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jueves 26 de junio de 2008

De las familias emigradas y la educación de sus hijos.

La educación en el exterior (II)
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Analizábamos en un anterior texto, el beneficio cultural y económico de la exportación de la Hispanidad, a través de una red educativa a la altura de la de los países de nuestro entorno. Hoy centramos el foco, no sobre los grandes proyectos de difusión cultural, sino sobre el ciudadano y sus derechos; sobre los españoles emigrados y el derecho a que sus hijos reciban una enseñanza sobre nuestro plan de estudios y en el idioma de sus padres cuando estos así lo deseen.

El Estado español, con medios notablemente más modestos que otros países europeos, según vimos, se esfuerza por ofertar a esos ciudadanos una educación hispánica a través de la Acción Educativa Española en el Exterior (AEEE). Esta red está integrada por colegios y liceos, públicos o privados, de titularidad española y mixta, encaminados al doble objetivo de la exportación de la hispanidad y la adecuada atención a las necesidades escolares de la colonia emigrada, allá donde sea posible y rentable.

Los centros de titularidad española imparten enseñanzas oficiales de nuestro sistema en Londres, Roma y Lisboa. Existen dos más en París y Bogotá, seis en Andorra y diez en diversas ciudades de Marruecos. Su organigrama y planes de estudios son, con algunos matices, los de un centro público de nuestro país.
También existe un colegio de titularidad compartida con Brasil en Sao Paulo y otro con Argentina en Rosario. Sus titulaciones y planes de estudio son mixtos, así como sus funcionarios y profesores.

Asimismo el ministerio mantiene convenio con 11 centros en países Hispanoamericanos para la instrucción, como asignaturas adicionales a sus respectivos planes de estudio, de la Literatura, Geografía e Historia de España. En este caso el vínculo queda reducido a este particular, pues estos centros son autónomos en cuanto a gestión interna, contratación de su personal, principios e ideario.

Los niños-Edipo y su identidad lingüística.

No es extraño encontrar parejas jóvenes, expatriadas por motivos laborales que en ocasiones se enfrentan a una vida itinerante fuera del país. Es especialmente traumático para los chicos el cambio de sistema educativo cuando el trabajo de sus padres les trae de vuelta a España al cabo de un tiempo. Conforme aumenta su edad, también lo hace el peso de la escuela en su identidad, por el poder de socialización que esta ejerce en detrimento de la del hogar. El niño hispanohablante que llegó a Bruselas con diez años, seguro se enojará en francés con su padre a los 16 a causa de unas malas notas o por la hora de regreso a casa un fin de semana.

Las familias españolas residentes en el extranjero se enfrentan a menudo con la amenaza del desarraigo de sus hijos. La escuela del país de adopción suele ser un excelente vehículo de integración cultural, pero naturalmente corta amarras con la lengua y cultura maternas, circunscritas a la casa del muchacho. La diferencia entre hogares a la hora de afrontar la bipolaridad identitaria del ”expat”, depende de múltiples variables e incluso entre hermanos de una misma familia, puede haber quien acepta y usa la lengua de sus padres en casa, mientras otro la niega y reniega hasta perder su fluidez en ella.

En los casos de estos niños-Edipo que tratan de matar el recuerdo de sus raíces paternas, es imprescindible conjugar la integración en la cultura de adopción, con una enseñanza en español que les permita ampliar habilidades en lugar de atrofiarlas.

Dos lenguas mejor que una. Dos patrias mejor que ninguna.

Marcos A. Díaz

miércoles 25 de junio de 2008

De la exportación de la Hispanidad en la educación.

La educación en el exterior (I)
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Desde hace décadas, las naciones europeas de nuestro entorno se han tomado como objetivo con fin en sí mismo, la difusión de sus respectivos idiomas y los valores culturales que les son propios. Ambos productos se sustancian a largo plazo en beneficios para sus economías e influencia política y diplomática en el tablero internacional.

Uno de los medios empleados en este propósito por Alemania, Francia y Gran Bretaña, es el desarrollo y sostenimiento en los cinco continentes de una tupida red de centros educativos estatales. En ellos se escolariza cada año a miles de jóvenes, nacionales emigrados y extranjeros, conforme a los planes de estudios, valores y lengua propios de cada una de ellas. Liceos Franceses o Colegios Alemanes, subvencionados o de titularidad estatal, representan un reclamo comercial para sus familias por el mero prestigio que sus respectivas naciones e idiomas representan.

La promoción de la hispanidad en el extranjero, es un activo de alta rentabilidad cultural y económica para nuestro país cuyo aprovechamiento, a diferencia de las naciones mencionadas más arriba, no está siendo optimizado por los poderes públicos. La poca inversión existente en este sector económico queda circunscrita en un 90% a los centros públicos del exterior.

Talentos bien invertidos. Los colegio alemanes y los liceos franceses.

Al igual que el protagonista de la parábola de los talentos, España parece no saber explotar un don de incalculable valor como es su lengua. Al contrario que él, España no ha recibido una única moneda sino un verdadero tesoro: un idioma universal con más de 400 millones de hablantes. Como el mal siervo de la parábola, entierra cicatera ese talento en lugar de acrecentarlo, donde otros menos afortunados no dudaron en darse lustre y difusión.

El Estado Alemán, cuyo idioma hablan 90 millones de locutores, ostenta la titularidad de 117 colegios en los más remotos lugares del globo. Todos funcionan con arreglo a un plan de estudios híbrido del país de referencia y el alemán, y comparten con otros centros subvencionados esa prestigiosa nomenclatura de “Colegio Alemán”. Además de las enseñanzas elementales y medias, la difusión de la lengua ocupa un lugar central a través de los 177 centros del Göethe-Institut, entidad con cerca de medio siglo de trayectoria.

Los franceses naturalmente no se quedan atrás, y haciendo honor a la notable difusión de su lengua y cultura en todo el mundo, financian 270 liceos franceses, repartidos en 166 países y con una especial implantación en Hispanoamérica. Además, la Aliance Française, equivalente de nuestro Instituto Cervantes, dispone de 1071 delegaciones autorizadas para la enseñanza y expedición de títulos homologados de francés. En estas instituciones el Estado galo solo representa el 5% de la financiación siendo significativo que el marchamo “lengua francesa” sea suficiente para hacer rentable las iniciativas privadas destinada a su impartición y aprendizaje.

Con ese esfuerzo económico, ambos países no compran materias primas ni engrasan voluntades de políticos locales; no venden automóviles, trenes de alta velocidad o productos químicos. Consiguen algo más importante y trascendente en lo que han tenido la visión de implicarse: venden intangibles grandezas, compran prestigio e influencia a través de la enseñanza nacional y en segundo término del valor de su idioma. Su lengua, cultura e influencia queda incardinada en los jóvenes extranjeros que crecen hablándola, empapados de su historia, hábitos, modos, costumbres...

Estas cifras convierten en raquíticos los modestos medios de los liceos españoles, que representan en el exterior no a 40 millones de compatriotas sino a 400 millones de hispanohablantes.

El sector público y el privado en la enseñanza exterior.

Otra tara en el desarrollo de la acción educativa española en el exterior es la falta de interlocución y coordinación entre el sector privado y el Estado. Los mejores agregados culturales de nuestras embajadas son los liceos españoles ya sean públicos o subvencionados. El apoyo e incentivo a las instituciones educativas privadas establecidas fuera de nuestras fronteras debiera ser tratado con especial mimo por el poder público, en tanto en cuanto éstas ejercen como nuncios de nuestra cultura desde los cimientos de los futuros ciudadanos extranjeros.

Muchas empresas educativas de proyección internacional, tanto en las enseñanzas elementales y medias como en la universitaria, son españolas o de origen español. Este es el caso de la Institución SEK, expandida en 11 países en los que ha abierto 16 colegios y 3 universidades; centros regidos, como es natural, con arreglo a los planes de estudio de cada país en los que están establecidos. A pesar de la implantación internacional de empresas como esta bajo el reclamo del español y la hispanidad como atributos de prestigio, sus centros no siempre expiden títulos homologados por el Estado español, algo que atraería este capital humano a nuestro país a largo plazo para continuar estudios superiores. Paradójicamente sólo existen 10 centros privados españoles en el extranjero autorizados a impartir enseñanza reglada española con sus consiguientes titulaciones.

El Estado invierte poco y mal en la proyección internacional de la Educación española y en español, desaprovechando un activo que se vende por sí mismo. El 90% de la acción educativa en el exterior es sufragada por el Ministerio de Educación estableciendo un escaso contacto con las empresas privadas del sector que cuentan ya con infraestructuras y tradición fuera de nuestras fronteras.

