¿Filólogos o Comisarios políticos?
Desde hace años trabajo en una región española cuyo nombre no hay por qué desvelar. El lector podrá deducir este dato fácilmente y me descargará de la responsabilidad de citar de forma explícita la mano que me da de comer y de ofender algunas sensibilidades. Baste decir que entre su población, plural y rica, no todos los ciudadanos hablan el castellano como idioma materno. Baste decir que en la vida cotidiana ambos idiomas, el español y el otro, conviven desde tiempos inmemoriales de forma pacífica como lo hacen sus respectivos locutores. La ósmosis cultural y lingüística de esta sociedad es tal que no cabe hablar de dos comunidades separadas; no son dos maneras de entender el mundo sino dos identidades culturales compatibles y complementarias; un matrimonio mixto bien avenido.
Esto es así o al menos lo era hasta la irrupción en escena, ayer por la tarde en términos históricos, de una siniestra casta: los Filólogos del tipo C (creo saber como son los del tipo G y puedo llegar a tener una lejana imagen de los del tipo V, pero me ceñiré a los primeros, con los que trabajo a diario)
El departamento de política lingüística de la consejería de educación y cultura de mi anónima Autonomía está constituido por sesudos tecnócratas que proceden del campo de la Filología del tipo C. Para su titánico proyecto de homogeneización a calzador, utilizan el corpus de una curiosa disciplina, la sociolingüística. En ella se esconde buena parte de la filosofía política que ha llevado a que ambas lenguas vayan camino de la asimetría en nombre de la sacrosanta obsesión identitaria. En ella se usan términos muy interesantes: barbarisme, substitució lingüística, llengua minoritzada y normalització. Veamos qué quieren decir:
a) barbarisme o estrangerisme: toda palabra proveniente de un idioma extranjero que contamina el nuestro. Siempre que se pueda, escudríñese el diccionario en busca del arcaísmo más lejano posible con el que pueda prevalecer la pureza de nuestra lengua (adivinen de qué idioma extranjero suelen venir casi todos los barbarismes).
(Añaden ellos a menudo: “como hicieron Franco y Felipe V”. Afirmo yo siempre: “tienen razón”)
b) Substitució lingüística: proceso por el que una lengua mayoritaria en un territorio es desplazada a la fuerza por otra impuesta por el orden político.
(Esgrimen una vez y otra: “Así hicieron Franco y Felipe V”. Asiento yo: “llevan razón”)
c) llengua minoritzada i normalització lingüística: idioma que debe ser reforzado por discriminación positiva para revertir el proceso de substitució. Medios: monolingüismo a martillazos en la administración, los medios de comunicación, la enseñanza, etc.
(Como Franco y Felipe V, por cierto... en este caso se olvidan de señalarlo)
En la administración encontraremos funcionarios afectos a la causa y en los medios a comunicadores de este pensamiento único. Parece lógico aunque mejorable. Es un poco más doloroso sin embargo, comprobar que en la enseñanza, mi gremio y la forja de las generaciones futuras, unos respetables colegas que imparten la asignatura de lengua “local” invierten casi tanto esfuerzo en la instrucción de la misma como en esta sociolingüística, vulgo propaganda comecocos.
Yo acuso directamente a mis compañeros de no ejercer como maestros de la gramática, la sintaxis o la literatura sino de ser comisarios políticos al servicio de una ideología. Se han convertido en la correa de transmisión de un ideario político que si bien tiene perfecta cabida en una democracia debería salir de las aulas inmediatamente so pena de convertirlas en cadenas de montaje ideológicas y el pórtico del totalitarismo.
El nacionalista excluyente, (pleonasmo aquí necesario) es enemigo de la convivencia y la pluralidad que a menudo dice defender. Y es que cuando quiere arrogarse la representatividad nacional a través de la pureza de sangre se da cuenta de que no estamos en el Berlín de entreguerras y se refugia en el pedigrí de la lengua como única y verdadera seña de identidad nacional. Una vez asumido este presupuesto, el otro hemisferio de la población, la castellanohablante se convierte en un cuerpo extraño. Una comunidad anómala que es necesario asimilar o expulsar a las tinieblas exteriores.
