viernes 9 de mayo de 2008

De las oposiciones en la España de las Autonomías.

Reservado el derecho de admisión: “imprescindible requisito lingüístico"
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Esta semana la opinión pública se ha sorprendido, y acaso escandalizado, porque el título de Eusquera puntúe 4 veces más que un doctorado en los méritos del personal sanitario Vasco.
Tristemente, en la educación pública hace años que existe esa injusta asimetría en los baremos de calificación a maestros y profesores. La lengua autonómica es más valorada en un concurso de traslado que una segunda carrera, un doctorado, publicaciones científicas varias o todos los títulos de idiomas habidos y por haber. Sin embargo, no es esto lo peor.

En País Vasco, Cataluña, Galicia, Baleares y la Comunidad Valenciana, donde por cierto gobierna el PP hace varias legislaturas, se impone el “requisito lingüístico” previo para todo candidato que desee presentarse a una oposición. ¿No tiene usted el diploma de la lengua autonómica? Entonces lo lamento, no hay oposición para usted. Recordará seguramente el lector que estas comunidades suman el 40% de la población española y por tanto de la oferta de empleo público en aquellas competencias transferidas como lo es la educación.

Esta situación, implica un injusto proteccionismo del empleo público, que impide la movilidad laboral en el territorio nacional, amén de un agravio comparativo que contempla que un vasco pueda opositar en Asturias y un valenciano en Murcia pero nunca al contrario. Cada autonomía barre para casa y blinda su territorio funcionarial a través del requisito lingüístico, lo que supone una endogamia en la función pública, que favorece siempre al local y perjudica al usuario.

Una oposición es, o debiera ser, un proceso público abierto y equitativo en el que el Estado o la administración que lo representa, oferta las plazas que necesita a la libre concurrencia de candidatos. El principio que rige la adecuación al puesto es el de mérito y capacidad al designar a los candidatos mejor preparados para el desempeño del servicio público. Si una administración autonómica cierra las puertas al concurso de candidatos foráneos el único resultado posible es un empobrecimiento de la calidad de los profesionales designados y por ende del servicio que los ciudadanos han de recibir. Una simple aplicación de las reglas de la competencia del libre mercado, y aún del mismo sentido común, no pueden llevar sino a esta conclusión.

Hace años, por puro azar, me vi en la circunstancia de actuar como tribunal de oposición en la autonomía donde vivo y en la que, no hace falta decirlo, se habla una hermosa lengua autóctona y co-oficial. Algunos de mis compañeros de tribunal, que habían repetido esta experiencia en la que yo era novato, se sorprendían del progresivo deterioro en el nivel de los opositores de año en año. Las explicaciones que acudían a la conversación deambulaban desde la mera casualidad a la nutrida oferta de plazas de otras comunidades, pasando por los cambios técnicos que, a la sazón, habían sido introducidos en el proceso. Al rato se me ocurrió mencionar que la causa podía estribar en que el blindaje lingüístico impedía la concurrencia de opositores de otras regiones y que por ello, el nivel del proceso de selección se resentía sensiblemente. “Nunca lo había mirado desde ese punto de vista” afirmó uno de ellos... y es probable que quien se beneficie de tal circunstancia no lo vea desde ese punto de vista.

No debe ser motivo de vergüenza el hecho de que un territorio se vea en la necesidad de importar profesionales de otro. La movilidad de habilidades y talentos enriquece la vida activa del país y, al contrario, los diques que se levantan artificialmente a propósito de las lenguas la sumen en el marasmo de la endogamia. Movilidad y dinamismo, por desgracia, no parecen estar en la agenda de la España de las Autonomías.

El sistema autoalimentado que se apoya sobre el blindaje lingüístico, es algo muy del gusto del localismo imperante. Es muy popular y útil electoralmente pues garantiza redes clientelares de funcionarios afectos a los que fideliza a través de la lengua y del aparato ideológico que lleva anejo. Todos los programas de difusión de las lenguas autonómicas en España financiados con fondos públicos, tienen en común más allá del vocabulario y la gramática de cada una de ellas, un corpus de “sociolingüística” que no es sino propaganda travestida de seria filología científica.