La audacia y sagacidad que han demostrado nuestros vecinos europeos en la exportación de sus valores a través de la educación son notables. No lo es menos la demanda de educación española en el extranjero que va pareja con el peso que la comunidad hispanohablante adquiere en el mundo actual.
Es por ello que las autoridades educativas pueden y deben aprender de tales ejemplos, aprovechar esas ventajas y aliarse con las empresas españolas del sector educativo exterior para la explotación de un recurso tan rentable hoy como mal administrado.

Un recurso al que llamamos Hispanidad.

Marcos A. Díaz

viernes 9 de mayo de 2008

De las oposiciones en la España de las Autonomías.

Reservado el derecho de admisión: “imprescindible requisito lingüístico"
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Esta semana la opinión pública se ha sorprendido, y acaso escandalizado, porque el título de Eusquera puntúe 4 veces más que un doctorado en los méritos del personal sanitario Vasco.
Tristemente, en la educación pública hace años que existe esa injusta asimetría en los baremos de calificación a maestros y profesores. La lengua autonómica es más valorada en un concurso de traslado que una segunda carrera, un doctorado, publicaciones científicas varias o todos los títulos de idiomas habidos y por haber. Sin embargo, no es esto lo peor.

En País Vasco, Cataluña, Galicia, Baleares y la Comunidad Valenciana, donde por cierto gobierna el PP hace varias legislaturas, se impone el “requisito lingüístico” previo para todo candidato que desee presentarse a una oposición. ¿No tiene usted el diploma de la lengua autonómica? Entonces lo lamento, no hay oposición para usted. Recordará seguramente el lector que estas comunidades suman el 40% de la población española y por tanto de la oferta de empleo público en aquellas competencias transferidas como lo es la educación.

Esta situación, implica un injusto proteccionismo del empleo público, que impide la movilidad laboral en el territorio nacional, amén de un agravio comparativo que contempla que un vasco pueda opositar en Asturias y un valenciano en Murcia pero nunca al contrario. Cada autonomía barre para casa y blinda su territorio funcionarial a través del requisito lingüístico, lo que supone una endogamia en la función pública, que favorece siempre al local y perjudica al usuario.

Una oposición es, o debiera ser, un proceso público abierto y equitativo en el que el Estado o la administración que lo representa, oferta las plazas que necesita a la libre concurrencia de candidatos. El principio que rige la adecuación al puesto es el de mérito y capacidad al designar a los candidatos mejor preparados para el desempeño del servicio público. Si una administración autonómica cierra las puertas al concurso de candidatos foráneos el único resultado posible es un empobrecimiento de la calidad de los profesionales designados y por ende del servicio que los ciudadanos han de recibir. Una simple aplicación de las reglas de la competencia del libre mercado, y aún del mismo sentido común, no pueden llevar sino a esta conclusión.

Hace años, por puro azar, me vi en la circunstancia de actuar como tribunal de oposición en la autonomía donde vivo y en la que, no hace falta decirlo, se habla una hermosa lengua autóctona y co-oficial. Algunos de mis compañeros de tribunal, que habían repetido esta experiencia en la que yo era novato, se sorprendían del progresivo deterioro en el nivel de los opositores de año en año. Las explicaciones que acudían a la conversación deambulaban desde la mera casualidad a la nutrida oferta de plazas de otras comunidades, pasando por los cambios técnicos que, a la sazón, habían sido introducidos en el proceso. Al rato se me ocurrió mencionar que la causa podía estribar en que el blindaje lingüístico impedía la concurrencia de opositores de otras regiones y que por ello, el nivel del proceso de selección se resentía sensiblemente. “Nunca lo había mirado desde ese punto de vista” afirmó uno de ellos... y es probable que quien se beneficie de tal circunstancia no lo vea desde ese punto de vista.

No debe ser motivo de vergüenza el hecho de que un territorio se vea en la necesidad de importar profesionales de otro. La movilidad de habilidades y talentos enriquece la vida activa del país y, al contrario, los diques que se levantan artificialmente a propósito de las lenguas la sumen en el marasmo de la endogamia. Movilidad y dinamismo, por desgracia, no parecen estar en la agenda de la España de las Autonomías.

El sistema autoalimentado que se apoya sobre el blindaje lingüístico, es algo muy del gusto del localismo imperante. Es muy popular y útil electoralmente pues garantiza redes clientelares de funcionarios afectos a los que fideliza a través de la lengua y del aparato ideológico que lleva anejo. Todos los programas de difusión de las lenguas autonómicas en España financiados con fondos públicos, tienen en común más allá del vocabulario y la gramática de cada una de ellas, un corpus de “sociolingüística” que no es sino propaganda travestida de seria filología científica.

Puede que el centralismo en las administraciones públicas tenga mala prensa en la actualidad pero afirmo que la endogamia funcionarial autonómica basada en el blindaje lingüístico no es sana, ni justa ni eficiente. No es eficiente porque reduce la calidad del servicio que los ciudadanos reciben. No es sana porque impide la renovación y la movilidad laboral en el empleo público y perpetúa el clientelismo de las castas políticas locales. Y, sobre todo, no es justo porque segmenta España en compartimentos estancos pero en los que unos españoles pueden concurrir mientras a otros les está vedado.

Pobres usuarios y opositores del Estado de las autonomías. Todos barriendo para casa y la casa común sin barrer.

El último.... que apague la luz.

Marcos A. Díaz

sábado 26 de abril de 2008

Homeschooling, las dudas razonables de la educación en casa.

¿Libertad de elección o burbuja de cristal?
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El Homeschooling es un anglicismo traducible como “escolarización doméstica” o “escolarización en el hogar”, que aboga por el derecho de las familias a no integrar a sus hijos en un sistema escolar homologado de corte convencional. Los padres partidarios del Homeschooling asumen en el hogar, el rol del maestro superpuesto al de padre.
Ambos papeles no son excluyentes ciertamente, sino que se complementan a la perfección cuando el padre, que ha de ser maestro y referente de sus hijos, sabe inculcar en ellos el hábito de la lectura, la actividad física sana, la higiene, la constancia y el esfuerzo, las buenas maneras en el trato social, el valor de la generosidad y el lastre de la mentira... valores que se enseñan sin otra metodología que la del ejemplo cotidiano y la mímesis del niño.

Los argumentos de sus partidarios se sustentan en las estadísticas y los precedentes exitosos. Los exámenes oficiales demuestran que estos chicos mejoran en unas décimas los resultados de los escolarizados en el sistema oficial. Sin embargo, esas resultados pueden estar basados en otras causas, básicamente el perfil cultural de las familias que asumen este reto, como se ejemplificará más adelante. También usan los ejemplos de ilustres homeschooled como Thomas Edison, obviando que en la época y región en que éste pasó su infancia no había mucha alternativa al aprendizaje autodidacta y sobre todo que la madre del genial inventor, era maestra de profesión.

Pero ¿qué clase de lumbrera es capaz de transmitir a un niño cuanto debe saber en el vasto mundo de nuestro siglo? ¿Qué alma renacentista puede satisfacer sus dudas en matemáticas, inglés, gramática, música, química, biología, historia, dibujo... ? Como un gato necesitaría 7 vidas. Cinco para asimilar estas disciplinas, otra para aprender a enseñarlas y la séptima para llevar a la práctica los resultados con sus propios hijos.
Recuerdo el admirable caso de una familia gallega, que al ser entrevistada en una emisora de radio en defensa del Homeschooling, habían asumido el reto de escolarizar a sus tres hijos en su propia casa. Ambos padres eran profesores de Instituto. Él, profesor de una materia de Ciencias, ella, de una materia de letras y ambos, por su trabajo, con una disponibilidad horaria especial que no es propia de cualquier ocupación. La idea es factible, y no se puede negar que estos docentes profesionales pueden procurar una buena educación en el hogar a sus niños, antes de caer víctimas de la extenuación. Pero ¿cuántas familias disponen de estas condiciones de laboratorio? ¿Cuántas pueden aunar con garantías oficio, horarios y experiencia educativa? Muy pocas.

No es este el único inconveniente, pues los problemas logísticos se añaden en este punto del análisis. Tal proyecto implica una familia de dos progenitores en la que al menos uno, abandone cualquier forma de trabajo remunerada fuera del hogar para consagrarse 7 días a la semana y 24 horas al día, a la tutela de los niños. A las tareas propias del am@ de casa, se vendrían a añadir otras que son atribución de la escuela en una familia al uso. Una organización efectiva, único método viable como testimonian los padres-maestros, implica horarios, planificación de contenidos y unos objetivos razonables en un lapso de tiempo determinado. Las 24 horas del día se quedan cortas cuando se debe añadir a las duras labores del hogar, las jornadas de todos lo profesores de su hijo dentro y fuera del centro escolar: preparación de clases, reciclaje de contenidos, programación y secuenciación lógica de las materias...

