jueves 10 de abril de 2008

La educación en la Unión Soviética.

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En 1957, el mundo asistía boquiabierto al lanzamiento del Sputnik, “una maravilla moderna de la tecnología socialista”, como decía el aparato de propaganda. El satélite artificial, fue uno de los hitos que situaron a la URSS a la cabeza del desarrollo tecnológico y científico. Es indudable que tales objetivos no habrían sido alcanzados sin una cantera de matemáticos, técnicos e ingenieros, egresados todos del mejor sistema educativo que el Estado podía proporcionar. El sistema garantizaba la equivalencia regional de titulaciones con una enseñanza igualatoria basada en un único plan de estudios para todas las repúblicas con independencia de su ubicación, con las mismas escuelas, asignaturas, contenidos, calendarios y horarios.
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Si bien los logros en las disciplinas científicas fueron muy notables, no es menos cierto que el monolitismo ideológico del régimen cercenó la creatividad en el arte y la literatura, quedando esta reducida prácticamente a las corrientes oficiales sancionadas por el partido. Eisenstein, Shostakovich y Gorki florecieron, pero otros muchos artistas soviéticos acabaron en el exilio, el GULAG o el patíbulo.
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Este texto pretende hacer justicia a los aspectos positivos e intelectualmente respetables de la educación en la URSS, sin pasar por alto la férula ideológica y el premeditado diseño del alma al que el individuo se vio sometido por la escuela soviética durante siete décadas de materialismo dialéctico obligatorio. Ya fuera con fines bélicos, ideológicos o productivos, la universidad soviética era el ápice de un entramado escolar, cuyo análisis merece hoy nuestra de atención.
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Desde los primeros años del régimen, las autoridades bolcheviques hicieron de la educación una prioridad por su papel decisivo en el adoctrinamiento de las masas. Son los años del “Likbez”, decreto que Lenin firmó en 1919 y que sentó las bases de la erradicación del analfabetismo. El Likbez obligaba a todas las personas entre 8 y 50 años, a alfabetizarse en su lengua materna. En la etapa inicial, el comisariado de instrucción pública centró sus esfuerzos en erradicar las elevadas tasas de analfabetismo ruso (60% en 1917) tarea que completaron en el tiempo record de una generación. Para el año 1942 la tasa se había reducido a un 10%. Este es, sin duda, uno de los grandes éxitos que la escuela soviética tiene en su haber, no teniendo paralelo anterior o posterior en la magnitud de la tarea emprendida ni en los exitosos resultados obtenidos.
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-el control ideológico de la escuela:
Dicho esto, hay que señalar que la enseñanza fue la herramienta que usaron Partido y Estado, valga la redundancia en este contexto, para educar al pueblo en la “verdad” del Marxismo y preparar el advenimiento del “hombre nuevo”. El aspecto más opresivo para la labor del docente, provenía del férreo control de la libertad de pensamiento y de cátedra ejercido por los comisarios políticos de instrucción pública. Cada escuela por pequeña y remota que fuese, tenía asignado un “politruk” encargado de velar por la corrección ideológica de los docentes y estudiantes a su cargo. El control político, no sólo de los currículos sino de la autonomía de aula, alcanzó niveles asfixiantes ya a partir de los años 20. Las purgas estalinistas, a despecho de lo comúnmente admitido, hicieron que el sector sufriera el GULAG, tanto o más que el ejército o la administración pública. Se calcula que más de 2 millones de docentes de todos los niveles educativos fueron deportados entre 1934 y 1953.
El mismo Fediukin, notable intelectual y estudioso de la Inteligentsia soviética, no se sonrojaba al calificar a la libertad de cátedra del docente, como “progresista” en los tiempos del zarismo, y a la vez como negativamente “contrarrevolucionaria” una vez que el sistema soviético se hubo puesto en marcha.
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-La obsesión por la producción y la relación de la escuela y el trabajo.
La retórica de los textos educativos, ya fueran legales o científicos, marchaba en consonancia con la obsesión por la productividad, una herencia del periodo de planes quinquenales previo a la guerra. La escuela era la fragua en que se forjaban las piezas del engranaje productivo del Estado. La formación de la personalidad individual del niño y el joven se convertía en una tarea accesoria siempre supeditada a la producción en serie de buenos marxistas altamente tecnificados.El leitmotiv de los planes de estudio, por tanto, se centraba en hermanar educación y vida profesional a través de vínculos estrechos entre la escuela y la fábrica o la explotación agraria. Tanto es así que la reforma de Kruschev, emprendida en los años 50, todavía consideraba peligrosamente amplia a la brecha entre vida académica y laboral. Parte de sus reproches al sistema estribaban en la existencia de una Inteligentsia académica, carente de callos en las manos y cuya fractura con el proletariado manual había que cerrar.
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- La meritocracia y la autoridad del profesor soviético.
En tiempos de Lenin, aun cuando la joven Rusia soviética se veía cercada por el ejército blanco y las potencias extranjeras que lo apoyaban, el docente se convirtió por defecto en sospechoso del delito de contrarrevolución. Con el fin de controlar la adhesión ideológica de este sector, las escuelas secundarias fueron puestas bajo el control de los alumnos en materia administrativa y disciplinaria. La delación anónima e interesada, así como la falta de autoridad y disciplina en las aulas se pusieron a la orden del día, sumiendo a la educación en un caos organizativo y una preocupante ineficiencia. Ya en los años 30, convencidos de lo erróneo de esta filosofía y ya superado el peligro de la guerra civil, las autoridades bolcheviques volvieron al que había sido el trasfondo de la enseñanza rusa desde los tiempos de Pedro el Grande: Autoridad y meritocracia.