El caso es que los hechos son testarudos: la mitad de la población somos castellanohablantes. El hecho es que por más que me miro al espejo cada mañana no me considero una anormalitat que sea necesario normalitzar. A fuerza de hacer de la cuestión identitaria la religión pagana de nuestro tiempo y de convertir a la lengua en su eucaristía cotidiana el nacionalismo ha terminado por convertirse en el monstruo que tanto aborrecía.
Si aún no se ha percatado el lector de cual es la región española que describo en estas líneas no sufra, esa región española es la suya, aquella en la que usted vive. Recuerde que la mecha del totalitarismo en la escuela, de los comisarios políticos de la sociolingüística, y del nacionalismo y sus arrabales, pueden prender mucho más cerca de su casa de lo que usted se cree.
© 2007, Marcos A. Díaz
Esto es así o al menos lo era hasta la irrupción en escena, ayer por la tarde en términos históricos, de una siniestra casta: los Filólogos del tipo C (creo saber como son los del tipo G y puedo llegar a tener una lejana imagen de los del tipo V, pero me ceñiré a los primeros, con los que trabajo a diario)
El departamento de política lingüística de la consejería de educación y cultura de mi anónima Autonomía está constituido por sesudos tecnócratas que proceden del campo de la Filología del tipo C. Para su titánico proyecto de homogeneización a calzador, utilizan el corpus de una curiosa disciplina, la sociolingüística. En ella se esconde buena parte de la filosofía política que ha llevado a que ambas lenguas vayan camino de la asimetría en nombre de la sacrosanta obsesión identitaria. En ella se usan términos muy interesantes: barbarisme, substitució lingüística, llengua minoritzada y normalització. Veamos qué quieren decir:
a) barbarisme o estrangerisme: toda palabra proveniente de un idioma extranjero que contamina el nuestro. Siempre que se pueda, escudríñese el diccionario en busca del arcaísmo más lejano posible con el que pueda prevalecer la pureza de nuestra lengua (adivinen de qué idioma extranjero suelen venir casi todos los barbarismes).
(Añaden ellos a menudo: “como hicieron Franco y Felipe V”. Afirmo yo siempre: “tienen razón”)
b) Substitució lingüística: proceso por el que una lengua mayoritaria en un territorio es desplazada a la fuerza por otra impuesta por el orden político.
(Esgrimen una vez y otra: “Así hicieron Franco y Felipe V”. Asiento yo: “llevan razón”)
c) llengua minoritzada i normalització lingüística: idioma que debe ser reforzado por discriminación positiva para revertir el proceso de substitució. Medios: monolingüismo a martillazos en la administración, los medios de comunicación, la enseñanza, etc.
(Como Franco y Felipe V, por cierto... en este caso se olvidan de señalarlo)
En la administración encontraremos funcionarios afectos a la causa y en los medios a comunicadores de este pensamiento único. Parece lógico aunque mejorable. Es un poco más doloroso sin embargo, comprobar que en la enseñanza, mi gremio y la forja de las generaciones futuras, unos respetables colegas que imparten la asignatura de lengua “local” invierten casi tanto esfuerzo en la instrucción de la misma como en esta sociolingüística, vulgo propaganda comecocos.
Yo acuso directamente a mis compañeros de no ejercer como maestros de la gramática, la sintaxis o la literatura sino de ser comisarios políticos al servicio de una ideología. Se han convertido en la correa de transmisión de un ideario político que si bien tiene perfecta cabida en una democracia debería salir de las aulas inmediatamente so pena de convertirlas en cadenas de montaje ideológicas y el pórtico del totalitarismo.
El nacionalista excluyente, (pleonasmo aquí necesario) es enemigo de la convivencia y la pluralidad que a menudo dice defender. Y es que cuando quiere arrogarse la representatividad nacional a través de la pureza de sangre se da cuenta de que no estamos en el Berlín de entreguerras y se refugia en el pedigrí de la lengua como única y verdadera seña de identidad nacional. Una vez asumido este presupuesto, el otro hemisferio de la población, la castellanohablante se convierte en un cuerpo extraño. Una comunidad anómala que es necesario asimilar o expulsar a las tinieblas exteriores.