Los testimonios que provienen del mundo anglosajón, donde esta teoría está más extendida, apelan al miedo de los padres a la violencia en las aulas, las armas de fuego, las drogas y las hormonas. Recelan del deterioro que sufre el sistema educativo en la mayor parte del mundo occidental y del acoso escolar que traumatiza a los niños y los vuelve desconfiados y conformistas. Siendo estas amenazas reales como la vida misma, su sombra no abandonará al muchacho cuando éste se convierta en adulto.
Como el sistema inmunitario, el alma humana necesita estímulos a veces negativos para estar alerta y activar los reflejos. La sociabilización, que no socialización, del chico se ve atrofiada cuando la escolaridad en un entorno doméstico le priva de contacto con compañero alguno.
Este contacto le afecta en lo bueno y en lo malo. Este contacto es generador de inteligencia social, un recurso muy útil en la vida adulta. Tanto es así que la inteligencia social es en ocasiones el único atributo que pueden exhibir muchos personajes de éxito en lo profesional y lo social, y que les eleva por desgracia y de forma injusta, por encima de los brillantes, los trabajadores y los honrados. No sería necesario citar nombres de la vida pública que ilustren aquellas habilidades, ese éxito y esta injusticia.
En las etapas iniciales de desarrollo es imprescindible que el niño aprenda a interactuar con otros muchachos de su edad y enfrentarse a situaciones reales de convivencia.

A pesar del sano y prudente escepticismo que el Estado y sus políticas educativas infunden en el ciudadano liberal, la enseñanza doméstica sigue mostrando una serie de inconvenientes que mueven a la suspicacia sobre su efectividad: una difícil puesta en práctica material, escasez de hogares capacitados cultural y profesionalmente para llevarlo adelante y una atrofia de las habilidades sociales del muchacho al que se priva de un contacto cotidiano con otros chicos y el mundo real.

El respeto que merecen los sacrificados padres partidarios del Homeschooling es notable. Sin embargo, me pregunto si es más sabio permitir que un chico se foguee con la vida o encerrarle en una burbuja de cristal, a salvo de los peligros del mundo.
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Supongo que no hay recetas infalibles...

Marcos A. Díaz

jueves 10 de abril de 2008

La educación en la Unión Soviética.

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En 1957, el mundo asistía boquiabierto al lanzamiento del Sputnik, “una maravilla moderna de la tecnología socialista”, como decía el aparato de propaganda. El satélite artificial, fue uno de los hitos que situaron a la URSS a la cabeza del desarrollo tecnológico y científico. Es indudable que tales objetivos no habrían sido alcanzados sin una cantera de matemáticos, técnicos e ingenieros, egresados todos del mejor sistema educativo que el Estado podía proporcionar. El sistema garantizaba la equivalencia regional de titulaciones con una enseñanza igualatoria basada en un único plan de estudios para todas las repúblicas con independencia de su ubicación, con las mismas escuelas, asignaturas, contenidos, calendarios y horarios.
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Si bien los logros en las disciplinas científicas fueron muy notables, no es menos cierto que el monolitismo ideológico del régimen cercenó la creatividad en el arte y la literatura, quedando esta reducida prácticamente a las corrientes oficiales sancionadas por el partido. Eisenstein, Shostakovich y Gorki florecieron, pero otros muchos artistas soviéticos acabaron en el exilio, el GULAG o el patíbulo.
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Este texto pretende hacer justicia a los aspectos positivos e intelectualmente respetables de la educación en la URSS, sin pasar por alto la férula ideológica y el premeditado diseño del alma al que el individuo se vio sometido por la escuela soviética durante siete décadas de materialismo dialéctico obligatorio. Ya fuera con fines bélicos, ideológicos o productivos, la universidad soviética era el ápice de un entramado escolar, cuyo análisis merece hoy nuestra de atención.
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Desde los primeros años del régimen, las autoridades bolcheviques hicieron de la educación una prioridad por su papel decisivo en el adoctrinamiento de las masas. Son los años del “Likbez”, decreto que Lenin firmó en 1919 y que sentó las bases de la erradicación del analfabetismo. El Likbez obligaba a todas las personas entre 8 y 50 años, a alfabetizarse en su lengua materna. En la etapa inicial, el comisariado de instrucción pública centró sus esfuerzos en erradicar las elevadas tasas de analfabetismo ruso (60% en 1917) tarea que completaron en el tiempo record de una generación. Para el año 1942 la tasa se había reducido a un 10%. Este es, sin duda, uno de los grandes éxitos que la escuela soviética tiene en su haber, no teniendo paralelo anterior o posterior en la magnitud de la tarea emprendida ni en los exitosos resultados obtenidos.
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-el control ideológico de la escuela:
Dicho esto, hay que señalar que la enseñanza fue la herramienta que usaron Partido y Estado, valga la redundancia en este contexto, para educar al pueblo en la “verdad” del Marxismo y preparar el advenimiento del “hombre nuevo”. El aspecto más opresivo para la labor del docente, provenía del férreo control de la libertad de pensamiento y de cátedra ejercido por los comisarios políticos de instrucción pública. Cada escuela por pequeña y remota que fuese, tenía asignado un “politruk” encargado de velar por la corrección ideológica de los docentes y estudiantes a su cargo. El control político, no sólo de los currículos sino de la autonomía de aula, alcanzó niveles asfixiantes ya a partir de los años 20. Las purgas estalinistas, a despecho de lo comúnmente admitido, hicieron que el sector sufriera el GULAG, tanto o más que el ejército o la administración pública. Se calcula que más de 2 millones de docentes de todos los niveles educativos fueron deportados entre 1934 y 1953.
El mismo Fediukin, notable intelectual y estudioso de la Inteligentsia soviética, no se sonrojaba al calificar a la libertad de cátedra del docente, como “progresista” en los tiempos del zarismo, y a la vez como negativamente “contrarrevolucionaria” una vez que el sistema soviético se hubo puesto en marcha.
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-La obsesión por la producción y la relación de la escuela y el trabajo.
La retórica de los textos educativos, ya fueran legales o científicos, marchaba en consonancia con la obsesión por la productividad, una herencia del periodo de planes quinquenales previo a la guerra. La escuela era la fragua en que se forjaban las piezas del engranaje productivo del Estado. La formación de la personalidad individual del niño y el joven se convertía en una tarea accesoria siempre supeditada a la producción en serie de buenos marxistas altamente tecnificados.El leitmotiv de los planes de estudio, por tanto, se centraba en hermanar educación y vida profesional a través de vínculos estrechos entre la escuela y la fábrica o la explotación agraria. Tanto es así que la reforma de Kruschev, emprendida en los años 50, todavía consideraba peligrosamente amplia a la brecha entre vida académica y laboral. Parte de sus reproches al sistema estribaban en la existencia de una Inteligentsia académica, carente de callos en las manos y cuya fractura con el proletariado manual había que cerrar.
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- La meritocracia y la autoridad del profesor soviético.
En tiempos de Lenin, aun cuando la joven Rusia soviética se veía cercada por el ejército blanco y las potencias extranjeras que lo apoyaban, el docente se convirtió por defecto en sospechoso del delito de contrarrevolución. Con el fin de controlar la adhesión ideológica de este sector, las escuelas secundarias fueron puestas bajo el control de los alumnos en materia administrativa y disciplinaria. La delación anónima e interesada, así como la falta de autoridad y disciplina en las aulas se pusieron a la orden del día, sumiendo a la educación en un caos organizativo y una preocupante ineficiencia. Ya en los años 30, convencidos de lo erróneo de esta filosofía y ya superado el peligro de la guerra civil, las autoridades bolcheviques volvieron al que había sido el trasfondo de la enseñanza rusa desde los tiempos de Pedro el Grande: Autoridad y meritocracia.

