Artículo publicado en "La Nueva España" (17/07/09)
Decía Ortega en “España invertebrada” que la Aristofobia, u odio a los mejores, es el endémico mal que aqueja a nuestro país, causa secular de su decadencia y la peor perversión en la que un pueblo puede caer. Para el gran pensador, la nación que no reconoce y valora a sus mejores está ciega. No ve cómo despilfarra pródiga el talento de quienes mejor pueden guiarla en la consecución del bien común y a menudo les ahoga envidiosa cuando no directamente los aniquila.
La encarnación deliberada o inconsciente de esa Aristofobia orteguiana encuentra su asiento de vez en cuando en nuestras escuelas.
Los mecanismos de atención al alumnado de altas capacidades no siempre son vistos con buenos ojos e incluso son objeto de boicot allí donde prosperan los equivocados prejuicios de la uniformización.
Las “Altas Capacidades” no sólo son un eufemismo del término superdotación que se aplica a porcentajes mínimos de la población escolar. Engloban todos los perfiles de alumnado por encima de la media, analizados cuantitativa o cualitativamente y sea cual sea la ventaja, particularidad o talento especial que manifiesten.
El objetivo de la educación es ayudar a cada alumno en la consecución de su grado óptimo de desarrollo cultural y personal en función de las vocaciones y aptitudes que manifieste y a fin de que pueda prosperar en la vida adulta con plenitud.
Si eso es válido para quien queda rezagado ¿no habría de serlo también para quien va por delante?
Si la respuesta es afirmativa, sorprendería la suspicacia con que son acogidas por algunos claustros las iniciativas de atención a alumnos con altas capacidades e igualmente asombraría que rechazaran o ralentizasen su puesta en práctica en nombre de no se sabe qué criterios integradores.
Uno de los meritorios anhelos de nuestro sistema ha sido siempre la integración, la reunión de alumnos con diversas actitudes y aptitudes en el seno común de la escuela igualadora. No obstante ese mismo sistema dispone procedimientos en los que la integración es tratada con flexibilidad: los alumnos que lo precisan salen puntualmente de su grupo de referencia y reciben refuerzos por parte de profesionales cualificados. Si cumplen los requisitos para ello, incluso se agrupan en programas de diversificación o adaptación curricular en grupo que rompen sin problema el espíritu de la integración.
Los alumnos sobredotados tienen el derecho a que su diversidad sea atendida en el sistema educativo público tanto como aquellos que necesitan refuerzos compensatorios.
No ha faltado presupuesto, espacios, horas y recursos materiales para la necesaria atención a la diversidad de quienes no alcanzan los objetivos dentro del currículo y/o grupo ordinario. Por contra, ha prosperado la idea de que las necesidades de éstos son de primer orden y las de aquéllos secundarias en tanto que pueden valerse por sí mismos. Ésa teoría es errónea: el 35% de los chicos diagnosticados con Altas Capacidades sufre fracaso escolar. En la mayoría de los casos, la desmotivación que supone el currículo ordinario les lleva del hastío al abandono, ya sea por una diagnosis tardía de sus aptitudes o la atención insuficiente de sus necesidades educativas.
Con los años hemos conseguido que nadie se atreva a ver a los chicos de los programas de adaptación y diversificación como el “tonto” o el “retasado” y les hemos sacado adelante. De igual modo y con idéntica normalidad, acabarán por asumirse los programas de Altas Capacidades en la vida del centro sin que sus alumnos sean calificados por ningún estamento de la comunidad educativa como los “listos” o los “elitistas”.
La secular aristofobia de la España invertebrada puede y debe ser superada con un estímulo añadido: atender a la diversidad de nuestros alumnos sin miedos ni prejuicios.
Dice la leyenda urbana que al ser presentado Ortega al torero Rafael Gómez “El Gallo”, éste preguntó intrigado qué era eso de “filósofo”. Cuando le explicaron que los filósofos son gente que se dedica a pensar, afirmó extrañado: “…hay gente pa’ tó”.