Puede que el centralismo en las administraciones públicas tenga mala prensa en la actualidad pero afirmo que la endogamia funcionarial autonómica basada en el blindaje lingüístico no es sana, ni justa ni eficiente. No es eficiente porque reduce la calidad del servicio que los ciudadanos reciben. No es sana porque impide la renovación y la movilidad laboral en el empleo público y perpetúa el clientelismo de las castas políticas locales. Y, sobre todo, no es justo porque segmenta España en compartimentos estancos pero en los que unos españoles pueden concurrir mientras a otros les está vedado.

Pobres usuarios y opositores del Estado de las autonomías. Todos barriendo para casa y la casa común sin barrer.

El último.... que apague la luz.

Marcos A. Díaz

sábado 26 de abril de 2008

Homeschooling, las dudas razonables de la educación en casa.

¿Libertad de elección o burbuja de cristal?
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El Homeschooling es un anglicismo traducible como “escolarización doméstica” o “escolarización en el hogar”, que aboga por el derecho de las familias a no integrar a sus hijos en un sistema escolar homologado de corte convencional. Los padres partidarios del Homeschooling asumen en el hogar, el rol del maestro superpuesto al de padre.
Ambos papeles no son excluyentes ciertamente, sino que se complementan a la perfección cuando el padre, que ha de ser maestro y referente de sus hijos, sabe inculcar en ellos el hábito de la lectura, la actividad física sana, la higiene, la constancia y el esfuerzo, las buenas maneras en el trato social, el valor de la generosidad y el lastre de la mentira... valores que se enseñan sin otra metodología que la del ejemplo cotidiano y la mímesis del niño.

Los argumentos de sus partidarios se sustentan en las estadísticas y los precedentes exitosos. Los exámenes oficiales demuestran que estos chicos mejoran en unas décimas los resultados de los escolarizados en el sistema oficial. Sin embargo, esas resultados pueden estar basados en otras causas, básicamente el perfil cultural de las familias que asumen este reto, como se ejemplificará más adelante. También usan los ejemplos de ilustres homeschooled como Thomas Edison, obviando que en la época y región en que éste pasó su infancia no había mucha alternativa al aprendizaje autodidacta y sobre todo que la madre del genial inventor, era maestra de profesión.

Pero ¿qué clase de lumbrera es capaz de transmitir a un niño cuanto debe saber en el vasto mundo de nuestro siglo? ¿Qué alma renacentista puede satisfacer sus dudas en matemáticas, inglés, gramática, música, química, biología, historia, dibujo... ? Como un gato necesitaría 7 vidas. Cinco para asimilar estas disciplinas, otra para aprender a enseñarlas y la séptima para llevar a la práctica los resultados con sus propios hijos.
Recuerdo el admirable caso de una familia gallega, que al ser entrevistada en una emisora de radio en defensa del Homeschooling, habían asumido el reto de escolarizar a sus tres hijos en su propia casa. Ambos padres eran profesores de Instituto. Él, profesor de una materia de Ciencias, ella, de una materia de letras y ambos, por su trabajo, con una disponibilidad horaria especial que no es propia de cualquier ocupación. La idea es factible, y no se puede negar que estos docentes profesionales pueden procurar una buena educación en el hogar a sus niños, antes de caer víctimas de la extenuación. Pero ¿cuántas familias disponen de estas condiciones de laboratorio? ¿Cuántas pueden aunar con garantías oficio, horarios y experiencia educativa? Muy pocas.

No es este el único inconveniente, pues los problemas logísticos se añaden en este punto del análisis. Tal proyecto implica una familia de dos progenitores en la que al menos uno, abandone cualquier forma de trabajo remunerada fuera del hogar para consagrarse 7 días a la semana y 24 horas al día, a la tutela de los niños. A las tareas propias del am@ de casa, se vendrían a añadir otras que son atribución de la escuela en una familia al uso. Una organización efectiva, único método viable como testimonian los padres-maestros, implica horarios, planificación de contenidos y unos objetivos razonables en un lapso de tiempo determinado. Las 24 horas del día se quedan cortas cuando se debe añadir a las duras labores del hogar, las jornadas de todos lo profesores de su hijo dentro y fuera del centro escolar: preparación de clases, reciclaje de contenidos, programación y secuenciación lógica de las materias...