La autoridad de los maestros fue restituida y el rumbo enderezado. Cada niño recién escolarizado recibía con sus materiales de escritura y textos una ficha con 20 normas relativas a la buena conducta, la puntualidad y el respeto a sus mayores y maestros. En cuanto tenía edad y entendimiento suficiente, la firmaba y se comprometía mediante contrato con el Estado a respetarlas a rajatabla.
La enseñanza soviética era estrictamente meritocrática. A pesar de la paradoja que supone construir una sociedad igualitaria desde presupuestos selectivos, el modelo educativo alemán, del que es heredero el zarista y a su vez el soviético, llevaba en esa dirección. Se aprobaron becas y salarios proporcionales para los estudiantes en función de sus resultados académicos. La máxima presuponía que no todo el mundo merecía una educación superior, sino solamente aquellos que se la habían ganado con su talento y esfuerzo. Para ellos tenía reservado el Estado, en efecto, la excelencia educativa.La enseñanza soviética, esclava del pragmatismo de la productividad otorgaba la credencial de ciudadano y los derechos a los que podía aspirar, entre ellos el de la educación superior, a unos u otros en función de su utilidad para la colectividad.
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Es difícil encontrar la suficiente amplitud de miras para ver cuanto hay de aprovechable en una ideología y un régimen dictatorial y despótico como el soviético; en un estado que levantó los GULAGS y se sustentó sobre la represión del disidente; en unas políticas lideradas por personajes inefables como Lenin y Stalin...
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Sin embargo, consciente de caminar sobre un suelo resbaladizo, afirmo que no sería justo amortizar los éxitos del sistema educativo soviético a beneficio de inventario. Entre sus no pocos méritos figuran: la erradicación del analfabetismo en Rusia con rapidez y eficacia, la sensatez de los planes educativos apegados a la vida real y al trabajo, la meritocracia como medio y la excelencia como fin en el proceso de aprendizaje, los sólidos cimientos de la autoridad moral y real del docente, los hitos científicos y tecnológicos de sus investigadores e ingenieros...
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En definitiva... la calidad de su educación.
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Marcos A. Díaz

jueves 3 de abril de 2008

Dólares contantes y sonantes, a cambio de buenas notas.

En Nueva York, se paga a los escolares por sacar buenas notas. ¿Motivación o soborno?
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El último grito en materia de gestión educativa, proviene de Nueva York. Desesperado por los altísimos índices de fracaso escolar entre las minorías negra e hispana, el alcalde Bloomberg se ha dejado convencer por una idea simple pero polémica: fomentar el estudio de los chicos a cambio de dólares contantes y sonantes... en resumidas cuentas, pagar al estudiante para que no abandone los estudios.

Roland Fryer, un economista afroamericano de orígenes humildes, es el diseñador de esta teoría tan peculiar, en la que ya existe toda una relación de objetivos y recompensas: si la asistencia mensual a clase es al menos del 95% de las sesiones, salimos a 25 dólares en primaria y 50 en secundaria, mitad y mitad entre padres y alumno.
En el caso de la selectividad, la familia recibe 50 dólares, tan solo porque el joven se presente al examen, y un montante de 400 si aprueba y consigue graduarse. De igual forma, se pretende repartir el botín a partes iguales entre el que ha de estudiar y los que han de velar que estudie.

Este programa llamado Opportunity NYC, se enlaza con proyectos de ayudas sociales similares en México. El país azteca es pionero en la gestión de subsidios estatales en un sistema de “prestaciones condicionadas” en el que las familias más necesitadas reciben los cheques siempre que garanticen determinados requisitos, como procurar la asistencia y puntualidad de sus hijos a la escuela y que sean sometidos a las revisiones médicas y dentales necesarias. Según los estudios realizados, los menores acogidos a este sistema mexicano de ayudas condicionadas, mejoraron su talla, peso y salud general así como su rendimiento escolar. Las familias con pocos recursos, forzadas a sacar a sus hijos de la escuela por la necesidad y ponerles a trabajar, cuentan con una ayuda extra que se ha probado útil en el contexto del tercer mundo.

¿Pero es aplicable este método a los países desarrollados, provistos de un Estado del Bienestar, donde las leyes garantizan la escolaridad obligatoria y gratuita; allí donde las leyes prohíben el trabajo infantil?

¿Acaso debe pagar el Estado a los buenos conductores por respetar las normas de tráfico? Quién sabe si el número de accidentes mortales en las carreteras descendería con la zanahoria antes que con el palo. La respuesta debiera ser no, pues razonablemente, nadie ha de cobrar por hacer lo que es mejor para sí.
Debe uno plantearse si es realmente ético aplicar a los estudiantes una teoría económica de estímulos y rendimiento del trabajo, y si no desvirtúa los valores que el joven debe desarrollar.
Debe preguntarse el legislador, el padre y el educando, si el aprendizaje es un proceso con fin en sí mismo o un medio para conseguir un fin pecuniario. ¿Cómo habrá de obtener el niño una visión amplia de su medio vital, si su esfuerzo es motivado por una recompensa económica? ¿Cómo habrá de desarrollar la inclinación por valores elevados como la curiosidad, el gusto por aprender y renovarse o la autoestima, a través de un cheque?

La iniciativa pronto ha tenido eco y ha cruzado el charco hasta la Andalucía de Manuel Chaves. Allí, mutatis mutandi, el presidente de la Junta ha prometido en campaña electoral pagar 6000 euros al año, con el fin de fomentar la continuidad al bachillerato de los alumnos que acaban la escolaridad obligatoria. Parece que erradicar el fracaso escolar a golpe de talonario adquiere un nuevo significado en los primeros años del siglo XXI.

Pagar al estudiante para que haga lo que es su deber ha sido calificado como un soborno por los detractores de Fryer y de la iniciativa del ayuntamiento neoyorquino. La disquisición se plantea en términos de pragmatismo o ética educativa.

¿Motivación o soborno?, debate abierto.

Marcos A. Díaz

miércoles 26 de marzo de 2008

Mayo del 68 y sus efectos en la educación.

“Moi, bo-bo”. Cuarenta años después.
Artículo publicado en "Asturias Liberal" (26/3/08) ,"Diario de América" (29/3/08)
,"La Nueva España" (2/4/08) y "España Liberal" (19/5/08)

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La revolución de Mayo del 68, la primavera libertaria librada a golpe de adoquín burgués, cumple 40 años. He de detenerme hoy en su impacto sobre la educación, prestando atención a algunas de sus contadas aportaciones y a sus previsibles fracasos en este sector estratégico que por algo fue el fulminante de la explosión reivindicativa. La revuelta de los estudiantes supuso un terremoto en Francia de magnitud difícilmente mensurable desde nuestros días, pero cuyos efectos se dejan sentir hoy en muchos sectores de la vida social y cultural europea.

Luc Ferry ministro de educación con Jean-Pierre Raffarin, fue uno de los primeros pensadores y políticos en hacer un llamamiento a la cordura. Se inició con él, un cambio de rumbo en las filosofías educativas “soixante-huitards” que culminan con la victoria de Sarkozy, para el que este es un tema capital de su programa. Son tres los síntomas de fracaso en el sistema francés que invitan a pensar en un diseño erróneo: los altos índices de abandono escolar, la violencia en las aulas y el remanente de analfabetismo que aún subsiste en la sociedad. Bien pudieran ser los rasgos propios de la escuela española actual y en tal medida merecen nuestra atención.

Sea la siguiente relación, un breve resumen de esas filosofías pedagógicas, mejor entendidas si se hermanan con los rasgos de la enseñanza tradicional que tratan de derogar y sustituir. A saber: Innovación dogmática vs. Tradición; Motivación vs. Esfuerzo; Libertad vs. Autoridad; Educación como preparación para la vida adulta vs. Imperio de la juventud.

1. Tradición identificada como dogmatismo vs. Innovación.
“Oubliez tout ce que vous avez appris. Commencez par rêver. “
/ Olvídese de todo lo que ha aprendido. Comience por soñar/

La pedagogía de Mayo hace tabla rasa de los “dogmas” del pasado. Significa la revuelta del individuo contra la tradición, en la creencia de que todo cuanto se transmite del pasado es malo y debe ser puesto en duda. Se olvida que una inmensa parte de los contenidos que el niño necesita para desarrollarse, no le son inducidos sino transmitidos por sus padres o maestros. Tal es el caso del dominio del lenguaje o los rudimentos culturales que le permiten coexistir en sociedad.
Así pues, esta idea troca el rol de la escuela como transmisora de conocimientos, por una trasmisora de afectos en la que el educando debe construir su realidad y protocolos de aprendizaje confiando en la espontaneidad, la inventiva y la creatividad del propio niño.

