compraré siempre esa mercancía.

© 2007, Marcos A. Díaz

martes 20 de noviembre de 2007

Paz, negociación y “Lección de Munich”.

« …Gracias a los salvadores de la paz…. »
Artículo publicado en "Asturias Liberal" (21/11/07)

En una ocasión, hace ya tiempo, cayó en mis manos una vieja foto descolorida en la que sonreían dos rostros maduros, dos hombres de aspecto distinguido que vestían a la usanza de otra época. Bajo las orgullosas efigies brillaban sus nombres, Daladier y Chamberlain, muy ilustres premiers de Francia y Gran Bretaña, con una amplia leyenda que decía en francés: “Merci, aux sauveurs de la paix”.

La postal fue editada en octubre de 1938, tras la conferencia de Munich donde los dos héroes habían conseguido la paz en el continente al alto precio de sacrificar a los checoslovacos ante Hitler. Todavía hoy se enseña a los niños checos la cobarde traición de las democracias occidentales que vendieron su país al tirano por un año de paz.

Sin embargo, en Octubre del 38, nadie pensaba en las consecuencias de aquella negociación con la bestia. Millones de personas recibían con los brazos abiertos a los salvadores de la paz. Las voces críticas que lamentaban el apaciguamiento y la contemporización quedaron ahogadas por miles de gargantas que respiraron aliviadas: La paz había sido salvada. Churchill y otros que como él eran vituperados con la etiqueta de belicistas, vaticinaron que preferir la deshonra a la guerra mantendría la deshonra y traería la guerra de todos modos... pero nadie parecía interesado en escucharles.
El tercer Reich de Adolf Hitler se salía con la suya por enésima vez desde hacía un lustro, y pisoteaba la soberanía de sus vecinos sin contemplaciones. Las cancillerías europeas contemplaban aterradas cómo las potencias occidentales no movían un dedo, acobardadas igual que su opinión publica ante la idea de ir a la guerra una vez más. Los horrores de la Gran Guerra estaban tan solo a una generación de distancia y ningún hombre, mujer o niño consentiría a sus líderes una reedición de aquel conflicto.

Cuando miro esta foto me entran escalofríos. No por el recuerdo de lo que habría de pasar tan solo un año después de que hubiese sido tomada. No por rememorar el abismo de sangre y destrucción en el que Europa y el mundo habrían de sumirse por la ambición desmedida de algunos de sus líderes y la pusilánime omisión de otros. Mi turbación viene de las valiosas lecciones que nos da la Historia y lo poco que aprendemos de ella. El pasado envía señales a los hombres del presente, como un augur que brama en mitad de la plaza. Mientras avisa de una desgracia que está por venir, los niños le tiran piedras y los vecinos pasan a su lado sin siquiera reparar en él. De igual modo algunas lecciones de los libros de Historia pasan inadvertidas e ignoradas, aunque brillan como el sol en el cielo.

La “lección de Munich” dice que el apaciguamiento, en una pugna con un rival fanático, solo sirve para envalentonarle y nunca para darle satisfacción. Que la contemporización resta crédito a la voluntad de lucha del que se defiende y anima al agresor a elevar sus demandas.
Es responsabilidad del negociador saber si su interlocutor puede ceder a cambio de un gesto o si por el contrario usará esos gestos como un síntoma de debilidad para continuar extorsionándole. Debe distinguir entre un rival razonable y uno fanático. Debe conocer la diferencia entre arar en un secarral estéril donde difícil es que el grano germine y hacerlo sobre las olas del mar donde esto es sencillamente imposible.

La paz ha de ser el objetivo, pero esta no puede ser alcanzada a cualquier precio como la Historia nos enseña. Paz y pacifismo no son siempre palabras con connotaciones positivas sino a veces invitaciones a la ignominia y al fracaso. No es ninguna deshonra ni rasgo incivilizado, encontrarse en situaciones en la que una salida negociada es imposible. Cuando el agresor carece de voluntad para esa negociación, la única salida moral y efectiva es la fortaleza y la resistencia. Perseverar en la creencia de que ceder es una alternativa, por ingenuidad o interés, es inmoral e inútil.

Son muchos los agresores que aún golpean la decencia y la libertad en nuestro entorno cercano y lejano. ¿Acaso habrán de venir de nuevo otros Chamberlain? ¿ Acaso las masas hambrientas de paz lo recibirán de nuevo a su vuelta de Munich como a un héroe? No tengo que recordar al lector dónde ni cuándo se producen atropellos totalitarios, ni los rincones de nuestro país a los que el miedo atenaza e impide respirar en libertad. Los checos, víctimas de la agresión nazi sancionada hace 70 años por aquellos egregios hombres de estado y todas las víctimas que ocupan hoy su lugar, merecerían que sus líderes tuviesen bien aprendida la lección de Munich. Que la tentación y el miedo no les acobarden. Que no cometan el mismo error que los dos hombres de la fotografía, aquellos "salvadores de la paz".