Los testimonios que provienen del mundo anglosajón, donde esta teoría está más extendida, apelan al miedo de los padres a la violencia en las aulas, las armas de fuego, las drogas y las hormonas. Recelan del deterioro que sufre el sistema educativo en la mayor parte del mundo occidental y del acoso escolar que traumatiza a los niños y los vuelve desconfiados y conformistas. Siendo estas amenazas reales como la vida misma, su sombra no abandonará al muchacho cuando éste se convierta en adulto.
Como el sistema inmunitario, el alma humana necesita estímulos a veces negativos para estar alerta y activar los reflejos. La sociabilización, que no socialización, del chico se ve atrofiada cuando la escolaridad en un entorno doméstico le priva de contacto con compañero alguno.
Este contacto le afecta en lo bueno y en lo malo. Este contacto es generador de inteligencia social, un recurso muy útil en la vida adulta. Tanto es así que la inteligencia social es en ocasiones el único atributo que pueden exhibir muchos personajes de éxito en lo profesional y lo social, y que les eleva por desgracia y de forma injusta, por encima de los brillantes, los trabajadores y los honrados. No sería necesario citar nombres de la vida pública que ilustren aquellas habilidades, ese éxito y esta injusticia.
En las etapas iniciales de desarrollo es imprescindible que el niño aprenda a interactuar con otros muchachos de su edad y enfrentarse a situaciones reales de convivencia.

A pesar del sano y prudente escepticismo que el Estado y sus políticas educativas infunden en el ciudadano liberal, la enseñanza doméstica sigue mostrando una serie de inconvenientes que mueven a la suspicacia sobre su efectividad: una difícil puesta en práctica material, escasez de hogares capacitados cultural y profesionalmente para llevarlo adelante y una atrofia de las habilidades sociales del muchacho al que se priva de un contacto cotidiano con otros chicos y el mundo real.

El respeto que merecen los sacrificados padres partidarios del Homeschooling es notable. Sin embargo, me pregunto si es más sabio permitir que un chico se foguee con la vida o encerrarle en una burbuja de cristal, a salvo de los peligros del mundo.
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Supongo que no hay recetas infalibles...

Marcos A. Díaz

jueves 10 de abril de 2008

La educación en la Unión Soviética.