2. La motivación como fin en sí misma vs. Cultura del esfuerzo
« Vivre sans temps mort et jouir sans entrave. »
/Vivir sin tiempos muertos y disfrutar sin trabas/

Otra de las ideas heredadas del espíritu de mayo es la que afirma que la motivación previa debe conducir al nacimiento del interés del educando por la asignatura, y refugia en ese cobijo moral a las víctimas de la molicie. La pedagogía del 68 concede prioridad a la motivación sobre el esfuerzo personal del alumno, hasta hacer de ella una realidad con fin en sí misma que está por encima de los efectos que busca. Sin embargo tengo para mí, que asegurado el “enseñar deleitando” del maestro, ha de ser ese esfuerzo personal el que lleve al alumno hacia el interés, pues aquel le precede siempre y solo ha de resultar atractivo e interesante lo que previamente ha constituido un desafío.
Levemente emparentado con la motivación, vive otro legado plúmbeo del 68 más cercano del maquillaje estadístico, como es la promoción automática del repetidor y el paso de curso con dos y tres asignaturas suspensas. El mérito del joven que invierte su tiempo y esfuerzo en el aprendizaje, queda inmediatamente desnaturalizado cuando las reglas del juego cambian en favor del que sigue la cultura del mínimo esfuerzo, produciendo un efecto contagio en sus compañeros y mutando la figura del profesor en la de un animador de ocio.

3. Autoridad vs. Libertad sui generis…
“Il est interdit d'interdire.”
/Prohibido prohibir./

En su manifiesto reivindicativo, los estudiantes de Nanterre resumían lo que habrían de ser los principios pedagógicos de esa nueva universidad, metáfora y punta de lanza de la nueva escuela y la nueva sociedad libertaria. En el punto tercero del manifiesto afirma el redactor: “Los exámenes y concursos en su forma actual deberán desaparecer y ser sustituidos por una evaluación continua basada en la calidad del trabajo realizado durante todo un período. El suspenso en una asignatura, en la forma actual, no sanciona siempre la pereza o falta de aptitud del alumno sino, con frecuencia, la falta de enseñanzas.”
En efecto,”la falta de enseñanzas” y la ausencia de talento en algunos docentes, existía en el París del 68 igual que en la España de hoy día o en las stoai de la Grecia clásica. Sospechamos también de la existencia en aquellas remotas épocas de muchos malos estudiantes hambrientos de excusas a los que la abolición de los exámenes resultaba atractiva.
Sin embargo, eliminar las pruebas evaluadoras como demandaban los "bourgeois bohèmes" bo-bo's parisinos, abría las compuertas de una laxitud ingenua, de la que, curiosamente, ya estaba de vuelta la educación soviética, estricta, meritocrática y eficaz hasta extremos insospechados a despecho de lo que pudiera parecerles a los del adoquín. Una escuela sin pruebas y citas solemnes en las que el educando haya de rendir cuentas del propio esfuerzo, es la metáfora de un mundo adulto en el que prima una libertad no reglada, mal entendida y que conduce al joven a bajísimas cotas de tolerancia a la frustración cuando no quedan satisfechos sus caprichos y objetivos.

4. Imperio de la juventud vs. Educación como preparación para la vida adulta.
« Cours camarade, le vieux monde est derrière toi. »
/Corre camarada, el viejo mundo está detrás de tí. /

La última de las aportaciones del M68 es el culto a la juventud. El escolar es bombardeado, con la inestimable colaboración de la sociedad de la información, con la idea de que hacerse mayor es sinónimo de decadencia y decrepitud en lugar de experiencia y sabiduría. Por ello vive de acuerdo con los preceptos de Peter Pan en una escuela que en lugar de prepararle para la transición a la vida a adulta, le predispone en contra de un mundo de los adultos en el que se niega a integrase y en el que sólo ingresa tarde, mal y a regañadientes.

El idealismo de los estudiantes de mayo nos dejó hermosas sentencias anónimas pintadas sobre los muros de París. Una de las más bellas es:

“seamos realistas, pidamos lo imposible”…

Una humilde enmienda retrospectiva: "seamos idealistas, pidamos una educación realista”.

Marcos A. Díaz

viernes 15 de febrero de 2008

Los niños perdidos de la LOGSE.

18 años después del suicidio educativo de la España contemporánea...

El treintañero que esconde con rubor una falta de ortografía en un e-mail o la excesiva tardanza en dividir la cuenta entre los comensales de la cena, lleva como galones el no pertenecer a esa nueva hornada: “Yo estudié el BUP, a mí no me tocó la LOGSE...” aclara rápidamente. Otros, por la juventud de los rasgos, el ceño fruncido ante la letra impresa o por una inexplicable buena opinión de sí mismos, no pueden esconder que son los niños de la LOGSE. De forma natural inspiran desconfianza en aquel pobre usuario al que deben instalar un enchufe o reparar una cañería. No menos suspicaz se muestra el patrón para el que trabajan que nota la suficiencia y la soberbia, heredada de los tiempos escolares y del perdido respeto al maestro.
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La LOGSE empapa a toda la sociedad desde hace casi dos décadas y el niño de ayer se ha convertido en el hombre de hoy. No sólo los electricistas y los fontaneros... LOGSE son los nuevos profesionales liberales. LOGSE los médicos de la sanidad pública. LOGSE los que diseñan los viaductos y los puentes. LOGSE el abogado, el árbitro de fútbol y el práctico de puerto. Los manipuladores de alimentos, los pilotos de combate, el cura, el maestro y el sargento de la guardia civil. LOGSE el padre, el hijo y el espíritu santo. Incluso los políticos de las nuevas generaciones... ¡ay!..., también son de la LOGSE.
Aquellos que en 1990 eran partidarios de la reforma educativa, la vieron llegar, implantarse y con el tiempo fracasar en sus nobilísimas intenciones. Hoy se aducen varias excusas para el batacazo educativo nacional: la ausencia de una ley de acompañamiento presupuestario, los cambios habidos en la sociedad en las dos últimas décadas, el signo de los tiempos... Sin embargo, lo cierto es que la LOGSE falló por una filosofía errónea. La misma filosofía que empapaba a su gemela en Francia y que provocó unos efectos parejos en el país vecino. Cuando esos efectos nocivos se dejaron notar allí, España siguió la senda del “in errore perseverare” que es una máxima histórica nacional habitual.
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La LOGSE fracasó porque introducía el concepto de la promoción automática de curso que mata la idea de esfuerzo y superación como medio para alcanzar todo fin...
La LOGSE fracasó porque en lugar de permitir al profesorado concentrarse en sus tareas docentes lo sepultaba bajo una burocracia de papelotes inútiles.
La LOGSE fracasó porque instauró un bachillerato de dos años que es el más breve del mundo cronológica e intelectualmente...
La LOGSE fracasó porque destruyó la meritocracia y el afán de superación entre el profesorado al eliminar el cuerpo de catedráticos y la legítima posibilidad de promoción...
La LOGSE fracasó porque extendía la obligatoriedad de la enseñanza hasta los 16 años (muy bien) sin eliminar la comprehensividad en las aulas en los cursos más altos (muy mal).

La fonética gutural de estas siglas funestas, ha escapado del ámbito legislativo y ya pertenece a nuestro acervo popular como sinónimo de cuanto es feble y mediocre, de ignorancia autocomplaciente, agrafía, alalia, laxitud en el rendimiento y permisividad en su estimación. La innombrable ley ha servido para etiquetar a toda una generación de españolitos que llevan en la frente como el signo de Caín el estigma de ser los niños de la LOGSE. Nunca antes se había producido el fenómeno sociológico de que el nombre de una ley sirviese para representar el esperpento de la vida cotidiana, la oquedad de contenidos y el fracaso.
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18 años después se hace evidente que quienes estamparon su firma en aquel mes de octubre de 1990 sobre la malhadada ley hicieron más perjuicio a la nación que los ejércitos de Napoleón, la invasión islámica de 711 o la peste negra. No olvido la vergüenza que merecen aquellos que tras 8 años al timón no tuvieron las agallas de mirar a la cara a sindicatos, iluminados sesentayochistas, comunidades autónomas de hecho diferencial inflamado, y atajar las deficiencias que ya entonces se empezaban a percibir.
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Trabajo costará desandar el camino por el que la ley de Javier Solana nos ha obligado a transitar. Su espíritu y errores, sobreviven en la vigente LOE corregidos y aumentados y no son, por desgracia, un buen augurio para que los niños de la LOGSE puedan ser algún día padres de una generación que los redima.
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Marcos A. Díaz

lunes 4 de febrero de 2008

Fulbright, el Plan Marshall de la Educación.


Si la paz entre las naciones se pudiese comprar con dinero, el modo más eficiente de invertirlo sería en la educación de sus ciudadanos y futuros líderes. Eso debió pensar el Senador norteamericano J. William Fulbright en 1946.