El caso es que los hechos son testarudos: la mitad de la población somos castellanohablantes. El hecho es que por más que me miro al espejo cada mañana no me considero una anormalitat que sea necesario normalitzar. A fuerza de hacer de la cuestión identitaria la religión pagana de nuestro tiempo y de convertir a la lengua en su eucaristía cotidiana el nacionalismo ha terminado por convertirse en el monstruo que tanto aborrecía.
Si aún no se ha percatado el lector de cual es la región española que describo en estas líneas no sufra, esa región española es la suya, aquella en la que usted vive. Recuerde que la mecha del totalitarismo en la escuela, de los comisarios políticos de la sociolingüística, y del nacionalismo y sus arrabales, pueden prender mucho más cerca de su casa de lo que usted se cree.
© 2007, Marcos A. Díaz

7 Ver / Hacer comentarios:
Te felicito, amigo Marcos, por tan buena prosa y tan excelentes aportaciones a tu blog que acabo de conocer. Enhorabuena y todo mi ánimo para que sigas haciéndolo tan bien, con mensajes tan bien estructurados y profundos. Una cabeza bien amueblada.
¿Que suerte tienen tus alumnos, no? Tal vez ellos ni lo saben, je je
Querido Marcos,
como dirían por aquí en Alemania "Hut ab!", vamos que me quito el sombrero.
Una razón más para conectarse a Internet, aparte de para enterarse de lo que pasa en El Mundo.
Un abrazo
/José
Danke schön freund. Espero leerte por aquí de vez en cuando. cuando tengas tiempo...
un abrazo
Eso de que una región española en la que el castellano y el catalán conviven pacíficamente desde tiempos inmemoriales es sencillamente falso. Ni conviven desde tiempos inmemoriales, ni pacíficamente. Una recomendación: documentarse un poco y hablar con rigor y datos en la mano, que obviamente no maneja el autor del artículo.
Eso sí: replica a los argumentos que se esgrimen para la PL catalana, sin ocuparse de conocer sus bases y el rigor científico que las ampara. Y replica el señor Marcos, por su parte, valiéndose, como único y pobre recurso, de la argumentación ad hominen.
Ilústrese el autor del artículo, empezando, si le apetece, por estos minuciosos trabajos de investigación y análisis histórico:
http://web.udl.es/usuaris/w4085757/publicacions/facilitacio.pdf
http://web.udl.es/usuaris/w4085757/publicacions/anticregim.pdf
M. Pueyo: Tres escoles per als catalans. Minorització lingüística i implantació escolar a Itàlia, França i Espanya. Lleida: Pagès Editors, 1996 (Premi d’Assaig Rovira i Virgili, 1992).
Tres escoles per als catalans. Minorització lingüística i implantació escolar a Itàlia, França i Espanya. Lleida: Pagès Editors, 1996 (Premi d'Assaig Rovira i Virgili, 1992).
Y siga, como hilo de reflexión, tomando en consideración lo que la población de esa región que menciona (donde se hablan muchas más lenguas, además de las tres oficiales) apoya mayoritariamente.
Este tipo de artículos demagogos atufan lo suyo. Y dan ganas de pasarse al inglés, ya puestos.
Hola Sonia.
Razonando un poquito, intentaré explicar por qué creo válidos los presupuestos de mi artículo y por qué considero que la sociolingüística cautiva, no es sino un arma política disfrazada bajo unas pinceladas de barniz científico.
Creo en la diversidad cultural como un bien mayor, con fin en sí mismo. Creo en la responsabilidad de las instituciones políticas de salvaguardar esa diversidad con los medios a su disposición, incluso en la escuela. Creo que un idioma es más que el medio por el que un mensaje llega del emisor al receptor y que todas las lenguas merecen un lugar al sol. Ahora bien, lo que no se debe tolerar es que ello se use como pretexto para diseñar almas ni identidades colectivas.