La diversidad de la escuela es una metáfora de la diversidad de la sociedad y la vida en las que efectivamente hay y debe haber siempre gente para todo; incluso futuros “Aristoi”.
Derecho de unos, beneficio de todos.
Marcos A. Díaz

5 Ver / Hacer comentarios:
Estoy totalmente de acuerdo con lo expuesto en el artículo. De hecho, una de las "guerras" hasta ahora perdidas en el instituto donde trabajo es precisamente la atención a alumnos con altas capacidades.Siempre que se insinúa algo sobre ese tema, una gran parte del claustro nos mira con lo que parece ser el convencimiento de que somos una especie segregradores elitistas....
Un saludo,
Mayi.
Hola Marcos,
Llevo entrando a tu blog esporádicamente desde que lo encontré a mediados del curso 2007-2008, ademas te lo comente en la misma clase, ya que soy un ''ex-alumno'' tuyo, entre comillas porque prácticamente no me veía capaz de aprender por la desmotivacion que tenia en aquellos momentos, conozco bastantes profesores pero la verdad es que me identifique mucho con tu forma de ser dentro del instituto, me llamo mucho la atención por la forma en la que respetas al alumno y la forma de explicar tan clara, me he decantado a escribir tras leer este ultimo articulo, algunas cosas no las he entendido pero espero poder volver a leerlo en un futuro y entenderlo, estoy seguro de que sera así.
He conocido a mucha gente que ha repetido curso tras curso, pero a la hora de hablar, pedirles opinión, explicarles cosas complejas, o básicamente pedirles una opinión sobre la sociedad son capaces de dejarte con la boca abierta de la gran capacidad de desenvolverse explicarte las cosas partiendo de una base constructiva, que llegas a preguntarte si es verdad que esa persona realmente a repetido curso, pero probablemente la inteligencia de una persona no tiene nada que ver con que seas capaz de superar la E.S.O realmente o no, de la misma manera que hay personas que han terminado la E.S.O tienen muy poca capacidad, o como bien dices personas que son capaces de todo, los llamados ''empollones'' que se les podría enseñar mucho de lo que ya saben si las cosas no estuvieran tan limitadas.
Sin mas, me despido y ojala sea capaz algún día de llegar hacer lo que tu haces.
Un Saludo,
Alejandro
Hola Alejandro, ¿qué tal? claro que me acuerdo...
Tienes razón en los que dices. Ni aprobar es sinónimo de inteligencia, ni dejar de hacerlo lo es de su ausencia.
La desmotivación puede ser un grave problema, pero no debes dejar que se convierta en una excusa en tu vida adulta. Combátela con la ilusión por aprender ya sea en el Instituto, en tu futuro trabajo, con la familia... Puede provenir de muchas causas y no siempre es posible detectarla y atajarla.
La forma en que redactas, te expresas por escrito y expones tus argumentos indica que eres una persona madura y con la cabeza bien amueblada.
Seguro que hagas lo que hagas en el futuro te irá bien. ánimo
Un saludo
Hola Marcos,
Ya queda poco para que volvamos a las clases con las "pilas cargadas" después de unas merecidísimas vacaciones. La idea que me ronda en la cabeza es conseguir que los grupos de inglés ( como supodrás son los que tengo a cargo) sean heterogéneos pero no dispares; es decir que haya gente con distintos niveles y capacidades pero no se sientan cohibidos por las diferencias de nivel que puedan tener a la hora de expresarse en otro idioma. Estoy convencida de que va a ser muy positivo para el clima de la clase. ¿ qué opinas?
Saludos desde Cantabria.
Hola,
Mi nombre es Sara, redactora de Antena 3.
Estamos elaborando un reportaje sobre educación y nos gustaría contar con las experiencias de las familias que deciden educar a sus hijos en familia.
Espero noticias.
Mi teléfono en la redacción es el 915127840/ 670502545
Muchas gracias
Un saludo!
Sara Fernández
sfernandezc@mediapro.es
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