martes 20 de noviembre de 2007

Paz, negociación y “Lección de Munich”.


En una ocasión, hace ya tiempo, cayó en mis manos una vieja foto descolorida en la que sonreían dos rostros maduros, dos hombres de aspecto distinguido que vestían a la usanza de otra época. Bajo las orgullosas efigies brillaban sus nombres, Daladier y Chamberlain, muy ilustres premiers de Francia y Gran Bretaña, con una amplia leyenda que decía en francés: “Merci, aux sauveurs de la paix”.

La postal fue editada en octubre de 1938, tras la conferencia de Munich donde los dos héroes habían conseguido la paz en el continente al alto precio de sacrificar a los checoslovacos ante Hitler. Todavía hoy se enseña a los niños checos la cobarde traición de las democracias occidentales que vendieron su país al tirano por un año de paz.

Sin embargo, en Octubre del 38, nadie pensaba en las consecuencias de aquella negociación con la bestia. Millones de personas recibían con los brazos abiertos a los salvadores de la paz. Las voces críticas que lamentaban el apaciguamiento y la contemporización quedaron ahogadas por miles de gargantas que respiraron aliviadas: La paz había sido salvada. Churchill y otros que como él eran vituperados con la etiqueta de belicistas, vaticinaron que preferir la deshonra a la guerra mantendría la deshonra y traería la guerra de todos modos... pero nadie parecía interesado en escucharles.
El tercer Reich de Adolf Hitler se salía con la suya por enésima vez desde hacía un lustro, y pisoteaba la soberanía de sus vecinos sin contemplaciones. Las cancillerías europeas contemplaban aterradas cómo las potencias occidentales no movían un dedo, acobardadas igual que su opinión publica ante la idea de ir a la guerra una vez más. Los horrores de la Gran Guerra estaban tan solo a una generación de distancia y ningún hombre, mujer o niño consentiría a sus líderes una reedición de aquel conflicto.

Cuando miro esta foto me entran escalofríos. No por el recuerdo de lo que habría de pasar tan solo un año después de que hubiese sido tomada. No por rememorar el abismo de sangre y destrucción en el que Europa y el mundo habrían de sumirse por la ambición desmedida de algunos de sus líderes y la pusilánime omisión de otros. Mi turbación viene de las valiosas lecciones que nos da la Historia y lo poco que aprendemos de ella. El pasado envía señales a los hombres del presente, como un augur que brama en mitad de la plaza. Mientras avisa de una desgracia que está por venir, los niños le tiran piedras y los vecinos pasan a su lado sin siquiera reparar en él. De igual modo algunas lecciones de los libros de Historia pasan inadvertidas e ignoradas, aunque brillan como el sol en el cielo.

La “lección de Munich” dice que el apaciguamiento, en una pugna con un rival fanático, solo sirve para envalentonarle y nunca para darle satisfacción. Que la contemporización resta crédito a la voluntad de lucha del que se defiende y anima al agresor a elevar sus demandas.
Es responsabilidad del negociador saber si su interlocutor puede ceder a cambio de un gesto o si por el contrario usará esos gestos como un síntoma de debilidad para continuar extorsionándole. Debe distinguir entre un rival razonable y uno fanático. Debe conocer la diferencia entre arar en un secarral estéril donde difícil es que el grano germine y hacerlo sobre las olas del mar donde esto es sencillamente imposible.

La paz ha de ser el objetivo, pero esta no puede ser alcanzada a cualquier precio como la Historia nos enseña. Paz y pacifismo no son siempre palabras con connotaciones positivas sino a veces invitaciones a la ignominia y al fracaso. No es ninguna deshonra ni rasgo incivilizado, encontrarse en situaciones en la que una salida negociada es imposible. Cuando el agresor carece de voluntad para esa negociación, la única salida moral y efectiva es la fortaleza y la resistencia. Perseverar en la creencia de que ceder es una alternativa, por ingenuidad o interés, es inmoral e inútil.

Son muchos los agresores que aún golpean la decencia y la libertad en nuestro entorno cercano y lejano. ¿Acaso habrán de venir de nuevo otros Chamberlain? ¿ Acaso las masas hambrientas de paz lo recibirán de nuevo a su vuelta de Munich como a un héroe? No tengo que recordar al lector dónde ni cuándo se producen atropellos totalitarios, ni los rincones de nuestro país a los que el miedo atenaza e impide respirar en libertad. Los checos, víctimas de la agresión nazi sancionada hace 70 años por aquellos egregios hombres de estado y todas las víctimas que ocupan hoy su lugar, merecerían que sus líderes tuviesen bien aprendida la lección de Munich. Que la tentación y el miedo no les acobarden. Que no cometan el mismo error que los dos hombres de la fotografía, aquellos "salvadores de la paz".

