La beca de estudios cumple 50 años en España…
Artículo publicado en "Asturias Liberal" (5/2/08) ,"Diario de América" (9/2/08),
Artículo publicado en "Asturias Liberal" (5/2/08) ,"Diario de América" (9/2/08),
Si la paz entre las naciones se pudiese comprar con dinero, el modo más eficiente de invertirlo sería en la educación de sus ciudadanos y futuros líderes. Eso debió pensar el Senador norteamericano J. William Fulbright en 1946.
El Senador fue un personaje con luces y sombras en su dilatada vida política. Senador demócrata por Arkansas... opositor al McCarthysmo y la caza de brujas en los años 50... segregacionista convencido al más puro estilo sureño... partidario del multilateralismo y de la creación de la ONU... Hoy miles de estudiantes de todo el mundo le recuerdan por el programa de becas que lleva su nombre.La Fulbright Act, autorizaba a la Secretaría de Estado a vender el material de guerra excedentario en ultramar y usar esos fondos en una curiosa causa: el intercambio de estudiantes y profesores con el fin de “fomentar el entendimiento mutuo entre el pueblo de los Estados Unidos de América y los pueblos de otras naciones”. Se favoreció el flujo de personas, conocimiento y habilidades dinamizando así la investigación, el desarrollo y la innovación a la par que el contacto entre diferentes culturas.
El proyecto, financiado en su origen enteramente con dinero público norteamericano, ha ido sumando a lo largo de las décadas a cientos de instituciones privadas que colaboran en el esfuerzo de esta causa y a otros Estados como el nuestro. Precisamente se cumple en octubre de 2008 el 50 aniversario del acuerdo de intercambio cultural entre España y los EE UU que abrió las puertas de las universidades americanas a tres generaciones de españoles.
El apellido e iniciativa del senador quedarían difuminados en 1947 por el de un notable colega, que si bien perseguía el mismo objetivo de la cooperación y el desarrollo, lo hacía en el ámbito de la reconstrucción material, no en el de las ideas. Todos los libros de historia recuerdan al Plan Marshall que en junio pasado ha cumplido 60 años, como un impulso imprescindible en la resurrección de Europa Occidental. Sin embargo dejan en penumbra la labor del programa Fulbright que no quedó circunscrito al ámbito europeo como el primero y cuya vigencia en el tiempo llega hasta nuestros días.
El programa sigue actuando seis décadas después de su fundación en más de 140 países y cuenta entre sus ex-alumnos becados a 36 premios Nobel de todas las disciplinas y nacionalidades. Nuestro Erasmus europeo, no es más que un joven veinteañero que le debe todo en su diseño y estructura a la beca del Tío Sam.
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Es probable que el programa Fulbright y sus epígonos europeos, el mencionado Erasmus y el Leonardo, hayan hecho más por el entendimiento entre las naciones que la diplomacia, los equilibrios de poder y las instituciones multilaterales. Cada graduado que regresa a su país natal desde el que ha sido su escuela y hogar, lleva en la maleta algo más que un diploma y una oportunidad de promoción. Lleva la tolerancia al diferente que esperó de sus anfitriones. Lleva también el recuerdo de su lengua, de las horas compartidas que renacen en cada oportunidad que alguno de ellos se cruza en su camino. Lleva la necesidad de instilar este sentimiento en sus hijos y compatriotas y de salir al paso de los estereotipos injustos.
Las iniciativas de hombres como el senador Fulbright y de los países que las sostienen representan la mejor forma de exportar la democracia y el racionalismo. Cada líder del futuro que forja su carácter, destrezas y espíritu en el contacto con el que es distinto, importa así a su país sin apenas reparar en ello, todo lo útil y válido, todo lo bello y lo bueno que ha visto en su viaje.
Marcos A. Díaz
Las iniciativas de hombres como el senador Fulbright y de los países que las sostienen representan la mejor forma de exportar la democracia y el racionalismo. Cada líder del futuro que forja su carácter, destrezas y espíritu en el contacto con el que es distinto, importa así a su país sin apenas reparar en ello, todo lo útil y válido, todo lo bello y lo bueno que ha visto en su viaje.
Marcos A. Díaz
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