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En 1957, el mundo asistía boquiabierto al lanzamiento del Sputnik, “una maravilla moderna de la tecnología socialista”, como decía el aparato de propaganda. El satélite artificial, fue uno de los hitos que situaron a la URSS a la cabeza del desarrollo tecnológico y científico. Es indudable que tales objetivos no habrían sido alcanzados sin una cantera de matemáticos, técnicos e ingenieros, egresados todos del mejor sistema educativo que el Estado podía proporcionar. El sistema garantizaba la equivalencia regional de titulaciones con una enseñanza igualatoria basada en un único plan de estudios para todas las repúblicas con independencia de su ubicación, con las mismas escuelas, asignaturas, contenidos, calendarios y horarios.
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Si bien los logros en las disciplinas científicas fueron muy notables, no es menos cierto que el monolitismo ideológico del régimen cercenó la creatividad en el arte y la literatura, quedando esta reducida prácticamente a las corrientes oficiales sancionadas por el partido. Eisenstein, Shostakovich y Gorki florecieron, pero otros muchos artistas soviéticos acabaron en el exilio, el GULAG o el patíbulo.
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Este texto pretende hacer justicia a los aspectos positivos e intelectualmente respetables de la educación en la URSS, sin pasar por alto la férula ideológica y el premeditado diseño del alma al que el individuo se vio sometido por la escuela soviética durante siete décadas de materialismo dialéctico obligatorio. Ya fuera con fines bélicos, ideológicos o productivos, la universidad soviética era el ápice de un entramado escolar, cuyo análisis merece hoy nuestra de atención.
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Desde los primeros años del régimen, las autoridades bolcheviques hicieron de la educación una prioridad por su papel decisivo en el adoctrinamiento de las masas. Son los años del “Likbez”, decreto que Lenin firmó en 1919 y que sentó las bases de la erradicación del analfabetismo. El Likbez obligaba a todas las personas entre 8 y 50 años, a alfabetizarse en su lengua materna. En la etapa inicial, el comisariado de instrucción pública centró sus esfuerzos en erradicar las elevadas tasas de analfabetismo ruso (60% en 1917) tarea que completaron en el tiempo record de una generación. Para el año 1942 la tasa se había reducido a un 10%. Este es, sin duda, uno de los grandes éxitos que la escuela soviética tiene en su haber, no teniendo paralelo anterior o posterior en la magnitud de la tarea emprendida ni en los exitosos resultados obtenidos.
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-el control ideológico de la escuela:
Dicho esto, hay que señalar que la enseñanza fue la herramienta que usaron Partido y Estado, valga la redundancia en este contexto, para educar al pueblo en la “verdad” del Marxismo y preparar el advenimiento del “hombre nuevo”. El aspecto más opresivo para la labor del docente, provenía del férreo control de la libertad de pensamiento y de cátedra ejercido por los comisarios políticos de instrucción pública. Cada escuela por pequeña y remota que fuese, tenía asignado un “politruk” encargado de velar por la corrección ideológica de los docentes y estudiantes a su cargo. El control político, no sólo de los currículos sino de la autonomía de aula, alcanzó niveles asfixiantes ya a partir de los años 20. Las purgas estalinistas, a despecho de lo comúnmente admitido, hicieron que el sector sufriera el GULAG, tanto o más que el ejército o la administración pública. Se calcula que más de 2 millones de docentes de todos los niveles educativos fueron deportados entre 1934 y 1953.
El mismo Fediukin, notable intelectual y estudioso de la Inteligentsia soviética, no se sonrojaba al calificar a la libertad de cátedra del docente, como “progresista” en los tiempos del zarismo, y a la vez como negativamente “contrarrevolucionaria” una vez que el sistema soviético se hubo puesto en marcha.
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-La obsesión por la producción y la relación de la escuela y el trabajo.
La retórica de los textos educativos, ya fueran legales o científicos, marchaba en consonancia con la obsesión por la productividad, una herencia del periodo de planes quinquenales previo a la guerra. La escuela era la fragua en que se forjaban las piezas del engranaje productivo del Estado. La formación de la personalidad individual del niño y el joven se convertía en una tarea accesoria siempre supeditada a la producción en serie de buenos marxistas altamente tecnificados.El leitmotiv de los planes de estudio, por tanto, se centraba en hermanar educación y vida profesional a través de vínculos estrechos entre la escuela y la fábrica o la explotación agraria. Tanto es así que la reforma de Kruschev, emprendida en los años 50, todavía consideraba peligrosamente amplia a la brecha entre vida académica y laboral. Parte de sus reproches al sistema estribaban en la existencia de una Inteligentsia académica, carente de callos en las manos y cuya fractura con el proletariado manual había que cerrar.
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- La meritocracia y la autoridad del profesor soviético.
En tiempos de Lenin, aun cuando la joven Rusia soviética se veía cercada por el ejército blanco y las potencias extranjeras que lo apoyaban, el docente se convirtió por defecto en sospechoso del delito de contrarrevolución. Con el fin de controlar la adhesión ideológica de este sector, las escuelas secundarias fueron puestas bajo el control de los alumnos en materia administrativa y disciplinaria. La delación anónima e interesada, así como la falta de autoridad y disciplina en las aulas se pusieron a la orden del día, sumiendo a la educación en un caos organizativo y una preocupante ineficiencia. Ya en los años 30, convencidos de lo erróneo de esta filosofía y ya superado el peligro de la guerra civil, las autoridades bolcheviques volvieron al que había sido el trasfondo de la enseñanza rusa desde los tiempos de Pedro el Grande: Autoridad y meritocracia.