Cuando Francia cayó, en mayo del 40, Churchill se quedó solo ante la serpiente. Lejos de negociar con ella, mandó un mensaje a su nación y a ese enemigo que quería aniquilarla:

"... pelearemos en las playas, en los campos y en las calles...pelearemos en las colinas, pero... nunca, jamás nos rendiremos..."

© 2007, Marcos A. Díaz

jueves 8 de noviembre de 2007

Educación bilingüe de calidad.

Se busca profesor bilingüe...
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Resulta interesante viajar por el continente europeo y comprobar el nivel de inglés en unos países y en otros. Es no menos curioso el vínculo entre índices altos de anglofonía, un sistema educativo eficiente y unas cifras exitosas de desarrollo y productividad. Al aterrizar, ya de vuelta en España, uno se plantea: ¿En qué lugar están los niveles en nuestro país? ¿Es el español medio, un buen locutor de inglés? Si tomásemos al azar a 20 jóvenes españoles entre 18 y 28 años y los enfrentásemos en singular combate lingüístico a grupos idénticos en número y edad procedentes de Holanda, Dinamarca, Alemania o Finlandia seguramente los resultados nos sacarían los colores. Antes de los 20 años, porcentajes altos de ciudadanos de estos países leen, escuchan y ven cine en inglés; hasta los 45 trabajan y comercian en este idioma por pura necesidad de competencia laboral; los de 65 o menos mantienen un nivel que les permite expresarse con fluidez e incluso las personas mayores tienen algún rudimento que chapurrean llegado el caso. Hay que remontarse a las más veteranas generaciones, para encontrar la alalia anglófona que profesan aquí nuestros jóvenes. ¿Qué podemos asimilar de la experiencia educativa de estos países y cómo podríamos llevar su receta a la práctica en el nuestro?

Padres de familia y ministros de educación por este orden, (pues estos no son nada sin aquellos) van tomando conciencia ya, de la menesterosa situación idiomática en la que están sus tutelados en la educación pública. La maquinaria de la enseñanza bilingüe se pone en marcha poco a poco y que nuestros niños hablen inglés como lo haría un holandés es solo cuestión de tiempo, aunque ignoro si ese tiempo será de una generación o nos llevará más.

La clave para hacer más breve ese lapso y mejorar los resultados, no debe pasar necesariamente por incrementar el número de horas de la asignatura al cabo de la semana lectiva. Mejorar el nivel en un idioma extranjero implica vivir una inmersión lingüística cotidiana. Un laboratorio que proporcione desde la escuela, la visión de la vida a través del cristal de la nueva lengua. El inglés debe pasar de asignatura, a herramienta de trabajo. Un medio razonable y probado en otras naciones, es la impartición progresiva de algunas asignaturas no instrumentales, en la lengua objeto de la inmersión.
Esta filosofía es la idea motriz del proyecto AICLE (aprendizaje integrado de contenidos en lengua extranjera) que a pesar de contar con una larga tradición en los países mencionados más arriba apenas lleva un lustro de tímida trayectoria en España, casi siempre a través de centros pilotos y sin la verdadera ambición de ser generalizado.

Los responsables educativos se encuentran con el mal endémico que este proyecto trata de paliar en la sociedad al intentar llevarlo a la práctica: la falta de profesionales con dominio del idioma. Faltan profesores especialistas que sepan y puedan impartir sus respectivas disciplinas en lengua extranjera. La Consejería de Educación del Principado de Asturias, ha realizado recientemente entrevistas para seleccionar a los candidatos mas adecuados. Estos provienen de una bolsa de trabajo abierta con el fin de cubrir la falta de profesorado competente planteada por los centros bilingües. La oferta de la administración superó ampliamente a la demanda del profesorado en los puestos de inglés; las cifras de maestros y profesores francófonos disponibles fueron incluso más decepcionantes..

Me resulta altamente preocupante, que las energías presupuestarias se pierdan en habilitar más y más centros bilingües perdiendo de vista la adecuada y suficiente formación que los profesores necesitan para rendir este servicio. No hablamos de cursillos de 100 horas, sino de multiplicar los convenios para estancias en el extranjero, prácticas en centros del exterior, y crear un perfil estandarizado del profesor AICLE. Todo eso cuesta dinero, y mientras la educación bilingüe no cumpla unos estándares de calidad, cada centro que se habilite para este fin no será más que un gesto bienintencionado de cara a la galería.

El inglés es la lingua franca de nuestros tiempos. Su dominio en las cuatro destrezas comunicativas es imprescindible para competir en pie de igualdad en un mundo globalizado. Las familias lo saben y lo demandan. Los responsables en política educativa tienen una tarea que cumplir: manos a la obra.


© 2007, Marcos A. Díaz