El Senador fue un personaje con luces y sombras en su dilatada vida política. Senador demócrata por Arkansas... opositor al McCarthysmo y la caza de brujas en los años 50... segregacionista convencido al más puro estilo sureño... partidario del multilateralismo y de la creación de la ONU... Hoy miles de estudiantes de todo el mundo le recuerdan por el programa de becas que lleva su nombre.

La Fulbright Act, autorizaba a la Secretaría de Estado a vender el material de guerra excedentario en ultramar y usar esos fondos en una curiosa causa: el intercambio de estudiantes y profesores con el fin de “fomentar el entendimiento mutuo entre el pueblo de los Estados Unidos de América y los pueblos de otras naciones”. Se favoreció el flujo de personas, conocimiento y habilidades dinamizando así la investigación, el desarrollo y la innovación a la par que el contacto entre diferentes culturas.
El proyecto, financiado en su origen enteramente con dinero público norteamericano, ha ido sumando a lo largo de las décadas a cientos de instituciones privadas que colaboran en el esfuerzo de esta causa y a otros Estados como el nuestro. Precisamente se cumple en octubre de 2008 el 50 aniversario del acuerdo de intercambio cultural entre España y los EE UU que abrió las puertas de las universidades americanas a tres generaciones de españoles.

El apellido e iniciativa del senador quedarían difuminados en 1947 por el de un notable colega, que si bien perseguía el mismo objetivo de la cooperación y el desarrollo, lo hacía en el ámbito de la reconstrucción material, no en el de las ideas. Todos los libros de historia recuerdan al Plan Marshall que en junio pasado ha cumplido 60 años, como un impulso imprescindible en la resurrección de Europa Occidental. Sin embargo dejan en penumbra la labor del programa Fulbright que no quedó circunscrito al ámbito europeo como el primero y cuya vigencia en el tiempo llega hasta nuestros días.
El programa sigue actuando seis décadas después de su fundación en más de 140 países y cuenta entre sus ex-alumnos becados a 36 premios Nobel de todas las disciplinas y nacionalidades. Nuestro Erasmus europeo, no es más que un joven veinteañero que le debe todo en su diseño y estructura a la beca del Tío Sam.
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Es probable que el programa Fulbright y sus epígonos europeos, el mencionado Erasmus y el Leonardo, hayan hecho más por el entendimiento entre las naciones que la diplomacia, los equilibrios de poder y las instituciones multilaterales. Cada graduado que regresa a su país natal desde el que ha sido su escuela y hogar, lleva en la maleta algo más que un diploma y una oportunidad de promoción. Lleva la tolerancia al diferente que esperó de sus anfitriones. Lleva también el recuerdo de su lengua, de las horas compartidas que renacen en cada oportunidad que alguno de ellos se cruza en su camino. Lleva la necesidad de instilar este sentimiento en sus hijos y compatriotas y de salir al paso de los estereotipos injustos.

Las iniciativas de hombres como el senador Fulbright y de los países que las sostienen representan la mejor forma de exportar la democracia y el racionalismo. Cada líder del futuro que forja su carácter, destrezas y espíritu en el contacto con el que es distinto, importa así a su país sin apenas reparar en ello, todo lo útil y válido, todo lo bello y lo bueno que ha visto en su viaje.

Marcos A. Díaz

martes 22 de enero de 2008

De los buenos maestros... y de los que son mejorables.

Docentes mediocres y fracaso escolar.
Artículo publicado en "Asturias Liberal" (24/1/08)
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¿Piensa Ud. que la ineptitud, incuria o inexperiencia del docente es la causa real de los problemas escolares de su hijo?

La tentación de descargar la responsabilidad del fracaso escolar sobre los hombros del docente es deliciosa. Es un cosquilleo abdominal, placentero y aliviante que redime los pecados.
La sociedad postmoderna del padre-amigo, que compra sosiego e inhibición con un billete 20 euros y bosteza ante la telebasura... la sociedad del aquí y ahora que desea ser exonerada de cualquier responsabilidad y a la que la educación del niño pesa y molesta como piedras en los bolsillos... esa sociedad descreída y desnuda de valores, está atenazada por la mala conciencia y necesitada de un chivo expiatorio: pobre maestro... ¿qué ha hecho él para merecer esto?
También hay para el legislador educativo... el desertor de la tiza, el iluminado del mayo de vino y rosas, a ese forofo de la escuela comprehensiva, del igualitarismo por decreto y escéptico enemigo del esfuerzo... A ese le faltan pocas excusas para perseverar en el error de políticas pasadas ante los rebuznos de asentimiento del respetable.

Ahora bien, sres. docentes, maestros, profesores, catedráticos... amigos todos. Tras repartir algo de cera en una justa defensa, llega el momento de hacer acto de contrición como colectivo. Cuantos recordamos haber recibido clase alguna vez, conocemos la diferencia entre el profesor que despertaba las inquietudes y el somnífero. Quien potenciaba los talentos y estimulaba las vocaciones y aquel efectivo remedio contra el insomnio.
En la docencia, como en cualquier oficio, hay buenos y malos maestros y por ello siempre he odiado el corporativismo profesional y a aquellos que jamás consideran responsable a su gremio de nada negativo. Es el “hoy por ti, mañana por mí” que solo sirve para enquistar los problemas derivados de la mala praxis. La intuición dice que se puede hacer mucho para mejorar el nivel de los docentes y los resultados que se obtienen de sus alumnos.

Los mejores sistemas educativos, reclutan a los mejores docentes. Este parece ser el resumen que extrae la consultora Mckinsey del informe PISA del año pasado y que el diario The Economist sanciona y eleva a rango de ley: “Mejore al docente en todo parámetro, y el sistema educativo mejorará con él”. Tal es el lema del podium de países que lideran año tras año este programa de la OECD recurrentemente: Canadá, Finlandia, Japón, Singapur, y Corea del sur, como de costumbre.

Los países anglosajones llevan tres décadas inyectando dinero en sus sistemas educativos sin resultados aparentes de mejoría. El informe asegura que invertir más dinero y horas lectivas no es el remedio universal: Singapur gasta menos que la media, y sus niños arrasan en mates; los Finlandeses dominan en comprensión lectora entrando al cole más tarde que los demás y permaneciendo en él menos horas. Así pues, la diferencia entre buenas y malas escuelas no reside tanto en el dinero y tiempo invertido, como en otros factores de gestión estructural. ¿Cuáles? Estos países saben atraer a la enseñanza a los titulados con mejor expediente.

Dato relevante. En los países con resultados escolares óptimos, el gremio docente goza de un estatus social elevado, un respeto reverencial del conjunto de la sociedad y la adhesión inquebrantable de legisladores y padres.

Para comprender el cómo, hay que empezar por el dónde: Corea del sur. Allí, se suma la tradicional visión confucionista del aprendizaje y su veneración al maestro, con el hecho de captar para la función docente a los mejores titulados de cada promoción. Las escuelas de magisterio, cuentan con numerus clausus estrictos y planificados de acuerdo a las necesidades demográficas del país y sus índices de natalidad. Se exige del candidato, un expediente académico excelente y una nota de corte muy alta, ya que las universidades que ofertan esta titulación son muy pocas en todo el país y muy elevada la competencia entre aspirantes.
No todos los países se parecen en este rigor. En EE UU y la mayor parte del mundo occidental, solo terminan ejerciendo la docencia los expedientes más mediocres del último tercio de la promoción. Los más brillantes son atraídos por los altos salarios de la empresa privada y solo una minoría de vocación extrema recala ante la pizarra. ¿Es o no entonces, una cuestión de dinero? Es más bien una cuestión de cómo invertir el dinero del que se dispone.

Los ministerios de educación saben que no pueden permitirse tener a los mejores en el oficio y tratan de solucionar el problema reduciendo las ratios de alumnos por aula. El problema reside en que un mismo presupuesto con ratios más bajas, implica un incremento del número de profesores necesarios y una disminución a la larga de sueldo y estatus social, lo que perpetúa el problema. Corea, de la que hablábamos antes, ha decidido emprender el camino contrario y no le ha importado doblar las ratios de 17 a 30 alumnos por clase, repercutiendo el dinero ahorrado en salarios más altos para los docentes.

La responsabilidad de la situación terrible de la educación pública es sin duda compartible por los actores que en ella intervienen: Familia, Legislador y Escuela. España cuenta hoy en la instrucción pública con los docentes mejor preparados y especializados de toda su Historia, sin embargo no debe ofender a nadie el recordatorio de sus carencias y la comparación con naciones más eficientes y exitosas en la gestión escolar.