Cuando Francia cayó, en mayo del 40, Churchill se quedó solo ante la serpiente. Lejos de negociar con ella, mandó un mensaje a su nación y a ese enemigo que quería aniquilarla:

"... pelearemos en las playas, en los campos y en las calles...pelearemos en las colinas, pero... nunca, jamás nos rendiremos..."

© 2007, Marcos A. Díaz

jueves 11 de octubre de 2007

Mileurismo y productividad.

Pagar como europeos...cobrar como africanos...

¿Qué ha pasado con el “milagro español”? ¿Por qué son nuestros sueldos tan bajos en comparación con otros países de Europa? ¿Por qué pagamos como europeos y cobramos como africanos? España es la 8ª economía del mundo y sin embargo cuando repartimos la riqueza por habitante la cosa no pinta tan bien: en PIB per capita saltamos al puesto nº 17 del ranking. La última década ha hecho más rica a España pero no a los españoles. Nuestro modelo de crecimiento engendra problemas sociales, que pueden asfixiarlo a medio plazo.

El currito de infantería no pasa hoy por su mejor momento... Es fin de mes, y contempla su cartilla de ahorro. Lo que ve allí le preocupa.. Todas sus fobias están reunidas: el carrito de la compra, criatura voraz que ahora sólo se sacia con más billetes... El coche traidor, que carga menos gasolina que antes por el mismo dinero. Y la hipoteca, que ha pasado de niña a mujer sin avisar. La reina de los gastos, la última que deja de pagar... La realidad es que en diez años, el precio de los productos de primera necesidad se ha disparado en proporción a los sueldos, el poder adquisitivo está por los suelos y casi no se puede ahorrar ni un céntimo. La subida del precio de la pasta, que no del dinero, llevó a los italianos al boicot de este producto primordial hace escasas fechas. No se ha advertido que el aceite, la leche o la fruta haya movilizado a la sociedad civil española, esté donde esté.

El último informe del ministerio de hacienda lleva el número de trabajadores con salarios inferiores a mil euros, más allá de los 11 millones de personas, lo que supone más de la mitad de los asalariados del país. Incluidos entre los mileuristas, están los que aún les consideran afortunados y cobran por debajo de esa cifra psicológica. Aquellos que tienen que renunciar a algunos lujos como comer a diario y una vivienda digna. ... a vicios como vestirse o calzarse...

Son los grandes sufridores de los problemas estructurales que se generan en los pisos superiores del edificio. Esta bolsa de mano de obra poco cualificada, incrementada por la inmigración, procede sobre todo de sectores con alta tasa de temporalidad como la construcción y los servicios relacionados con el turismo. Ellos quedan enterrados por los cascotes cuando la estructura se colapsa periódicamente.

Un estrato distinto, la generación de españoles entre 25 y 40 años, es la que responde mejor al perfil mileurista. Sabe idiomas, tiene estudios superiores, postgrado y master... y cobra mil euros netos al mes. Tienen que compartir piso de alquiler y a duras penas consiguen ahorrar: no viven mejor que sus padres.
Esa generación anterior, en la que estudiaba una minoría, tenía garantizada una movilidad social que hacía rentable el esfuerzo y los años en la facultad. Sin embargo para la actual generación de universitarios, el diploma es un papel sin valor en un mercado saturado de titulados.
Quizá esté aquí el nudo gordiano del mileurismo estructural: un problema del mercado laboral y las leyes de la oferta y la demanda que lo rigen. ¿Cuanta gente está preparada y dispuesta a hacer tu trabajo?. Siendo muchos los candidatos está claro que cobrarás poco, amigo. El país se desangra con una fuga de talentos a otros países que empieza a ser muy perceptible. El excedente de profesionales preparados es bien recibido en el extranjero donde ganan cantidades sustancialmente superiores a la de sus colegas que se quedan en España. Una universidad superpoblada con contenidos excesivamente teoréticos no ayuda mucho a resolver el problema.

Emparentado con las deficiencias de la educación, está el problema de la productividad laboral. El español trabaja más horas que su colega europeo, pero es menos eficiente, y cuando produces lo mismo en más tiempo y con más esfuerzo, eres menos competitivo. Grave inconveniente en el mundo globalizado. La productividad deficiente o una productividad “sumergida” no se soluciona con un salario mínimo hinchado por el intervensionismo estatal, sino con una menor presión fiscal al empleador y al asalariado, y sobre todo con una organización más racional del trabajo.