La autoridad de los maestros fue restituida y el rumbo enderezado. Cada niño recién escolarizado recibía con sus materiales de escritura y textos una ficha con 20 normas relativas a la buena conducta, la puntualidad y el respeto a sus mayores y maestros. En cuanto tenía edad y entendimiento suficiente, la firmaba y se comprometía mediante contrato con el Estado a respetarlas a rajatabla.
La enseñanza soviética era estrictamente meritocrática. A pesar de la paradoja que supone construir una sociedad igualitaria desde presupuestos selectivos, el modelo educativo alemán, del que es heredero el zarista y a su vez el soviético, llevaba en esa dirección. Se aprobaron becas y salarios proporcionales para los estudiantes en función de sus resultados académicos. La máxima presuponía que no todo el mundo merecía una educación superior, sino solamente aquellos que se la habían ganado con su talento y esfuerzo. Para ellos tenía reservado el Estado, en efecto, la excelencia educativa.La enseñanza soviética, esclava del pragmatismo de la productividad otorgaba la credencial de ciudadano y los derechos a los que podía aspirar, entre ellos el de la educación superior, a unos u otros en función de su utilidad para la colectividad.
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Es difícil encontrar la suficiente amplitud de miras para ver cuanto hay de aprovechable en una ideología y un régimen dictatorial y despótico como el soviético; en un estado que levantó los GULAGS y se sustentó sobre la represión del disidente; en unas políticas lideradas por personajes inefables como Lenin y Stalin...
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Sin embargo, consciente de caminar sobre un suelo resbaladizo, afirmo que no sería justo amortizar los éxitos del sistema educativo soviético a beneficio de inventario. Entre sus no pocos méritos figuran: la erradicación del analfabetismo en Rusia con rapidez y eficacia, la sensatez de los planes educativos apegados a la vida real y al trabajo, la meritocracia como medio y la excelencia como fin en el proceso de aprendizaje, los sólidos cimientos de la autoridad moral y real del docente, los hitos científicos y tecnológicos de sus investigadores e ingenieros...
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En definitiva... la calidad de su educación.
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Marcos A. Díaz

jueves 3 de abril de 2008

Dólares contantes y sonantes, a cambio de buenas notas.

En Nueva York, se paga a los escolares por sacar buenas notas. ¿Motivación o soborno?
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El último grito en materia de gestión educativa, proviene de Nueva York. Desesperado por los altísimos índices de fracaso escolar entre las minorías negra e hispana, el alcalde Bloomberg se ha dejado convencer por una idea simple pero polémica: fomentar el estudio de los chicos a cambio de dólares contantes y sonantes... en resumidas cuentas, pagar al estudiante para que no abandone los estudios.

Roland Fryer, un economista afroamericano de orígenes humildes, es el diseñador de esta teoría tan peculiar, en la que ya existe toda una relación de objetivos y recompensas: si la asistencia mensual a clase es al menos del 95% de las sesiones, salimos a 25 dólares en primaria y 50 en secundaria, mitad y mitad entre padres y alumno.
En el caso de la selectividad, la familia recibe 50 dólares, tan solo porque el joven se presente al examen, y un montante de 400 si aprueba y consigue graduarse. De igual forma, se pretende repartir el botín a partes iguales entre el que ha de estudiar y los que han de velar que estudie.

Este programa llamado Opportunity NYC, se enlaza con proyectos de ayudas sociales similares en México. El país azteca es pionero en la gestión de subsidios estatales en un sistema de “prestaciones condicionadas” en el que las familias más necesitadas reciben los cheques siempre que garanticen determinados requisitos, como procurar la asistencia y puntualidad de sus hijos a la escuela y que sean sometidos a las revisiones médicas y dentales necesarias. Según los estudios realizados, los menores acogidos a este sistema mexicano de ayudas condicionadas, mejoraron su talla, peso y salud general así como su rendimiento escolar. Las familias con pocos recursos, forzadas a sacar a sus hijos de la escuela por la necesidad y ponerles a trabajar, cuentan con una ayuda extra que se ha probado útil en el contexto del tercer mundo.

¿Pero es aplicable este método a los países desarrollados, provistos de un Estado del Bienestar, donde las leyes garantizan la escolaridad obligatoria y gratuita; allí donde las leyes prohíben el trabajo infantil?