Me quedo con dos de las recetas que aporta la consultora McKinsey.
Primero: el tamiz con el que los Estados deben seleccionar a sus maestros tiene que hacerse más estricto; tanto más estricto, cuanto menor sea la edad del niño y por consiguiente más irreversibles los efectos de una mala praxis.
Segundo: Estos deben ingeniárselas económica y laboralmente para atraer y conservar a las personas más notables de cada carrera y promoción, para que abracen la profesión docente en lugar de una rentable carrera en la empresa privada.

Nunca he olvidado a los buenos maestros que tuve de niño. Aún trato de emular su seguridad, su energía desbordante y aquel torbellino de saber encerrado en una bata blanca manchada de tiza... Por desgracia, al autor de estas líneas, lo mismo que al sistema, aún le queda mucho camino que recorrer.

© 2008, Marcos A. Díaz

viernes 14 de diciembre de 2007

Las Grammar Schools inglesas: ¿La esperanza del pobre?

La escuela selectiva pública: tabúes y realidades.
Artículo publicado en "La Nueva España" (21/12/07), en "Libertad Digital" (12/03/08) y en "Diario de América" (10/5/08)

Uno de los grandes debates seculares sobre la organización escolar es la dualidad entre escuela comprehensiva y escuela selectiva.
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La primera reúne a chicos con distintas capacidades, talentos y trayectorias y los escolariza en el mismo aula. Conviven pupitre con pupitre mil y una personalidades hermosas e irrepetibles: la cerebrito de las mates antipática y repipi pero con buen corazón, el lider amigo de todos, el chaval que no entiende los textos que lee, el otro que a duras penas ha roto a leer... Este a su vez al lado del piloso repetidor, dos años mayor que el resto y la chica inmigrante por la que aquel suspira en vano. Todos con el deportista, la alumna del conservatorio, el que cuenta por los dedos y el pandillero juvenil. El creativo con el sistemático, el pasota con el responsable, el maduro con el cándido... Dado que no todos somos iguales y que es en la pluralidad precisamente donde reside la riqueza, el aula es un microcosmos reflejo del mundo real y un perfecto laboratorio de socialización .

Sin embargo debemos ser tan justos con los inconvenientes de la escuela comprehensiva, como con sus ventajas. El profesor de Matemática o el de Historia debe ponderar las distintas capacidades de sus alumnos, de forma que ninguno quede rezagado. Distintos ritmos de aprendizaje suelen suponer en la práctica, descender al más lento de ellos pues el nivelado nunca es por elevación sino por rebajamiento. La triste consecuencia es que muchas potencialidades queden sin optimizar y mal explotados grandes talentos.

Un ejemplo de esta filosofía educativa es el sistema español. El gremio docente, en general prefiere la escuela comprehensiva a la selectiva. Esta es considerada segregadora y germen de desigualdades y rencor social. No obstante el resultado es paradójico. Precisamente no aplicar la selección de alumnado, es lo que genera más desigualdad e injusticia social. Cuando un joven brillante de familia pobre, solo cuenta con la escuela comprehensiva pública como único ascensor social, el privilegio de la educación selectiva y la excelencia se convierte en un lujo de ricos. ¿Es algo inevitable? Ciertamente no, ya que en Inglaterra hay un sistema llamado Grammar Schools, bastante eficaz en este punto.

David W. es inglés y estudiante de la Universidad de Liverpool. Tiene 20 años, procede de una familia humilde y a día de hoy, es auxiliar de conversación del Instituto donde trabajo. Parte de su formación lingüística, consiste en pasar este año en España como lector de inglés.
Su carácter agradable y accesible, resulta tan alejado de los estereotipos que se cuentan de sus compatriotas, como poco común a su edad. A pesar de su juventud, se nota enseguida que es un tipo espabilado; las ideas claras, ojos y oídos alerta y el ingenio despierto. Con apenas dos años de español a sus espaldas, ya se maneja en nuestro idioma con una destreza impropia del anglosajón y en la que mezcla buenas dosis de humor y perspicacia.

David, recibió su educación secundaria, de la que aún guarda un vívido recuerdo, en el sistema público de su país. Él, como tantos otros chicos británicos ha crecido en la atmósfera de la escuela selectiva. Al cumplir los 11 años, el Estado les somete a un examen estándar de lengua y matemáticas para comprobar lo que han aprendido durante la primaria.
Este test, llamado eleven plus por la edad de sus examinandos, supone la primera cita del niño inglés con el concepto de responsabilidad y la idea de rendir cuentas de los propios actos. Con cierta contención británica, David me explica cómo su madre exigía el máximo esfuerzo de él y sus dos hermanos para cumplir en el 11+, y la importancia que esta cita tenía desde la más tierna infancia para la familia. De ello dependía poder entrar en una Grammar School o conformarse con una escuela comprehensiva. Lo cierto es que aunque muchas voces se elevan en su país y en el nuestro contra la idea de examinar a los niños a tan tierna edad, David no parece muy traumatizado por tan espantoso trance.

Una Grammar school recibe dotación presupuestaria adicional a la de una escuela comprehensiva y sus criterios de selección de alumnos, son estrictamente los de mérito y capacidad reflejados en el test 11+. Sus alumnos se distribuyen en cada curso en diferentes grupos siguiendo el orden decreciente de sus medias académicas. De acuerdo con esta filosofía, quien obtiene mejores notas puede progresar al año siguiente a una clase de mejor nivel... merito y capacidad para entrar en la institución, mérito y capacidad para promocionar en ella: si estudia, ascenderá a una clase mejor para sus intereses, con un ritmo de aprendizaje ajustado a sus capacidades y la competencia con compañeros del mismo perfil que estimulará su rendimiento.

El legislador británico quiso defender con esta doble vía de escolarización el derecho del pobre a la excelencia educativa cuando demuestra talento. Segregar los itinerarios educativos dentro de la educación pública es una garantía de cohesión social y no una vía de división como arguyen sus detractores.

El debate entre escuela comprehensiva y escuela selectiva sigue abierto en el Reino unido como en España y otros muchos países. Toda su compleja realidad se resume en una disyuntiva. ¿Mediocridad a través del Igualitarismo, u oportunidades mediante la excelencia?


© 2007, Marcos A. Díaz

jueves 8 de noviembre de 2007

Educación bilingüe de calidad.

Se busca profesor bilingüe...
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Resulta interesante viajar por el continente europeo y comprobar el nivel de inglés en unos países y en otros. Es no menos curioso el vínculo entre índices altos de anglofonía, un sistema educativo eficiente y unas cifras exitosas de desarrollo y productividad. Al aterrizar, ya de vuelta en España, uno se plantea: ¿En qué lugar están los niveles en nuestro país? ¿Es el español medio, un buen locutor de inglés? Si tomásemos al azar a 20 jóvenes españoles entre 18 y 28 años y los enfrentásemos en singular combate lingüístico a grupos idénticos en número y edad procedentes de Holanda, Dinamarca, Alemania o Finlandia seguramente los resultados nos sacarían los colores. Antes de los 20 años, porcentajes altos de ciudadanos de estos países leen, escuchan y ven cine en inglés; hasta los 45 trabajan y comercian en este idioma por pura necesidad de competencia laboral; los de 65 o menos mantienen un nivel que les permite expresarse con fluidez e incluso las personas mayores tienen algún rudimento que chapurrean llegado el caso. Hay que remontarse a las más veteranas generaciones, para encontrar la alalia anglófona que profesan aquí nuestros jóvenes. ¿Qué podemos asimilar de la experiencia educativa de estos países y cómo podríamos llevar su receta a la práctica en el nuestro?

Padres de familia y ministros de educación por este orden, (pues estos no son nada sin aquellos) van tomando conciencia ya, de la menesterosa situación idiomática en la que están sus tutelados en la educación pública. La maquinaria de la enseñanza bilingüe se pone en marcha poco a poco y que nuestros niños hablen inglés como lo haría un holandés es solo cuestión de tiempo, aunque ignoro si ese tiempo será de una generación o nos llevará más.

La clave para hacer más breve ese lapso y mejorar los resultados, no debe pasar necesariamente por incrementar el número de horas de la asignatura al cabo de la semana lectiva. Mejorar el nivel en un idioma extranjero implica vivir una inmersión lingüística cotidiana. Un laboratorio que proporcione desde la escuela, la visión de la vida a través del cristal de la nueva lengua. El inglés debe pasar de asignatura, a herramienta de trabajo. Un medio razonable y probado en otras naciones, es la impartición progresiva de algunas asignaturas no instrumentales, en la lengua objeto de la inmersión.
Esta filosofía es la idea motriz del proyecto AICLE (aprendizaje integrado de contenidos en lengua extranjera) que a pesar de contar con una larga tradición en los países mencionados más arriba apenas lleva un lustro de tímida trayectoria en España, casi siempre a través de centros pilotos y sin la verdadera ambición de ser generalizado.