Pero, un salario bajo es solo la mitad de la ecuación. En la caída del poder adquisitivo, es el alza de precios el dato más preocupante. La inflación proviene de un consumo desaforado, y ¿cómo es posible que gaste tanto quien no gana lo suficiente?. El consumismo febril está presente en casi todas las sociedades desarrolladas, pero España se endeuda alocadamente cada vez más. Es un país de alegres cigarras sumidas en la ostentación y el gasto, que se endeudan irresponsablemente sin pensar en el invierno. Hay más créditos personales para vacaciones en Bali o un nuevo coche que no se necesita, que para emergencias médicas o proyectos educativos. Todos los exiliados españoles coinciden que en Europa hay más hormigas que cigarras.

El impacto que este modelo de crecimiento tiene en el tejido social es muy preocupante. Si el numero de mileuristas sigue aumentando con una economía vigoréxica como la española, la desaparición de las clases medias a largo plazo será un peligro real, tanto como la fractura social entre los que ganan mucho y los que ganan poco.

El corolario del mileurismo estructural mantenido a largo plazo es un modelo social de riqueza y pobreza extrema: un modelo sudamericano de sociedad... América latina es modelo en muchas cosas pero en esta.... no.

© 2007, Marcos A. Díaz

miércoles 12 de septiembre de 2007

Francophonie vs. Anglosfera

Los mitos políticos y lingüísticos de la Francofonía.
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Ciertamente, la lengua francesa es uno de los idiomas más importantes del mundo. Es la 13ª lengua más habladas en el planeta con 80 millones de personas como hablantes nativos. El francés es lengua oficial de la unión europea y de otros organismos internacionales y comparte con el inglés únicamente, la condición de lengua de trabajo de las Naciones Unidas. Códigos, convenciones, tratados y diplomacia en general han sido arreglados históricamente en francés. Sus literatos están entre los más vendidos e influyentes de la humanidad...

Sin embargo se suelen escuchar muchos análisis y analistas que apasionados y optimistas en exceso, exageran su rol actual. Fuentes de innegable audacia afirman que ya son 290 los millones de hablantes francófonos multiplicando su predicamento por más de tres y ascendiéndole al octavo puesto del ranking. Por ejemplo Radio France el ente público galo, que ha llegado a afirmar: “ Nuestro idioma es la única lengua enseñada en los cinco continentes junto al inglés y la única en disputarle la hegemonía” (sic). Acotar las fronteras de la francofonía real y de la imaginaria puede arrojar un poco de luz al respecto.

