La educación en el exterior (I)
Artículo publicado en "La Nueva España" (27/06/07), "Asturias Liberal" (28/06/07), "Diario de América" (28/06/07) y en "España Liberal" (28/06/07)
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Desde hace décadas, las naciones europeas de nuestro entorno se han tomado como objetivo con fin en sí mismo, la difusión de sus respectivos idiomas y los valores culturales que les son propios. Ambos productos se sustancian a largo plazo en beneficios para sus economías e influencia política y diplomática en el tablero internacional.
Uno de los medios empleados en este propósito por Alemania, Francia y Gran Bretaña, es el desarrollo y sostenimiento en los cinco continentes de una tupida red de centros educativos estatales. En ellos se escolariza cada año a miles de jóvenes, nacionales emigrados y extranjeros, conforme a los planes de estudios, valores y lengua propios de cada una de ellas. Liceos Franceses o Colegios Alemanes, subvencionados o de titularidad estatal, representan un reclamo comercial para sus familias por el mero prestigio que sus respectivas naciones e idiomas representan.
La promoción de la hispanidad en el extranjero, es un activo de alta rentabilidad cultural y económica para nuestro país cuyo aprovechamiento, a diferencia de las naciones mencionadas más arriba, no está siendo optimizado por los poderes públicos. La poca inversión existente en este sector económico queda circunscrita en un 90% a los centros públicos del exterior.
Talentos bien invertidos. Los colegio alemanes y los liceos franceses.
Al igual que el protagonista de la parábola de los talentos, España parece no saber explotar un don de incalculable valor como es su lengua. Al contrario que él, España no ha recibido una única moneda sino un verdadero tesoro: un idioma universal con más de 400 millones de hablantes. Como el mal siervo de la parábola, entierra cicatera ese talento en lugar de acrecentarlo, donde otros menos afortunados no dudaron en darse lustre y difusión.
El Estado Alemán, cuyo idioma hablan 90 millones de locutores, ostenta la titularidad de 117 colegios en los más remotos lugares del globo. Todos funcionan con arreglo a un plan de estudios híbrido del país de referencia y el alemán, y comparten con otros centros subvencionados esa prestigiosa nomenclatura de “Colegio Alemán”. Además de las enseñanzas elementales y medias, la difusión de la lengua ocupa un lugar central a través de los 177 centros del Göethe-Institut, entidad con cerca de medio siglo de trayectoria.
Los franceses naturalmente no se quedan atrás, y haciendo honor a la notable difusión de su lengua y cultura en todo el mundo, financian 270 liceos franceses, repartidos en 166 países y con una especial implantación en Hispanoamérica. Además, la Aliance Française, equivalente de nuestro Instituto Cervantes, dispone de 1071 delegaciones autorizadas para la enseñanza y expedición de títulos homologados de francés. En estas instituciones el Estado galo solo representa el 5% de la financiación siendo significativo que el marchamo “lengua francesa” sea suficiente para hacer rentable las iniciativas privadas destinada a su impartición y aprendizaje.
Con ese esfuerzo económico, ambos países no compran materias primas ni engrasan voluntades de políticos locales; no venden automóviles, trenes de alta velocidad o productos químicos. Consiguen algo más importante y trascendente en lo que han tenido la visión de implicarse: venden intangibles grandezas, compran prestigio e influencia a través de la enseñanza nacional y en segundo término del valor de su idioma. Su lengua, cultura e influencia queda incardinada en los jóvenes extranjeros que crecen hablándola, empapados de su historia, hábitos, modos, costumbres...
Estas cifras convierten en raquíticos los modestos medios de los liceos españoles, que representan en el exterior no a 40 millones de compatriotas sino a 400 millones de hispanohablantes.
El sector público y el privado en la enseñanza exterior.
Otra tara en el desarrollo de la acción educativa española en el exterior es la falta de interlocución y coordinación entre el sector privado y el Estado. Los mejores agregados culturales de nuestras embajadas son los liceos españoles ya sean públicos o subvencionados. El apoyo e incentivo a las instituciones educativas privadas establecidas fuera de nuestras fronteras debiera ser tratado con especial mimo por el poder público, en tanto en cuanto éstas ejercen como nuncios de nuestra cultura desde los cimientos de los futuros ciudadanos extranjeros.
Muchas empresas educativas de proyección internacional, tanto en las enseñanzas elementales y medias como en la universitaria, son españolas o de origen español. Este es el caso de la Institución SEK, expandida en 11 países en los que ha abierto 16 colegios y 3 universidades; centros regidos, como es natural, con arreglo a los planes de estudio de cada país en los que están establecidos. A pesar de la implantación internacional de empresas como esta bajo el reclamo del español y la hispanidad como atributos de prestigio, sus centros no siempre expiden títulos homologados por el Estado español, algo que atraería este capital humano a nuestro país a largo plazo para continuar estudios superiores. Paradójicamente sólo existen 10 centros privados españoles en el extranjero autorizados a impartir enseñanza reglada española con sus consiguientes titulaciones.
El Estado invierte poco y mal en la proyección internacional de la Educación española y en español, desaprovechando un activo que se vende por sí mismo. El 90% de la acción educativa en el exterior es sufragada por el Ministerio de Educación estableciendo un escaso contacto con las empresas privadas del sector que cuentan ya con infraestructuras y tradición fuera de nuestras fronteras.
La audacia y sagacidad que han demostrado nuestros vecinos europeos en la exportación de sus valores a través de la educación son notables. No lo es menos la demanda de educación española en el extranjero que va pareja con el peso que la comunidad hispanohablante adquiere en el mundo actual.