Los responsables educativos se encuentran con el mal endémico que este proyecto trata de paliar en la sociedad al intentar llevarlo a la práctica: la falta de profesionales con dominio del idioma. Faltan profesores especialistas que sepan y puedan impartir sus respectivas disciplinas en lengua extranjera. La Consejería de Educación del Principado de Asturias, ha realizado recientemente entrevistas para seleccionar a los candidatos mas adecuados. Estos provienen de una bolsa de trabajo abierta con el fin de cubrir la falta de profesorado competente planteada por los centros bilingües. La oferta de la administración superó ampliamente a la demanda del profesorado en los puestos de inglés; las cifras de maestros y profesores francófonos disponibles fueron incluso más decepcionantes..

Me resulta altamente preocupante, que las energías presupuestarias se pierdan en habilitar más y más centros bilingües perdiendo de vista la adecuada y suficiente formación que los profesores necesitan para rendir este servicio. No hablamos de cursillos de 100 horas, sino de multiplicar los convenios para estancias en el extranjero, prácticas en centros del exterior, y crear un perfil estandarizado del profesor AICLE. Todo eso cuesta dinero, y mientras la educación bilingüe no cumpla unos estándares de calidad, cada centro que se habilite para este fin no será más que un gesto bienintencionado de cara a la galería.

El inglés es la lingua franca de nuestros tiempos. Su dominio en las cuatro destrezas comunicativas es imprescindible para competir en pie de igualdad en un mundo globalizado. Las familias lo saben y lo demandan. Los responsables en política educativa tienen una tarea que cumplir: manos a la obra.


© 2007, Marcos A. Díaz

martes 23 de octubre de 2007

Los Diez Mandamientos de la Educación para la Ciudadanía.

Decálogo del hombre nuevo.
Artículo publicado en "Asturias Liberal" (26/11/07)
    Lo que sigue a continuación, es una caricatura sobre las píldoras incluidas por algunas editoriales en sus textos de Educación para la ciudadanía. De la ley, a los libros de texto. De las elevadas ideas de paz, democracia y libertad en la cabeza del legislador, a la propaganda del comisariado político. De cómo pasamos de las musas al teatro, en menos de horas veinticuatro: tómese a un joven cualquiera de no importa qué edad, sexo o condición y sométasele a los siguientes contenidos de EpC, que no estando en el menú, han terminado en el plato.

    1º- El Estado es tu amigo, y es mentira que quiera controlar todos los aspectos de tu vida, incluida tu forma de pensar. Debes confiar en él; él sabe lo que te conviene. Papá Estado te quiere, Papá Estado te cuida, Papá Estado te mima.
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    2º- Si tu otro papá (el de verdad) te impone autoridad, horarios y normas mientras vivas en su casa, es porque es un reaccionario que no te comprende. Te está negando tu derecho a explorar el mundo y a equivocarte por ti mismo.
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    3º-Si alguna asignatura no te gusta, no tienes por qué esforzarte en aprenderla. Eres autónomo y no es bueno para ti aceptar órdenes de nadie. Ni de tus padres en casa ayer, ni hoy de tus profesores en el instituto, ni mañana de tu jefe en el trabajo. Si en el futuro tu jefe te llama la atención, con razón o sin ella, deberás reaccionar entonces como lo haces ahora: con la sana crítica reivindicativa del “hombre nuevo” y una renovada confianza en Papa Estado. La única asignatura que debes observar sin objeciones y sin objetar, es la educación para la ciudadanía. Acuérdate del artículo primero.

    4º-Si tu compañero, respeta los horarios, la autoridad de sus padres y alberga una insana costumbre por esforzarse y mejorar, no es un buen ejemplo para ti pues no es más que un resignado lacayo. Cuando alguien saca buenas notas con su esfuerzo y dedicación rompe el necesario igualitarismo que debe regir a la sociedad. Las notas únicamente sirven para acentuar las desigualdades por eso todo el mundo debe aprobar, lo haga bien o mal. Debes albergar un enconado rencor social, no por los diseñadores de este sistema educativo, que no tendrán ninguna culpa en tu futura situación, sino por él y los que como él ambicionan de forma abyecta la desigualdad.

    5º- La historia del mundo se reparte entre los buenos, partidarios del progreso y los malos, seguidores de la reacción. Los reaccionarios están empeñados en detener el progreso y que las cosas se queden tal y como están. Si alguna vez escuchas por ahí, que la vida es más compleja que una peli de buenos y malos, o que los buenos no siempre se portaron bien ni los malos mal, no te lo creas. Piensa en cual de las dos teorías es más fácil de entender, y asimílala.

    6º- Lectura de la interpretación de la Historia Contemporánea, según la editorial X. El socialismo soviético fue algo bueno, porque trajo a Rusia el “régimen de igualdad y libertades colectivas” que no tenían con el Zar. Trajo la democracia que habían inventado los antiguos griegos y la puso en práctica mejor que los Estados Unidos. Las revoluciones son buenas y necesarias, y si Robespierre o Lenin cometieron algún exceso sin importancia no debes tenerlo en cuenta. Al fin y al cabo se hizo en nombre del progreso y por ello debes aplicar el artículo 5º.

    7º- Occidente en general y los EE.UU. en particular son responsables de las desigualdades y la pobreza del mundo, del cambio climático y del toro que mató a Manolete. Debes adoptar como referente a otros modelos de civilización. Sobre todo aquellos que se caractericen por su amor a la paz, las libertades individuales, el racionalismo y la democracia. Por ejemplo, la China socialista, Corea del Norte, Cuba, cualquiera de las teocracias islámicas o de las repúblicas bananeras que en el mundo son y están.

    8º- El libre mercado es malo porque engendra desigualdades. Es preferible el intervencionismo estatal que pretende repartir la riqueza antes de haberla creado. Debes poner siempre la igualdad por delante de la libertad, aunque así no consigas ni la una ni la otra.

    9º- La globalización es resultado de una conspiración que las empresas multinacionales buscan para que los negritos del África sigan siendo pobres mientras ellas continúan ganando mucho dinero. Los movimientos antiglobalización combaten denodadamente contra la pobreza cuando ponen trabas a la producción de la riqueza. Ejemplo de este estilo de lucha es el de Naomi Klein, firme defensora de la Tasa Tobin, y opuesta a la producción incontrolada de riqueza siempre que no afecte a los libros que ella escribe y vende como rosquillas. O el de José Bové, héroe de los agricultores franceses: le horroriza el libre mercado al que responsabiliza de la pobreza de Africa y a la vez apoya las subvenciones a sus paisanos por parte de la PAC y el consiguiente dumping que arruina a sus competidores del tercer mundo. Ambos son citados y elogiados en los libros de la editorial X como modernos Robin Hoods.

    10º- No debes preocuparte por el día de mañana porque acabarías pensando en tu lado trascendente, en leer, en actualizar tu información... cosas que estresan demasiado. Disfruta del presente, la noche es joven. Relájate y en caso de duda aplica siempre el artículo 1º.


    Lo que ha leído aquí, puede ser su credo vital o la peor de las estafas. En cualquier caso, habrá de ser usted quien explique una cosa o la contraria a sus hijos. ¿Es lícito manipular las conciencias de los hijos de otro? ¿Es tolerable vender como verdad inamovible lo que es una opinión? ¿Cuál es y cuál debe ser el papel del Estado en la forja de las ideas individuales? ¿Cuál es el significado último de la palabra“ciudadanía”?


    © 2007, Marcos A. Díaz

    miércoles 26 de septiembre de 2007

    El señor tomará,... ¿Ciencias o letras?

    La formación integral del individuo en la enseñanza secundaria.
    Artículo publicado en "La Nueva España" (25/1/08) y en "España Liberal" (1/6/08)

    Escoger a los 15 años el itinerario de los estudios futuros es un difícil trance, pues toda tu vida futura depende de ello. Talentos, temperamentos, inclinaciones y sabios consejos de sus mayores, orientan y desorientan al joven por una rama u otra del saber. El escenario tiene algo de dirigismo y casualidad, una pizca de lucidez y mucho de suerte: tres de cada cuatro chavales viven perdidos en el mar de confusión, hormonas y desasosiego propio de su edad. Unos van a equivocar el camino y terminarán por dar marcha atrás, otros sencillamente no saben qué hacer con sus vidas y se dejarán llevar por la corriente, la intuición o la venada. Las vocaciones mudan con rapidez pasmosa: hoy abogado, mañan