La autoridad de los maestros fue restituida y el rumbo enderezado. Cada niño recién escolarizado recibía con sus materiales de escritura y textos una ficha con 20 normas relativas a la buena conducta, la puntualidad y el respeto a sus mayores y maestros. En cuanto tenía edad y entendimiento suficiente, la firmaba y se comprometía mediante contrato con el Estado a respetarlas a rajatabla.
La enseñanza soviética era estrictamente meritocrática. A pesar de la paradoja que supone construir una sociedad igualitaria desde presupuestos selectivos, el modelo educativo alemán, del que es heredero el zarista y a su vez el soviético, llevaba en esa dirección. Se aprobaron becas y salarios proporcionales para los estudiantes en función de sus resultados académicos. La máxima presuponía que no todo el mundo merecía una educación superior, sino solamente aquellos que se la habían ganado con su talento y esfuerzo. Para ellos tenía reservado el Estado, en efecto, la excelencia educativa.La enseñanza soviética, esclava del pragmatismo de la productividad otorgaba la credencial de ciudadano y los derechos a los que podía aspirar, entre ellos el de la educación superior, a unos u otros en función de su utilidad para la colectividad.
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Es difícil encontrar la suficiente amplitud de miras para ver cuanto hay de aprovechable en una ideología y un régimen dictatorial y despótico como el soviético; en un estado que levantó los GULAGS y se sustentó sobre la represión del disidente; en unas políticas lideradas por personajes inefables como Lenin y Stalin...
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Sin embargo, consciente de caminar sobre un suelo resbaladizo, afirmo que no sería justo amortizar los éxitos del sistema educativo soviético a beneficio de inventario. Entre sus no pocos méritos figuran: la erradicación del analfabetismo en Rusia con rapidez y eficacia, la sensatez de los planes educativos apegados a la vida real y al trabajo, la meritocracia como medio y la excelencia como fin en el proceso de aprendizaje, los sólidos cimientos de la autoridad moral y real del docente, los hitos científicos y tecnológicos de sus investigadores e ingenieros...
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En definitiva... la calidad de su educación.
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Marcos A. Díaz

3 Ver / Hacer comentarios:

leadlag dijo...

