miércoles 5 de septiembre de 2007

Sobre el cheque escolar y Milton Friedman

Un partidario de la educación pública habla del cheque escolar.
Artículo publicado en "La Nueva España" (28/10/07)

Que la educación pública y gratuita es un factor de cohesión, es en mi opinión evidente. Que sin ella la paz social es imposible, también. Que un estado debe velar por su mantenimiento y desarrollo con el mayor celo... está fuera de discusión. Estas certezas no admiten duda, sin embargo el debate sobre cómo gestionar los fondos para que la educación pública sea eficaz y alcance sus objetivos, ya es harina de otro costal.

En la actualidad en nuestro país, el dinero del Estado para la enseñanza se canaliza en partidas presupuestarias a los centros de titularidad pública, o en conciertos en el caso de los colegios privados subvencionados. El itinerario del dinero lleva directamente de la administración al centro, sin pasar por el educando, sujeto de esa educación. La adscripción de los chicos a los centros es estrictamente geográfica y depende de la oferta del mapa escolar en cada distrito, por lo que la familia debe mandar a su hijo al cole más cercano en circunstancias normales. Este cole forma parte de una red de centros en el territorio competente, que son en teoría equivalentes en calidad y oferta educativa. La consecuencia de este planteamiento es la uniformización, y la incapacidad de sustraerse a ella por parte de los hogares más pobres, cuando buscan “otra cosa “ para sus hijos.

Las familias son diversas como lo son los individuos. Solo tienen en común el deseo de dar a sus hijos la mejor de las educaciones posibles. Unas tienen un ideario laico, otras quieren uno religioso, unas son partidarias de la escuela comprehensiva, otras de la selectiva. En unos hogares prima el interés por lo artístico, lo deportivo, las letras, las ciencias...En otros por la iniciación al trabajo y las destrezas manuales... Unos padres quieren que se enseñe a sus hijos en Inglés, Catalán, Español; que sean bilingües, trilingües...Es justo dar la adecuada atención a esta diversidad permitiendo la especialización en la oferta y la libertad para escogerla.

La idea del cheque escolar aporta una visión alternativa y sincrética sobre este problema. Su padre es Milton Friedman, premio Nobel de economía, quien la formuló por primera vez en los años 50. Consiste, resumiendo mucho, en que el Estado paga la educación de los niños directamente a sus familias con una cantidad fija por alumno, en lugar de financiar a sus escuelas. Las padres reciben un cheque escolar, que sigue al niño a un centro u otro en función de las prioridades que estos busquen, ideario, especialización educativa, idioma etc.
De aplicarse este sistema del cheque escolar y la liberalización de la oferta educativa, los centros públicos no recibirían una asignación fija y tendrían que competir entre sí para captar los cheques de las familias, mejorando así su nivel y eficiencia. El estado garantiza la escolarización de sus ciudadanos y a la vez no impone dónde y cómo ha de ser esta, sino que permite al individuo la libertad de elegir y pone a los centros ante la obligación del reciclaje y la actualización para no perder alumnos y sobrevivir.

La calidad prevalece gracias a la mano invisible del mercado en una síntesis entre liberalismo y estatalismo: la educación sigue siendo pública y gratuita, los padres pueden elegir la que consideren oportuna para sus hijos, los centros compiten entre sí y los niveles de calidad suben. Todos salimos ganando.


© 2007, Marcos A. Díaz

2 Ver / Hacer comentarios:

José Manuel dijo...

Tal vez porque los centros privados y concertados se llevarían todos los cheques... y se desmoronaría el servicio público de la enseñanza.
Un peligro que no hay en Suecia.

Marcos dijo...

Hola Don José Manuel V.:

En primer lugar he de darle las gracias por sus amables palabras de ayer y decirle que me siento muy honrado que un erudito tan ilustre y respetado como ud. tenga la deferencia de visitar este humilde blog.

Sobre el particular de la gestión de recursos públicos con el cheque escolar, debo darle la razón en parte: sí hay algo que se desmoronaría, pero no el sistema público. Los centros de titularidad estatal más eficientes, seguirían existiendo y aquellos que no lo fuesen se verían obligados a ponerse al día. Privado no es sinónimo de calidad ni hoy ni en el pasado reciente cuando los becados por su talento y capacidad, lo eran en los institutos públicos y los torpes cuya única virtud y salida era el dinero de papá terminaban en los colegios privados.

Los grandes perjudicados de vivir bajo las leyes de la oferta y la demanda, serían esa pléyade de funcionarios públicos profesores y maestros que dormitan plácidamente bajo el paraguas de "papá estado". Afirmo que es ese santuario funcionarial el que se desmoronaría y que como consecuencia, todos ellos se verían obligados a actualizarse y rendir cuentas de sus acciones y sus omisiones. Afirmo igualmente que es por ello por lo que ningún proyecto político ha tenido ni tendrá agallas jamás de llevar a la práctica el cheque escolar.

Conste aquí que quien escribe esto, es uno de esos funcionarios, pero no por ello estoy ciego ante el hecho de que un trabajo para toda la vida no es garantía de productividad y rendimiento sino de todo lo contrario: de molicie, desidia y abandono. (que me disculpen aquellos compañeros que en la enseñanza y las distintas ramas de la función pública, no coincidan con este perfil que seguro son muchos, pero que miren a su alrededor y reflexionen si lo que digo es cierto o no).

Espero Don José Manuel, tener el placer de leerle pronto en alguna de sus interesantes reflexiones sobre el mundo de la lingüística.

Un afectuoso saludo y gracias