Algo que me entristece profundamente, es la obsesión por parte de algunas filosofías políticas de anteponer los pretendidos derechos de las colectividades, ( sean estas históricas, lingüísticas, de clase, etc... que por ello son discutibles) a los derechos inalienables del individuo, que son universales. Si un catalán castellanohablante, quiere escolarizar a su hijo en su lengua materna es difícilmente defendible que no pueda hacerlo en la escuela pública. ¿Por qué hablo aquí de este espinoso asunto cuando hemos empezado en el éter teórico de la sociolingüística? Porque este drama, Sonia, también es política lingüística. Porque el corpus de la sociolingüística convenientemente sesgado, respalda decisiones en materia escolar aquí abajo en el mundo real. Porque este atropello es la reedición del tratado de nueva planta del siglo XXI pero en sentido inverso. Porque el fracaso escolar entre los niños catalanes de hogares castellanohablantes es el doble al del resto dado que no pueden aprender sus primeras letras en su lengua materna.
Afirma usted en su post que es falso que las dos lenguas de Cataluña convivan desde hace tiempos inmemoriales y que lo hagan en paz. He de decirle que usuarios de ambos idiomas entrenan juntos al futbito, se asocian en el mundo de la empresa, comparten oficina, ligan en la discoteca, duermen juntos e incluso se casan. El registro civil está lleno de apellidos mixtos de rancio abolengo catalán mezclados con los González, Rodríguez, Teruel o Álvarez. Los conflictos no los protagonizan las lenguas sino sus locutores y entre ellos los que no están por la pluralidad. Los que sí lo estamos, deseamos una diglosia simétrica en la que todos entiendan ambas lenguas y puedan elegir en cualquier contexto y nivel, aquel idioma que le sea más natural en el ejercicio de su libre albedrío, cosa que a día de hoy, no sucede: el comisariado político-lingüístico, ya sea en puestos de responsabilidad como el señor Pueyo o en la trinchera de un instituto de secundaria, solo contempla la ya bastante mencionada “normalización”, que pasa por regular la rotulación de los comercios, la lengua en la que los niños juegan en los recreos y otros ámbitos de la vida de los ciudadanos.
Debo concederle que la palabra “inmemoriales” no es del todo exacta y debería rectificarla. No iré mas allá de 300 años, ya sé que no es mucho. Le agradezco que llame mi atención sobre ello. Del 99,99 % restante del artículo no me retracto ni en una coma, no por soberbia ni porque crea estar en posesión de la verdad absoluta, sino por ser este un tema que afecta directamente a mi vida cotidiana y sobre el que he reflexionado largamente.
Le agradezco los links del señor Pueyo hombre brillante cuya militancia en ERC y actual responsabilidad política, moqueta y coche oficial, no me son ajenas en absoluto. Después de leer ambos documentos con detenimiento los encuentro más descriptivos que argumentativos aunque coincido especialmente en el capítulo sobre la escuela en Francia.
Sobre la divergencia estadística entre sus datos y los mios y sobre si hablar catalán es un hecho mayoritario en Cataluña o no, le diré que, los hechos son testarudos, al menos la mitad de los catalanes tienen al castellano como su lengua materna y ambos idiomas como patrimonio.
En lo relativo al inglés...créame que no puedo estar más de acuerdo. Otro gallo nos cantaría si pusiésemos más atención, dinero y horas lectivas en mirar hacia el mundo y no hacia nuestro ultralocal ombligo constantemente.
Para terminar, dado que yo acepto su reflexión, me veo con la fuerza moral suficiente de sugerirle algo. Un argumento Ad hominem es un recurso retórico en el que para refutar algo sostenido por alguien, se le ataca a ese alguien en el plano personal para desacreditarle como fuente. Como observará no aparecen nombres ni apellidos en ninguna parte del artículo. La crítica se la lleva el sistema por lo que hace no por lo que es. Por ello le sugiero que reserve esta expresión latina tan bonita para otro debate en el que encaje mejor.
Solo decirle que es un placer este intercambio de ideas y que donde cree ver demagogia solo hay libertad de expresión y alguien que la ejerce igual que usted.
Muchas gracias
Un saludo
A Anónimo de otro Anónimo...
Criticar de demagogia de esa manera es muy fácil. Le invito a rebatir el artículo con hechos y datos concretos (tal y como se encuentra expuesta la tésis principal del artículo).
Ahora ya entiendo, que para un demagogo de verdad, ésto es una tarea harto difícil, verdad?
Un saludo
/JCR
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