¿Acaso debe pagar el Estado a los buenos conductores por respetar las normas de tráfico? Quién sabe si el número de accidentes mortales en las carreteras descendería con la zanahoria antes que con el palo. La respuesta debiera ser no, pues razonablemente, nadie ha de cobrar por hacer lo que es mejor para sí.
Debe uno plantearse si es realmente ético aplicar a los estudiantes una teoría económica de estímulos y rendimiento del trabajo, y si no desvirtúa los valores que el joven debe desarrollar.
Debe preguntarse el legislador, el padre y el educando, si el aprendizaje es un proceso con fin en sí mismo o un medio para conseguir un fin pecuniario. ¿Cómo habrá de obtener el niño una visión amplia de su medio vital, si su esfuerzo es motivado por una recompensa económica? ¿Cómo habrá de desarrollar la inclinación por valores elevados como la curiosidad, el gusto por aprender y renovarse o la autoestima, a través de un cheque?

La iniciativa pronto ha tenido eco y ha cruzado el charco hasta la Andalucía de Manuel Chaves. Allí, mutatis mutandi, el presidente de la Junta ha prometido en campaña electoral pagar 6000 euros al año, con el fin de fomentar la continuidad al bachillerato de los alumnos que acaban la escolaridad obligatoria. Parece que erradicar el fracaso escolar a golpe de talonario adquiere un nuevo significado en los primeros años del siglo XXI.

Pagar al estudiante para que haga lo que es su deber ha sido calificado como un soborno por los detractores de Fryer y de la iniciativa del ayuntamiento neoyorquino. La disquisición se plantea en términos de pragmatismo o ética educativa.

¿Motivación o soborno?, debate abierto.

Marcos A. Díaz

miércoles 26 de marzo de 2008

Mayo del 68 y sus efectos en la educación.

“Moi, bo-bo”. Cuarenta años después.
Artículo publicado en "Asturias Liberal" (26/3/08) ,"Diario de América" (29/3/08)
, y "La Nueva España" (2/4/08)

La revolución de Mayo del 68, la primavera libertaria librada a golpe de adoquín burgués, cumple 40 años. He de detenerme hoy en su impacto sobre la educación, prestando atención a algunas de sus contadas aportaciones y a sus previsibles fracasos en este sector estratégico que por algo fue el fulminante de la explosión reivindicativa. La revuelta de los estudiantes supuso un terremoto en Francia de magnitud difícilmente mensurable desde nuestros días, pero cuyos efectos se dejan sentir hoy en muchos sectores de la vida social y cultural europea.

Luc Ferry ministro de educación con Jean-Pierre Raffarin, fue uno de los primeros pensadores y políticos en hacer un llamamiento a la cordura. Se inició con él, un cambio de rumbo en las filosofías educativas “soixante-huitards” que culminan con la victoria de Sarkozy, para el que este es un tema capital de su programa. Son tres los síntomas de fracaso en el sistema francés que invitan a pensar en un diseño erróneo: los altos índices de abandono escolar, la violencia en las aulas y el remanente de analfabetismo que aún subsiste en la sociedad. Bien pudieran ser los rasgos propios de la escuela española actual y en tal medida merecen nuestra atención.

Sea la siguiente relación, un breve resumen de esas filosofías pedagógicas, mejor entendidas si se hermanan con los rasgos de la enseñanza tradicional que tratan de derogar y sustituir. A saber: Innovación dogmática vs. Tradición; Motivación vs. Esfuerzo; Libertad vs. Autoridad; Educación como preparación para la vida adulta vs. Imperio de la juventud.

1. Tradición identificada como dogmatismo vs. Innovación.
“Oubliez tout ce que vous avez appris. Commencez par rêver. “
/ Olvídese de todo lo que ha aprendido. Comience por soñar/

La pedagogía de Mayo hace tabla rasa de los “dogmas” del pasado. Significa la revuelta del individuo contra la tradición, en la creencia de que todo cuanto se transmite del pasado es malo y debe ser puesto en duda. Se olvida que una inmensa parte de los contenidos que el niño necesita para desarrollarse, no le son inducidos sino transmitidos por sus padres o maestros. Tal es el caso del dominio del lenguaje o los rudimentos culturales que le permiten coexistir en sociedad.
Así pues, esta idea troca el rol de la escuela como transmisora de conocimientos, por una trasmisora de afectos en la que el educando debe construir su realidad y protocolos de aprendizaje confiando en la espontaneidad, la inventiva y la creatividad del propio niño.