Es por ello que las autoridades educativas pueden y deben aprender de tales ejemplos, aprovechar esas ventajas y aliarse con las empresas españolas del sector educativo exterior para la explotación de un recurso tan rentable hoy como mal administrado.
Un recurso al que llamamos Hispanidad.
Uno de los medios empleados en este propósito por Alemania, Francia y Gran Bretaña, es el desarrollo y sostenimiento en los cinco continentes de una tupida red de centros educativos estatales. En ellos se escolariza cada año a miles de jóvenes, nacionales emigrados y extranjeros, conforme a los planes de estudios, valores y lengua propios de cada una de ellas. Liceos Franceses o Colegios Alemanes, subvencionados o de titularidad estatal, representan un reclamo comercial para sus familias por el mero prestigio que sus respectivas naciones e idiomas representan.
La promoción de la hispanidad en el extranjero, es un activo de alta rentabilidad cultural y económica para nuestro país cuyo aprovechamiento, a diferencia de las naciones mencionadas más arriba, no está siendo optimizado por los poderes públicos. La poca inversión existente en este sector económico queda circunscrita en un 90% a los centros públicos del exterior.
Talentos bien invertidos. Los colegio alemanes y los liceos franceses.
Al igual que el protagonista de la parábola de los talentos, España parece no saber explotar un don de incalculable valor como es su lengua. Al contrario que él, España no ha recibido una única moneda sino un verdadero tesoro: un idioma universal con más de 400 millones de hablantes. Como el mal siervo de la parábola, entierra cicatera ese talento en lugar de acrecentarlo, donde otros menos afortunados no dudaron en darse lustre y difusión.
El Estado Alemán, cuyo idioma hablan 90 millones de locutores, ostenta la titularidad de 117 colegios en los más remotos lugares del globo. Todos funcionan con arreglo a un plan de estudios híbrido del país de referencia y el alemán, y comparten con otros centros subvencionados esa prestigiosa nomenclatura de “Colegio Alemán”. Además de las enseñanzas elementales y medias, la difusión de la lengua ocupa un lugar central a través de los 177 centros del Göethe-Institut, entidad con cerca de medio siglo de trayectoria.
Los franceses naturalmente no se quedan atrás, y haciendo honor a la notable difusión de su lengua y cultura en todo el mundo, financian 270 liceos franceses, repartidos en 166 países y con una especial implantación en Hispanoamérica. Además, la Aliance Française, equivalente de nuestro Instituto Cervantes, dispone de 1071 delegaciones autorizadas para la enseñanza y expedición de títulos homologados de francés. En estas instituciones el Estado galo solo representa el 5% de la financiación siendo significativo que el marchamo “lengua francesa” sea suficiente para hacer rentable las iniciativas privadas destinada a su impartición y aprendizaje.
Con ese esfuerzo económico, ambos países no compran materias primas ni engrasan voluntades de políticos locales; no venden automóviles, trenes de alta velocidad o productos químicos. Consiguen algo más importante y trascendente en lo que han tenido la visión de implicarse: venden intangibles grandezas, compran prestigio e influencia a través de la enseñanza nacional y en segundo término del valor de su idioma. Su lengua, cultura e influencia queda incardinada en los jóvenes extranjeros que crecen hablándola, empapados de su historia, hábitos, modos, costumbres...
Estas cifras convierten en raquíticos los modestos medios de los liceos españoles, que representan en el exterior no a 40 millones de compatriotas sino a 400 millones de hispanohablantes.
El sector público y el privado en la enseñanza exterior.
Otra tara en el desarrollo de la acción educativa española en el exterior es la falta de interlocución y coordinación entre el sector privado y el Estado. Los mejores agregados culturales de nuestras embajadas son los liceos españoles ya sean públicos o subvencionados. El apoyo e incentivo a las instituciones educativas privadas establecidas fuera de nuestras fronteras debiera ser tratado con especial mimo por el poder público, en tanto en cuanto éstas ejercen como nuncios de nuestra cultura desde los cimientos de los futuros ciudadanos extranjeros.
Muchas empresas educativas de proyección internacional, tanto en las enseñanzas elementales y medias como en la universitaria, son españolas o de origen español. Este es el caso de la Institución SEK, expandida en 11 países en los que ha abierto 16 colegios y 3 universidades; centros regidos, como es natural, con arreglo a los planes de estudio de cada país en los que están establecidos. A pesar de la implantación internacional de empresas como esta bajo el reclamo del español y la hispanidad como atributos de prestigio, sus centros no siempre expiden títulos homologados por el Estado español, algo que atraería este capital humano a nuestro país a largo plazo para continuar estudios superiores. Paradójicamente sólo existen 10 centros privados españoles en el extranjero autorizados a impartir enseñanza reglada española con sus consiguientes titulaciones.
El Estado invierte poco y mal en la proyección internacional de la Educación española y en español, desaprovechando un activo que se vende por sí mismo. El 90% de la acción educativa en el exterior es sufragada por el Ministerio de Educación estableciendo un escaso contacto con las empresas privadas del sector que cuentan ya con infraestructuras y tradición fuera de nuestras fronteras.
La audacia y sagacidad que han demostrado nuestros vecinos europeos en la exportación de sus valores a través de la educación son notables. No lo es menos la demanda de educación española en el extranjero que va pareja con el peso que la comunidad hispanohablante adquiere en el mundo actual.
Es por ello que las autoridades educativas pueden y deben aprender de tales ejemplos, aprovechar esas ventajas y aliarse con las empresas españolas del sector educativo exterior para la explotación de un recurso tan rentable hoy como mal administrado.
Un recurso al que llamamos Hispanidad.
Marcos A. Díaz














