Artículo publicado en "La Nueva España" (29/05/07) y en "España Liberal" (7/6/08)
Recientemente he tenido la oportunidad de leer en internet las opiniones de ciertos pedagogos en relación con la así llamada cultura del esfuerzo, en las que esta concepción era puesta en tela de juicio y se predicaba su substitución por una “cultura de la pasión” . En ella supuestamente “... los estudiantes no tienen por qué hacer las cosas mediante el esfuerzo y el trabajo, sino por propio placer...” Debemos deducir de ello que quien no encuentre placer en determinada disciplina no debe ser estimulado-forzado a aprenderla ni ser reprendido en caso de pasividad ante la misma. Debemos deducir de ello que en semejante caso, el alumno gozaría del beneplácito de los diseñadores de esta teoría, al abrazar una política de pasividad o negación ante la asignatura que no se ajusta a sus preferencias. .
La intuición y la experiencia cotidiana nos llevan a proclamar que semejante hipótesis es una estafa. Aceptar su validez implicaría reconocer que nuestros alumnos son soberanos para marcar su itinerario en un momento de la vida en que carecen del sentido necesario para gobernarse como personas adultas. Se daría la paradoja de que, quien por su condición legal de menor y tutelado no puede votar, obtener el permiso de conducción o casarse, pero sí decidir sobre algo tan importante como la pertinencia o no, pongamos por caso de dominar el álgebra, cobijado bajo la coartada moral de que no le es placentero. No resultará extraño al lector el hecho de que hay pocos chicos de 15 años que capten la abstracta belleza de una ecuación. ¿Debemos por ello bajar los brazos y aceptar los hechos consumados de que un alumno no desarrolle sus potencias en la matemática porque la considere árida y poco estimulante? No se puede negar, por otro lado, que si nuestro hipotético alumno acaso se negase rotundamente a comulgar con números e incógnitas, poca cosa podríamos hacer. Si bien esto es cierto, denunciar el atropello intelectual que suponen estas teorías neutraliza la excusa de quién por su doble condición de humano y adolescente, tiene inmanente tendencia a cumplir la ley del mínimo esfuerzo.
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La consecución de los objetivos sin un esfuerzo previo es una falacia. Un mensaje erróneo que estamos mandando a nuestros jóvenes desde que pasar de curso no es un trance fruto del sudor y el talento sino una “promoción automática”, desde que palabras como responsabilidad, deber, tarea, norma son cacofonías desterradas del vocabulario pedagógico, y el término examen debe ser sustituido por un eufemismo para no traumatizar a nuestros cada vez más infantilizados jóvenes. La vida es esfuerzo desde la cuna a la tumba y solo obtiene su objetivo quien se sacrifica y pone todo su empeño. Cuanto antes hagamos saber esta certeza a nuestros jóvenes tanto mejor para ellos.
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En conclusión: reforzar la natural tendencia al mínimo esfuerzo no es una solución para paliar el galopante fracaso escolar que ha situado a nuestro país en niveles que invitan a la reflexión. Amén de muchísimos cambios estructurales quizás sería aconsejable empezar por renovar ciertas ideas pedagógicas heredadas del Mayo Parisino que empapan las últimas leyes educativas y que hoy huelen a rancio. El sistema educativo español avanza con el freno de mano puesto, y temo que en el futuro no valdrá con llegar segundo a la meta.
2 Ver / Hacer comentarios:
No puedo más que coincidir al 100% con el artículo...
Qué fue de nuestro sistema educativo (que sin ser perfecto) nos "obligaba" en COU a saber qué dijo un tal Platón aunque el objetivo final fuese la entrada en una Politécnica?
Creo que todavía estamos a tiempo de reconducir la situación, aunque el intento "modernizador" ya nos haya costado un par de generacíones perdidas por el limbo de la LOGSE...
El objetivo de la educación secundaria (y obligatoria) es formar el conocimiento general que no le debe faltar a ningún ciudadano. Ésto incluye filosofía, música y gramática para futuros ingenieros y álgebra y física para futuros licenciados en Historia. Dejemos la especialización para la Universidad!
Un saludo
/JCR
estoy de acuerdo con ud.
La especialización es útil e imprescindible en los tiempos que corren. Sin embargo, saber un poco de todo, que no es incompatible con saber mucho de algo, te hace más humano y lo que es más importante, te hace más libre. Es más dificil engañar y vender mercancías caducadas al que dispone de un equipaje intelectual que le permita juzgar y actuar en consecuencia.
Ojalá los que diseñan los planes de estudio tuvieran esto claro y formasen personas integralmente y no interesadamente tubos digestivos.
Un saludo Sr. o Sra. o Srta. JCR
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