2. La motivación como fin en sí misma vs. Cultura del esfuerzo
« Vivre sans temps mort et jouir sans entrave. »
/Vivir sin tiempos muertos y disfrutar sin trabas/

Otra de las ideas heredadas del espíritu de mayo es la que afirma que la motivación previa debe conducir al nacimiento del interés del educando por la asignatura, y refugia en ese cobijo moral a las víctimas de la molicie. La pedagogía del 68 concede prioridad a la motivación sobre el esfuerzo personal del alumno, hasta hacer de ella una realidad con fin en sí misma que está por encima de los efectos que busca. Sin embargo tengo para mí, que asegurado el “enseñar deleitando” del maestro, ha de ser ese esfuerzo personal el que lleve al alumno hacia el interés, pues aquel le precede siempre y solo ha de resultar atractivo e interesante lo que previamente ha constituido un desafío.
Levemente emparentado con la motivación, vive otro legado plúmbeo del 68 más cercano del maquillaje estadístico, como es la promoción automática del repetidor y el paso de curso con dos y tres asignaturas suspensas. El mérito del joven que invierte su tiempo y esfuerzo en el aprendizaje, queda inmediatamente desnaturalizado cuando las reglas del juego cambian en favor del que sigue la cultura del mínimo esfuerzo, produciendo un efecto contagio en sus compañeros y mutando la figura del profesor en la de un animador de ocio.

3. Autoridad vs. Libertad sui generis…
“Il est interdit d'interdire.”
/Prohibido prohibir./

En su manifiesto reivindicativo, los estudiantes de Nanterre resumían lo que habrían de ser los principios pedagógicos de esa nueva universidad, metáfora y punta de lanza de la nueva escuela y la nueva sociedad libertaria. En el punto tercero del manifiesto afirma el redactor: “Los exámenes y concursos en su forma actual deberán desaparecer y ser sustituidos por una evaluación continua basada en la calidad del trabajo realizado durante todo un período. El suspenso en una asignatura, en la forma actual, no sanciona siempre la pereza o falta de aptitud del alumno sino, con frecuencia, la falta de enseñanzas.”
En efecto,”la falta de enseñanzas” y la ausencia de talento en algunos docentes, existía en el París del 68 igual que en la España de hoy día o en las stoai de la Grecia clásica. Sospechamos también de la existencia en aquellas remotas épocas de muchos malos estudiantes hambrientos de excusas a los que la abolición de los exámenes resultaba atractiva.
Sin embargo, eliminar las pruebas evaluadoras como demandaban los "bourgeois bohèmes" bo-bo's parisinos, abría las compuertas de una laxitud ingenua, de la que, curiosamente, ya estaba de vuelta la educación soviética, estricta, meritocrática y eficaz hasta extremos insospechados a despecho de lo que pudiera parecerles a los del adoquín. Una escuela sin pruebas y citas solemnes en las que el educando haya de rendir cuentas del propio esfuerzo, es la metáfora de un mundo adulto en el que prima una libertad no reglada, mal entendida y que conduce al joven a bajísimas cotas de tolerancia a la frustración cuando no quedan satisfechos sus caprichos y objetivos.

4. Imperio de la juventud vs. Educación como preparación para la vida adulta.
« Cours camarade, le vieux monde est derrière toi. »
/Corre camarada, el viejo mundo está detrás de tí. /

La última de las aportaciones del M68 es el culto a la juventud. El escolar es bombardeado, con la inestimable colaboración de la sociedad de la información, con la idea de que hacerse mayor es sinónimo de decadencia y decrepitud en lugar de experiencia y sabiduría. Por ello vive de acuerdo con los preceptos de Peter Pan en una escuela que en lugar de prepararle para la transición a la vida a adulta, le predispone en contra de un mundo de los adultos en el que se niega a integrase y en el que sólo ingresa tarde, mal y a regañadientes.

El idealismo de los estudiantes de mayo nos dejó hermosas sentencias anónimas pintadas sobre los muros de París. Una de las más bellas es:

“seamos realistas, pidamos lo imposible”…

Una humilde enmienda retrospectiva: "seamos idealistas, pidamos una educación realista”.

Marcos A. Díaz