La francofonía representa a ese conjunto de países que tienen al francés en común, pero en el que el uso que se le reserva a esta lengua varía diametralmente. Por un lado, los países en los que el francés es lengua materna: Francia, con sus departamentos y territorios de ultramar (64 millones), La Valonia belga (4 millones), Mónaco (35.000), La Suiza francófona (1,5 millones) y las provincias canadienses del Québec (7,5 millones) y Nuevo Brunswick (700.000). Se añaden 2 millones que hablan el Criollo, una variante del francés que mezcla la sintaxis de las lenguas africanas con los léxicos europeos. Este Créole o Criollo es lengua oficial en Haití y las Seychelles. A pesar de los malabarismos aritméticos... aquí terminan los límites del francés real.
Más allá de este círculo interno, no es menos cierto que el francés es la lengua administrativa e incluso oficial de decenas de estados africanos. El francés ha permanecido como una herencia de la época colonial que sirve para unificar los intereses, a veces divergentes, de los pueblos que conforman los estados multiétnicos del África negra. Aquí encontramos a la lengua de los antiguos colonizadores como un verdadero tesoro. Es la herramienta más eficiente en la enseñanza, los medios de comunicación y la administración para aunar intereses, para olvidar diferencias étnicas y construir un proyecto común. Ahora bien, decir que el francés es la lengua de congoleses, marroquíes o chadianos es más que una mistificación.
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En el seno de la OIF (Organización internacional de la Francofonía), hay un tercer grupo de países cuya francofonía es particularmente sorprendente. Me he detenido en el caso de Grecia, Rumania, Polonia o Ucrania, orgullosos miembros de la OIF allá en la Europa del este. Son países, históricamente bajo la influencia sucesiva y a veces simultánea de otras potencias como Rusia, Alemania o el Imperio Otomano. Reivindican su francofonía sobre la base de que el francés era “lingua franca “ hasta el siglo XX y de que sus élites habían sido educadas en Francia o en francés ( aunque no más que en Londres o con el paso del tiempo, en los Estados Unidos). Si reparamos en el hecho de que no han pertenecido jamás al antiguo imperio colonial galo, que sus relaciones comerciales en algunos casos con Francia han sido menos que tangenciales y que, remate, algunos ni siquiera utilizan un alfabeto latino, la pregunta que se plantea es: ¿Qué se esconde detrás de la incorporación artificial a la Francofonía, de países donde no se habla el francés? En el caso polaco, rumano y búlgaro la respuesta reside en sus incorporaciones a la OIF y a la Unión Europea. Francia ha sido el padrino de estos países en su deseo de entrar al club europeo y en la vida nada es gratis: ¿Es la Francofonía, con tan bello sufijo “-fonía”, una construcción cultural y lingüística o quizás será una herramienta política?
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Su objetivo final no es otro que la consecución de un numero suficiente de votos cautivos en la ONU, para asegurarse el éxito de sus iniciativas internacionales; un fino clientelismo diplomático. Otra prueba cierta en otro organismo internacional y multilateral fue la elección de la sede olímpica de 2012. Los miembros del comité que pertenecían a la Commonwealth votaron en bloque por Londres y los que estaban adscritos a la OIF lo hicieron por París. Aún recordamos la delicada pregunta formulada por Alberto de Mónaco, sobre la seguridad antiterrorista en Madrid en el momento decisivo del proceso. La OIF es la respuesta legítima de Francia frente a otras organizaciones similares como la mencionada Commonwealth británica, la liga de países árabes, la comunidad de estados independientes antiguos miembros de la extinta Unión Soviética o las cumbres de Estados Iberoamericanos. En el caso de la Commonwealth of nations sus miembros comparten un pasado colonial común bajo el gobierno de su majestad y nadie intenta esconderlo. Las implicaciones económicas del organismo, asoman en la etimología del término con desenvuelta sinceridad. No hay referencia alguna a la lengua como en el caso fracés.

El flujo acción-reacción ha marcado siempre la competencia franco-británica tanto en los tiempos coloniales como post-coloniales. Es lo que llaman en geopolítica el “Complejo de Fachoda”, como referencia al remoto rincón de África donde las líneas de expansión de ambos imperios colisionaron a finales del siglo XIX. Hoy la rivalidad ya no se manifiesta sobre las arenas del Sudán sino en el terreno de las lenguas, entre otros muchos. Según la óptica francesa es necesario equilibrar la visión unívoca del mundo de los anglosajones, y Francia es quien debe liderar la batalla por la diversidad cultural. El francés es la lengua de los no alineados, decía Boutros-Galli. En este punto hallamos una paradoja: Esa Francia de la multilateralidad, paladín de los que no tienen voz ni voto frente al monolitismo angloamericano, es jacobinamente centralista. Es inclemente con las lenguas y culturas minoritarias de su territorio metropolitano, que no tienen ni carácter oficial ni esperanza de alcanzarlo y no busca otra cosa que la uniformidad francófona en el África negra y árabe.

La creación de instituciones multilaterales, por parte de las grandes potencias no es una cuestión criticable en sí misma. Todas, incluida Francia, tienen el derecho a defender sus intereses por los medios disponibles y honestos que mejor consideren. Ahora bien, no puede uno sustraerse al juicio secreto de las palabras: “ Fonía” y “ Polis” no deberían casar en la misma frase. El uso como herramienta política de este idioma universal puede y debe ser puesto en cuestión por aquellos que amamos a la lengua de Molière y ante todo y sobre todo, por quienes respetamos la lógica de los números.
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© 2007, Marcos A.Díaz

martes 11 de septiembre de 2007

La Francophonie: ce qui se cache derrière.

Langue et politique, encore une fois.