La ciencia y la tecnología necesitan (1)de la libertad de pensamiento, y(2)del incentivo personal para capitalizar en el mercado las buenas ideas. Nada de eso había en la URSS. Sus tecnologías de punta (nuclear, espacial, óptica) provenían del espionaje y/o de científicos extranjeros (alemanes).
Excepción: Kalashnikov.

leadlag dijo...

He trabajado 11 años, en los 80 y 90, para la mejora de las centrales nucleares soviéticas. Buenos técnicos pero tecnología muy deficiente (por eso Chernobil se considera no un accidente nuclear sino un accidente soviético); la Instrumentación y Control de sus reactores, por ejemplo, no habría sido autorizada en un país occidental. El mantenimiento, de llorar.

Marcos Álvarez Díaz dijo...

Hola amigo leadlag. Bienvenido a este blog.

en respuesta a tu post nº1:

Llevas razón. En la URSS no existía libertad de pensamiento (ni de cátedra para los docentes, como señalo en el artículo) este extremo es obvio. También estoy muy de acuerdo en que una buena idea o una patente aprovechable no pasa de la mesa de diseño sin que el esfuerzo de ponerla en práctica no se traduzca en un lógico y honrado beneficio. Es la filosofía liberal de que el beneficio propio lleva al beneficio general. Los soviets aceptaban a don Adam y a su mano invisible difícilmente, como recordamos todos...

Sin embargo, creo que tu afirmación de que la tecnología rusa proviene del espionaje o de los cerebros alemanes capturados, solo es parcialmente correcta..
1º) Creo que existía una inercia en el pueblo ruso de talento científico y de grandes investigadores, que es anterior a la revolución Bolchevique. Rusia no es Malawi. Me vienen a la cabeza Mendeleyev, Tsiolkovsky, Pavlov... pero en cualquier caso es algo que solo refuerza levemente mi punto vista, al ser personajes anteriores al comunismo. 2º) Vayamos al siglo XX y a los hijos de la revolución. Citas la excepción de Kalasnikov. Creo que hay más excepciones... Koroliov es el factotum de la carrera espacial soviética (recuerdo que Braun se fue con los americanos con bastante sensatez por su parte y recuerdo que Tsiolkovski, ruso él, fue uno de los primeros iluminados que pensó científicamente en la posibilidad de los viajes espaciales con cohetes). Si entramos en la aeronáutica tienes a Tupolev y Yakolev que a pesar del infausto recuerdo de l accidente del Yak-42 hacía aviones excelentes. Otro menos conocido es Polikarpov el del caza ...tienes talentazos de todas las disciplinas y colores... químicos, médicos, matemáticos (todavía tengo rodando por casa un libro de Piskunov de cálculo diferencial e integral muy completito), ingenieros, astrofísicos.... y eso ni son excepciones, ni nace del golpe de suerte de un espía, ni se mantiene décadas después del final de la guerra con Alemania. Tiene que haber detrás un sistema educativo de primera categoría.

En respuesta a tu post nº2
También estoy de acuerdo contigo en que la eco-responsabilidad de los regímenes comunistas dejaba mucho que desear, por decir algo. La explicación creo que está en su obsesión por la producción (algo de lo que también hablo un poquito en el artículo). Mutatis mutandi, si quieres, la barrabasada del mar de Aral, cambiando el curso de los ríos que lo abastecían, se hizo para intentar la autosuficiencia en la producción de algodón. No obstante el tema del texto era la educación no la ecología, y a pesar de los pesares no dejo de pensar que los soviéticos tenían un sistema educativo monstruoso en lo ideológico pero eficaz en algunos de sus aspectos y del que se puede sacar alguna lectura positiva. No estamos en España para dar lecciones sobre educación desgraciadamente.

Creo que estamos de acuerdo en lo sustancial y que parte de lo que tú dices es complementario y no contradictorio con lo que digo yo. (créeme que no soy sospechoso de marxista precisamente)

Un cordial saludo amigo leadlag y espero leerte por aquí en otra ocasión.