Il est certain que le français est une des plus importantes langues au monde. Il est parlé par 80 millions de locuteurs comme langue maternelle, et il est à la 13ème place des langues les plus parlées du monde. C'est la langue de la diplomatie et partage, avec l’anglais uniquement, la condition d’être officiel à l’ONU. Elle est aussi langue officielle de l’Union Européenne et d’autres organisations internationales. Néanmoins on voit parfois, certaines analystes qui ont une opinion passionnée et excessivement optimiste de son rôle actuel.
Quelques sources affirment que ce sont 290 les millions de locuteurs francophones et qu’elle occupe le 8ème poste. On a écouté à Radio France dire que « c’est la seule langue à être enseigné sur les 5 continents avec l’anglais, et la seul à le disputer l’hégémonie » (sic) .
La francophonie est l’ensemble des pays qui ont le français en partage, mais l’usage de la langue est très différente entre eux. Il faut le reconnaître. D’une part on a les pays où le français est la langue maternelle. C’est le cas de la France logiquement (64 mill), la Wallonie (4 mill), Monaco (35 000), la Suisse romande (1.5 mill) et les provinces canadiennes du Québec (7.5 mill) et Nouveau Brunswick ( 700 000). On pourrait ajouter les 2 millions de personnes que parlent le créole, une sorte de français qui mêle la syntaxe des langues africaines aux lexiques européens. L’Haïti et les Seychelles ont le Créole comme langue officielle. Malgré tout… ici finissent les limites du français réel.
D’autre part, il est certain que le français est la langue administrative et même officiel, de dizaines d’états africaines. Le français est resté comme un héritage de l’époque colonial servant à unifier les intérêts parfois divergeants des peuples qui forment les états multiethniques de l’Afrique noire. Ici on trouve la langue des anciens colonisateurs comme un trésor. Un outil efficient aux moyens de communication, à l’enseignement et à l’administration qui sert à unir les efforts des lingala et les kituba au Congo par exemple, pour oublier leurs diferénces ethniques. Pourtant, dire que le français est la langue des Congolais, des Ivoiriens ou des Marocaines est plus qu’une mystification.

Au sein de l’OIF (l’Organisation Internationale de la Francophonie) il y a un 3ème group de pays dont la francophonie est particulièrement étonnante. Je me suis arrêté seulement sur le cas de la Grèce, la Bulgarie, la Roumanie, la Pologne ou l’Ukraine en Europe de l’Est. Ce sont des pays historiquement sous l’influence successive et parfois simultanée d’autres puissances comme la Russie, l’Allemagne ou l’empire ottoman qui revendiquent bizarrement leur francophonie sur la base de que le français était la « lingua franca » jusqu’au XXème siècle et que leurs élites furent élevées en français ou en France, ( pas plus qu’à Londres ou aux États Unis). Si on regard le fait qu’ils n’ont jamais appartenu à l’empire colonial, que leur relations commerciales ont été moins que tangentielles dans certaines cas avec la France, et que quelques-uns d’entre eux n’utilisent pas même un alphabet latin, la question qu’on se pose est de savoir ce qui se cache derrière cette incorporation artificielle à la francophonie des pays où presque personne ne parle français. Dans les cas polonais, roumaine et bulgare la réponse est dans les dates d’incorporation à l’OIF et à l’UE. C’est claire que la France a été le parrain de ces pays pour s’incorporer en europe.
Alors est-elle la Francophonie, avec ce suffixe « -phonie », une construction culturelle et linguistique ou peut être est-elle un outil politique?
Son objectif final est la consécution d’un nombre suffisant de votes à l’ONU pour s’assurer la réussite de ses proposes, en échange d’un certain clientélisme diplomatique. Une épreuve certaine à un autre organisme international et multilatéral a été l’élection de la siège olympique de l’année 2012. Les membres du comité appartenant à la Commonwealth ont tous voté pour Londres et les membres appartenant à la Francophonie ont tous voté pour Paris. Nous nous souvenons tous de la question délicate posée par Albert de Monaco au moment décisif sur la sécurité à Madrid.
L’OIF est la réponse française légitime face aux autres organisations similaires comme la Commonwealth britannique, la ligue des pays arabes, la communauté d’états indépendants anciens membres de l’union soviétique, ou les sommets d’état iberoamericaines.
Le Commonwealth of Nations est l'association des pays ayant fait partie de l'ancien empire britannique (anciennes colonies ou protectorats). Ils partagent leur passé colonial commun sous le gouvernement de sa majesté et personne n’essai pas de le cacher. On ne se fait pas référence à la langue.

Le flux action- réaction a présidé la compétition franco-britannique tant aux temps coloniaux comme aux post-coloniaux. Voilà ce qu’on appelle en géopolitique le « complexe de Fachoda » le lointain endroit africain où les lignes d’expansion des empires emplaffonarent à la fin du XIXème siècle. Aujourd’hui la rivalité ne se manifeste plus sur les sables du Soudan mais au terrain des langues. D’après l’optique française on doit contrer l’hégémonie d’une vision unique du monde, celle des Anglo saxons, et la France doit mener un combat pour la diversité culturelle. Ici on trouve un paradoxe: La France multilatérale, diverse devant le monde anglo-saxon monolithique, opposé à une vision unique du monde